Con más de cuarenta años en el poder judicial, la jueza penal, titular del Tribunal Oral en lo Criminal 2 de Loma de Zamora, Silvia González, decidió jubilarse. La magistrado ha sido una referente en el fuero penal lomense, encabezando investigaciones por casos de corrupción política y judicial, y otros de gatillo fácil. «Me asusta esto, cuando las decisiones judiciales se empiezan a tomar en base a lo que va a salir en los diarios mañana. Es una autocrítica que el Poder Judicial se la tiene que hacer muy seriamente. Y no salir solamente a responder solamente cuando un funcionario político critica una decisión judicial, sino salir a explicar antes por qué el sistema de las excarcelaciones, de las libertades anticipadas, qué son las cárceles hoy, qué se hace con la gente que uno detiene», afirmó en una entrevista concedida a DiarioConurbano.com, a pocos días de su retiro profesional.
– ¿Cuánto tiempo ejerció su tarea dentro de la Justicia y por qué se retira ahora?
– Yo ingresé en noviembre de 1976, en una fiscalía, y fui pasando por todos lados: juzgado de los viejos, estuve un tiempo en la Cámara, fui defensora oficial, fui titular de un Juzgado Correccional, otro Criminal y Correccional, hasta que, con el sistema nuevo terminamos en el Tribunal Oral. Me retiro porque cumplí la edad de jubilación, básicamente.
– ¿De todos esos espacios judiciales por los que pasó, sintió que alguno era su lugar?
– (Casi sin pensarlo) La defensoría pública.
– ¿Por qué?
– Porque es donde te sentís más útil, y aparte es una tarea muy gratificante. Sin dudas fue el cargo que más disfrute, y es de mucha creación. No tenes el peso de la decisión final. Tener una decisión final o estar en el cargo de la presidencia del Tribunal, desde afuera parece ser el cargo al que uno siempre aspira, pero no en el que está más cómodo. Pesa la decisión. Cuando la decisión es de otro, y uno se limita a pedir, y a utilizar todas las herramientas que se tienen desde el punto de vista técnico, es hasta más divertido. No creo que nadie en su sano juicio disfrute el cargo de juez como función. No es que no se pueden hacer cosas importantes, pero son decisiones que pesan.
– Con estas decisiones, ¿ha tenido alguna dificultad con los familiares?
– Aquí, el día que no grita uno, llora el otro. Uno se queda más tranquilo cuando uno toma una decisión y protestan un poco todos, porque quiere decir que ha sido más justa. Cuando una parte queda satisfecha y la otra enojada, hay que empezar a pensar en cómo fue esa decisión. Pero estamos acostumbrados, es normal, nadie se va contento con una condena encima y ninguna víctima se va contenta con una condena absolutoria. Pero uno tiene que aprender a tomar las decisiones con independencia de esto.
– ¿Hay alguna autocrítica que la Justicia de la Provincia, o particularmente de Lomas, deba hacerse?. ¿O algún cambio que necesite?
– Yo hace mucho tiempo, cuando se vivió la descomposición de la Policía de Buenos Aires, solía decir que nosotros teníamos una parte de culpa en eso, por no haber puesto los límites a tiempo. Y ahora, lo que siento, es que hay toda una campaña de ley y orden, que todo el mundo tiene que ir preso, y no creo que estemos a la altura de las circunstancias. A mí me asusta esto, cuando las decisiones judiciales se empiezan a tomar en base a lo que va a salir en los diarios mañana. Es una autocrítica que el Poder Judicial se la tiene que hacer muy seriamente. Y no salir solamente a responder solamente cuando un funcionario político critica una decisión judicial, sino salir a explicar antes por qué el sistema de las excarcelaciones, de las libertades anticipadas, qué son las cárceles hoy, qué se hace con la gente que uno detiene. Me parece que en esto tenemos un deber importantísimo, en no poner más empeño en el control de lo que sucede con las personas que uno detiene.
– ¿Hubo algún cambio importante en estos años que sí mejoró la situación?
– Sí, creo que el sistema que se implementó de la oralidad y de la inmediatez ayudó a que las decisiones sean más justas. Nosotros dejamos de juzgar papelitos escritos, para enfrentarnos con las personas concretas, de carne y hueso. Y yo creo que eso hace que las decisiones que tomamos son más justas. Pero también el sistema está hecho de manera tal que no es posible hacer juicios orales y públicos en todas las causas, y que el grueso se resuelva por abreviados. A diferencia de la propaganda de hoy, el poder judicial tiene una infraestructura que no está en absoluto a la altura del trabajo que tiene, y se buscan válvulas de escape. En las causas donde se puede hacer juicio, que no son más de dos por semana porque es imposible, las decisiones son más justas y se han acortado los procesos en primera instancia.En cuanto a Casación, están los “cuellos de botella” y es porque tienen que abarcar demasiado. Tendrían que tener salas especializadas y más miembros.
– Muchas veces se critica al Poder Judicial en sí, no sólo a los miembros, ¿qué se siente cuando se cuestiona eso?
– Yo carezco de sentido corporativo. Yo creo que hay jueces buenos y malos. Me enojaba muchísimo, por ejemplo, el sometimiento a juicio político a (juez federal, Daniel) Rafecas, porque sé que es muy buen juez y me parecía injusta la acusación. Pero hay otras acusaciones que me parecen muy bien que se lleven adelante. Es como en todos los lugares, hay gente honesta y gente que no, la Justicia no es una excepción en ese sentido.
– ¿Y cuando se critica por la lentitud del sistema judicial?
– Este es el único lugar que conozco donde la gente trabaja gratis tantas horas como la que le pagan. Todos los que trabajamos acá tenemos amanecidas en Tribunales, y el trabajo remunerado es de 8 a 14. Sin dudas es lento, pero porque no tiene infraestructura para responder; Lomas de Zamora es inabarcable. Yo entré a la transición al sistema “nuevo” con 11 mil causas en trámite y una dotación de 10 personas, podías vivir acá. Hoy el trabajo del Tribunal es posible, pero exige estar en movimiento todo el tiempo. Lo que sí nos sirve es que el horario de atención al público se termine a las 14, porque si no la gente entra y sale, y si voy a atender gente, va a ser muy difícil que se encuentre el espacio para hacer lo que requiera concentración. Y a la gente es indispensable atenderla, porque vienen acá con un problema y se tienen que ir con un principio de solución o explicación.
– Hay desinformación en la sociedad sobre qué pasa en la Justicia.
– Si, y los edificios están muy lejos. Acá recibimos gente que se viene caminando desde la estación de Banfield, por eso hay que atenderlo y tratar de lograr que no vuelva mañana, y esto exige atender al público permanentemente. El tiempo de trabajo neto, con esto, es después de las 14. Tenemos un problema de comunicación de la tarea en general. No sé si hay tiempo para poder hacer otra cosa. Pero las veces que uno va a juicio, vuelve y hay diez personas para atender que estuvieron esperando toda la semana.
– Usted ha formado a otros compañeros, y es una referente a partir de las tareas que ha ejercido. ¿Qué se siente, qué pudo dejar en las personas que formó, y qué le gustaría dejar para aquellos que vengan después?
– Es una enorme responsabilidad, y por supuesto un halago. Pero lo más importante que me parece que trate de infundir es que nosotros trabajamos con personas, la víctima y el imputado. Y que no importa hacia donde vaya la causa, hay que entender eso y que merecen el mayor de los respetos. Con eso entendimos bastante. El derecho, después, se aprende. Hay que tratar de contener, entender y explicar. La persona que está detenida hay que explicarle, tratar que aproveche su tiempo de detención, que salga con alguna herramienta.
– ¿Cómo es una cárcel hoy?. ¿Le da realmente a la persona detenida la posibilidad de reinsertarse en la sociedad?
– Las situaciones de los detenidos en las comisarías son espantosas. En las cárceles son un poco mejor, pero por ejemplo hay detenidos anotados años para conseguir un trabajo, que implica sumar puntos para la conducta futura, y no estar mano sobre mano mucho tiempo, que es lo peor que les puede pasar. Hay gente que está hace años tratando de terminar los estudios, o haciendo estudios que ya cursó, el tema es estar ocupado. Pero el Servicio Penitenciario no tiene la capacidad operativa para la cantidad de detenidos que tiene, por eso uno trata de resolver el problema sujeto por sujeto. Y tratas de llevarlo al lugar más adecuado para él. Todos quieren estar acá, en el conurbano, para no perder contacto con la familia. Y están sobresaturadas. Por eso es un trabajo de meses convencerlo que vea menos a la familia, pero que cuando lo vea este mejor, y que la familia reciba un mejor trato. Es un trabajito que hay que ir haciendo. Se tiene que hacer rápidamente la reforma del Servicio Penitenciario. Hay tantísimo para hacer…
