Crónica del desamparo que sufren los celíacos en locales gastronómicos del Conurbano, pese a que la ley los protege. Un simple recorrido por los restaurantes y bares de la Región sirve como ejemplo para constatar que, pasando por alto los beneficios que obtiene el sector gracias a los altos consumos de los últimos años, las leyes no se aplican, los controles no existen, y la inclusión es menos que una declamación.
“Decime qué puede comer y se lo preparo rápido”. La buena voluntad del encargado se veía en sus ojos. No sé si estaban desencajados por el pedido o molesto porque un cliente le hablaba con fundamentos. Supongo que, cuando no hay respuestas, una opción válida siempre son las evasivas, pero no alcanzó tampoco eso para calmar la impotencia del molesto que interrumpió la paz matinal.
Le sacamos sangre a los chicos para controlar la celiaquía en el caso de la nena mayor, que tiene 10 años, y del mediano, que suma la mitad de eneros vividos. Es poco el movimiento en el centro de Lomas de Zamora. Apenas algunos trajeados con maletines por las calles, unos pocos camiones que descargan mercadería y los comercios levantando sus persianas. Nosotros buscamos un lugar para desayunar, porque queremos premiar a los valientes que permitieron la extracción sin chistar. Es el comienzo del fastidio.
Por deformación profesional y por el lugar en el cual trabajo llevo en mi mente anotaciones imaginarias diversas. Más de una vez, charlando con amigos, cité leyes votadas en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires que hicieron de nuestro territorio un lugar más amigable para vivir. No sé, sólo cito algunas: la ley de fertilidad asistida gratuita, la de humo cero, la de muerte digna, la de libertad de elección de días y horarios para el cambio de productos, por caso. Pero hay otra ley que llevo conmigo para defender derechos de aquellas personas que no tienen opción: o comen como corresponde o lo pagan con su salud. Se trata de la ley 14.377, que promueve “en restaurantes, bares y confiterías la inclusión en sus cartillas de al menos, una opción apta para celíacos”. http://www.hcdiputados-ba.gov.ar/refleg/l14377.htm
No se trata de demonizar a nadie, mucho menos a los trabajadores. De hecho comencé el texto destacando la buena voluntad del encargado del local ubicado en Colombres e Italia, creo por todos conocidos, como ocurrió con el mozo que presta servicios a una cuadra, en España y Colombres. Lo que necesitamos, como ciudadanos, es que se respete el cumplimiento de la ley, y que hagan lo que tienen que hacer. Una persona celíaca tiene como única posibilidad comer alimentos SIN TACC (trigo, avena, cebada y centeno) porque su organismo no resiste el gluten, es intolerante. Para eso, la condición indispensable es cocinar en utensilios limpios, higienizados como corresponde, que no tengan contacto con harinas o productos que los puedan contaminar. No se resuelve con preparar algo rápido.
Tampoco, es dable aclararlo, se limita a cumplir con la letra fría de una ley, sino que debe formar parte de un proceso de inclusión e integración, en donde la cadena de responsables no se agota en los comercios gastronómicos. Hay autoridades provinciales y municipales que tienen a su cargo velar porque los intereses de las minorías se respeten.
