“Queremos avisarles que se nos acabaron los pañuelos”, dice una voz por el altoparlante. Algunas los revolean, muchas lo llevan el cuello, otras los usan de vincha, colgados en las mochilas e incluso como remera. Las mujeres que los portan se concentran y forman un manchón verde frente al Congreso, y así es como reclaman por el derecho a la soberanía de sus cuerpos. Con un “pañuelazo” las organizaciones feministas pusieron una vez más el dedo en la llaga para visibilizar la lucha por una ley que garantice el aborto legal, seguro y gratuito. Una “deuda de la democracia de los países de Latinoamérica” que viene intentando hacerse lugar en las Cámaras desde hace ya 6 años. El colectivo que impulsa el proyecto planea presentarlo una vez más cuando se inicie el año parlamentario.
Se estima que por año se producen entre 300.000 y 400.000 interrupciones del embarazo de forma clandestina. De esta manera, las mujeres y las personas con capacidad de gestar se someten a infecciones, malas praxis y riesgo de muerte en cada una de estas situaciones.
“No importa tu opinión, es una cuestión de salud pública. Mientras debatimos las mujeres abortan”, dijo la actriz Virginia Godoy quien tomó el micrófono en el centro la muchedumbre que alzaba sus celulares y viralizaba el momento y deslizó: “Las que no tienen la plata por acceder a un aborto, se mueren, es así”.
Y leyó el documento de los integrantes de esta campaña: “Mientras el Estado nos da la espalda y niega el reconocimiento de nuestras soberanías la urgencia nos encuentra haciendo lo que este debería, militando por la conquista de nuestros derechos. Nuestra exigencia le da la responsabilidad al Estado de asegurar condiciones dignas, seguras, saludables y gratuitas para que este derecho sea universal”.
Se leyó, también, en varias oportunidades, los artículos más salientes de la ley que establecen el derecho de una mujer o persona con capacidad de gestar de interrumpir su embarazo antes de los 14 meses, y de acceder a la práctica en un máximo de 5 días desde su requerimiento. Fuera de ese período, quienes hayan sufrido violación, el embarazo haga peligrar su bienestar biopsicosocial o el feto presente malformaciones graves.
Las jóvenes eran mayoría, con amigas o con sus grupos de militancia. Había madres con sus hijos, había embarazadas, mujeres mayores y algunos hombres. Diversas todas a simple vista, y homogéneas en los gritos y ululeos, que se repetían y se repetían.
Una mujer empujaba un carrito por atrás de la multitud que estaba amuchonada alzando los pañuelos frente al Congreso para una foto que luego recorrió las redes. Quería sacar fotos de todos lados, para no perderse un ángulo. “Soy madre y como todas acá, no estoy negando la maternidad”, aseveró.
“Como yo a los 35 después de una experiencia vital consolidada decidí ser madre, también entiendo que hay mujeres que no es su deseo, y es su derecho esa decisión. No somos abortistas en un sentido imperativo de negar la maternidad, estamos reclamando por un derecho que nos fue quitado”, opinó Carolina en diálogo con DiarioConurbano.com
Hubo feministas antes, dicen las contemporáneas. Una de ellas caminaba también este lunes frente al palacio legislativo. Susana, que vive sus 70, comienza recordando que su madre la llevó a los 5 años a un acto de Alicia Moreau de Justo. Dice que pertenece al Círculo de Amigas Feministas y reconoce que “en muchos años ha habido muchos avances en la lucha”, pero que “lo habitual del ser humano no es el patriarcado, es una imposición”.
“Acá venimos a defender lo que vivimos nosotras. Si no quiero vivir la maternidad tengo derecho a no vivirla, llevar nueve meses un cuerpo que no quiero y que después haya más complicaciones. Todos podemos elegir, hasta los que matan a la mujer tenían la posibilidad de elegir no hacerlo”, describió.
La última imagen ofreció con detalles, la heterogeneidad de las personas que se habían acercado. Mientras se desconcentraban y bajaban las banderas, charlaban y se iban de a grupos, algunas enganchadas de a dos de sus brazos. “La despenalización social ya es inminente”, había dicho una oradora. Tan inminente que faltaron pañuelos para repartir, y que habrá que reponer para abastecer el ardor de la lucha.
