Otra vez, como una materia pendiente o un tema recurrente, vuelve Don Acuña al mítico Charly Bar. Recuerda algo que nunca hicieron unos muchachos allí, algo que parecía inaccesible. Ahora, ya es tarde. Otro relato de Pablo Pallás para DiarioConurbano.com.
Don Acuña arranca la conversación con el pibe y le cuenta:
-¿Te acordás pibe, que te conté del Lumbri y sus amigos cuando paraban en “Charly Bar”? -bien, para refrescarte: “Charly bar” funcionaba sobre la Avenida Yrigoyen entre Boedo y Sáenz, ahora allí funciona un banco. Era un bar enorme, con muchas mesas y en el centro una especie de living, con unos almohadones. Pero lo que tenía de característico era que además tenía un escenario enorme y frente al escenario, una pantalla que pasaba permanentemente videos musicales, era el tiempo del videoclip y eso llamaba mucho la atención, escuchar música mirando a los músicos o imágenes relacionadas con la canción.
-Te cuento pibe como si me fuera metiendo con una cámara, ¿me seguís? y a través de ella miró en una noche de 1985, un salón enorme, varias mesas ocupadas, que a medida que pasaban las horas, se iba pareciendo a un desierto de mesas y sillas vacías. Pero a esta hora que entro voy mirando con mi cámara imaginaria y registrando, enorme salón, mostrador gigante a la derecha de la entrada, a la izquierda el salón, en el medio el living, más atrás a la izquierda el escenario, encima de él, la pantalla y Phil Collins, con Génesis, pero ya en su época sin Peter Gabriel, el rock sinfónico había quedado en los setenta y en los ochenta el querido Phil convirtió a Génesis en uno de los mejores grupos de Pop.
-Luego del escenario al lado del mostrador los baños y atrás del escenario, no te lo cuento yo, pibe, espera y te lo cuentan ellos, ahí me doy vuelta y en la entrada están el Lumbri, Milton y Bartes, se acomodan en una mesa pegada a la vidriera, miran la avenida, miran el escenario, miran los videos y prefieren los de Phil Collins y alguno nacional que aparece. Le piden al mozo que les compre cigarrillos enfrente, justo allí había un kiosco que era un localcito de la Catedral de Lomas, el mozo cruza la avenida, vuelve, les trae los cigarrillos.
-Para un cachito pibe, todo esto que te estoy contando no sé si es mi imaginación o un recuerdo de años pasados, nada es comprobable, todo eso ya no existe, el kiosco no está, “Charly bar” tampoco, hay un banco y para muchos ese lugar siempre fue un banco, ni siquiera la relación entre el Lumbri, Bartes y Milton es la misma, encima los tres cuentan versiones diferentes de esas noches. Bueno yo sigo ¿Querés?
-Si Don Acuña, quiero saber qué pasó esa noche de 1985, -contesta el pibe.
-Esa noche Bartes pide Tía María, Milton una cerveza y el Lumbri gaseosa.
-Después, fumar y comentar el estado de cada uno con respecto a amores fugaces, relaciones eternas, sueños rotos, sueños en curso, laburo unos, otros estudios. El estado del fitito que esperaba en la puerta que era de Bartes, y por sobre todo la esperanza que era mañana, no de aquí a veinte años, la esperanza de mañana, que iban a hacer al otro día. Todos temas de largo desarrollo. Uno de ellos comenta, luego de mirar por todo el bar, la situación, el estado del bar con respecto a la concurrencia. Luego miran el escenario y los tres coinciden en que nunca vieron un recital allí, ni siquiera se enteraron de alguien que tocara o cantara en ese enorme escenario, Miraron un rato los videoclips en la pantalla y luego hablaron de lo que había detrás del escenario.
-Los tres sabían muy bien que había varias mesas de pool. Se prometieron ir a jugar allí, pero por una cosa o la otra dejaban pasar el tiempo en la mesa pegada a la ventana. Jugaban al pool, sí, por supuesto, en otros lugares, en “cookeluche” o en el “Bowling Lomas”, pero nunca, de las miles de veces que fueron jugaron al pool en “Charly bar”, cada vez que entraban decían hoy jugamos unas fichas de pool y nunca lo hacían, nunca lo hicieron.
-Hace unos días le pregunté a Bartes por qué nunca habían jugado al pool allí, me contestó que lo mismo pensó y que lo mismo le dijo al Lumbri y luego a Milton después de casi treinta años. Ninguno de los tres supo que responder.
-Mi cámara, pibe los ve como se alejan con humo y frio por la avenida para subirse al fitito, Las luces de “Charly bar” se van apagando, la música se calla, yo me voy caminando. Hoy camino por los mismos lugares y me pregunto por qué nunca jugamos al pool allí, y me respondo algo mucho más cruel, que nunca más podremos ni siquiera sentarnos a charlar allí.
Pablo Pallás.
