El intendente de Almirante Brown cumplió su primer año al frente del municipio. Las obras y gestiones en acuerdos con los estamentos superiores y la reorganización tras la crítica segunda gestión de Darío Giustozzi marcaron el año.
El jefe comunal debió mediar entre las necesidades de un municipio relegado durante los pasados dos años, el sorprendente cambio de color político a nivel provincial y las alianzas locales con el arco peronista.
Desde la gestión Ejecutiva, Cascallares desarrolló desde el principio un buen vínculo con áreas particulares de los gobiernos de Cambiemos, que desembocaron en la llegada de obras y acciones para el distrito. Tal es el caso de las recurrentes bajadas del secretario de Seguridad nacional, Gerardo Milman, la incorporación al presupuesto de la construcción del nuevo edificio del Hospital Lucio Menéndez o la instalación de un nuevo sistema de emergencias médicas, ambos en acuerdos con la administración de María Eugenia Vidal.
En ese contexto, las prioridades de la gestión fueron centradas en dos áreas: Seguridad e Infraestructura. Siempre con el apoyo provincial, que el intendente debió construir desde cero tras el rotundo cambio de gobiernos tanto en Buenos Aires como en Nación. Cascallares logró construir vínculos fuertes a base de negociaciones, como la del endeudamiento para el presupuesto 2016 de la Provincia, aprobado con la venia de varios jefes distritales y una gran influencia del Grupo Esmeralda.
Muchos le atribuyen a Cascallares buena parte de la consilidación de su gestión en su legitimidad de origente: el dirigente encabezó el año pasado una lista en la que estuvieron representados todos los sectores del Frente para la Victoria. Eso hizo, además, que a nivel interno, el intendente tuviera irrelevantes conflictos.
En Seguridad, el extitular del Instituto de Previsión Social (IPS) empezó a desarrollar uno de sus objetivos de campaña más importantes, la creación de un Polo judicial en el que buscará colocar fiscalías descentralizadas. Otro acuerdo, también permitió la bajada de fuerzas federales al distrito, uno de los más cuestionados en cuanto a la problemática de la inseguridad. Junto con estas medidas, el Municipio también encaró una mejora en toda la red de Seguridad, incluyendo cámaras, centros de operaciones, móviles y más efectivos locales, entre otros aspectos.
Por el lado de la Obra Pública, el exconcejal mantuvo varios de los programas que se estaban realizando en el municipio, como Agua más Trabajo, y también encaró una ambiciosa propuesta de asfalto de “100 cuadras”. En tanto que se efectuaron los llamados a licitaciones de obras hidráulicas de gran magnitud, como las de Corimayo y Longchamps-Glew.
Todas las propuestas del Ejecutivo fueron sostenidas desde un HCD con amplia mayoría oficialista. Pese a la pérdida temprana de los ediles Daniel Bolettieri, Alejandro Torres y Mabel Benítez (se fueron al massismo) el Frente para la Victoria mantuvo la mayoría y mostró apertura hacia los bloques opositores, sobre todo hacia Cambiemos en un claro eje de la triangulación con los estamentos superiores.
Sin sobresaltos ni grandes victorias, el primer año de Cascallares pasó por una gestión correcta y prolija, oscilando en las tensiones nacionales y provinciales.
