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El Profe Steven, un docente sin libros que aún dicta clases con el corazón

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Enrique “Henry” Steven comenzó a ejercer como docente de Química en la tradicional  Escuela Tomás Espora de Temperley, en agosto de 1980. Allí, tuvo una excelente relación con los alumnos, con los que realizó varios viajes a Bariloche. Paralelamente, este bioquímico atendía su laboratorio.  El “Profe” – como aún lo llaman sus ex alumnos – también fue jugador de hockey en Lomas Athletic Club  durante casi 25 años, deporte que practicó hasta 2003. Hoy  ya está jubilado y continúa disfrutando de reuniones con antiguos estudiantes, con los que “aprendió muchísimo” y en su tiempo libre juga al golf con sus amigos.


Desde joven Enrique Steven supo que su destino estaba marcado por el juego de dar y recibir cariños y reconocimientos. Ejerció la docencia en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de La Plata, donde se desempeñó como jefe de trabajos prácticos de Química Biológica, pero sus mejores años como profesor, los vivió en la Escuela de Comercio de Temperley (actual Escuela Media 14, ubicada frente a la estación ferroviaria). Allí fue una persona muy querida por los alumnos, con los que realizó alrededor de 18 viajes a Bariloche. Hoy, con 77 años,  ya está jubilado, pero mantiene una relación de amistad con sus ex alumnos y sigue de cerca los partidos de hockey.

Su historia con la institución de Temperley, donde la hija de Enrique también fue alumna y preceptora, comenzó en los años ‘80. Cuenta que un día pasó por el colegio y se enteró que faltaban profesores. Entonces,  sin dudarlo él se ofreció, para dar clases ad honorem.

“Empecé a trabajar de pura casualidad en el Comercial de Temperley  porque fui a preguntar sobre la calificación de  mi hija, le habían puesto un dos en Contabilidad. Y en ese momento, en el momento de la plata dulce, muchos profesores se iban, y revisaban el listado y faltaban profesores”, recordó, en diálogo con DiarioConurbano.com.

Henry relata casi sin detenerse y, como si el tiempo no hubiese pasado, cada detalle de su rica historia en la institución ubicada en Santa María de Oro 44. “Había hecho docencia universitaria durante muchos años, pero cuando me casé, me di cuenta que no podía mantener a mi familia. Entonces dejé la docencia universitaria y empecé a trabajar en el laboratorio”, dijo

Se detiene por un instante y vuelve a retomar sobre el comienzo de la docencia en el Comercial de Temperley. “Yo estaba muy afligido y la directora me dijo: ‘No tengo profesores’. Entonces, le dije: ‘Mire, yo no estoy en la cooperadora, pero sin ningún interés de cobrar, si usted precisa por unos días a alguien de mi especialidad, me avisa. Entonces la mujer me dice ‘Le tomo la palabra’. Así empecé en el colegio, el 12 de agosto de 1980”, contó.

Sin dudas, fue uno de los lugares más importante de su vida porque lo recuerda y se emociona. Resaltó que con los alumnos tuvo una relación maravillosa. “Fue una cosa tan espectacular, porque compartí un montón de cosas con los chicos. Hacíamos actividades extracurriculares, y demás.  Así me fui integrando. Hice alrededor de 18 viajes a Bariloche con ellos”, indicó.

En el diálogo con Steven – al que los alumnos llamaban simplemente “Profe” – es notable percibir su capacidad para recordar anécdotas, fechas, y precisos.

Como docente supo defender a los estudiantes de muchas miradas prejuiciosas, aún a costa de no ser bien visto por algún colega  “Eso que dicen, que Bariloche es la droga, es un montón de cosas, no es así. Yo nunca tuve ningún problema con ningún chico”, señaló.

En tiempos de cambios, Steven se refirió a la educación en la actualidad y a la actitud que debería tener el docente hoy, y remarcó que la clave está en “estar abiertos a los nuevos paradigmas y  no pensar que todo está perdido”.

 “El problema más grande de la educación es que el docente tiene que ser docente de corazón y tiene que entregarse al colegio. Los chicos son algo importantísimo en tu vida, entonces te tenés que entregar a ellos. Yo aprendí muchísimo de ellos, el que más aprende es el docente”, aseguró.

Steven recordó que cuando era docente, iba al colegio con una alegría, no pensaba “ojalá que mañana sea feriado”, porque disfrutaba de compartir sus conocimientos con los chicos, eso lo estimulaba. “La relación docente-alumno tiene que ser un ida y vuelta”, insistió en la entrevista con este portal.

Con respecto a la jóvenes de hoy, muchas veces cuestionados por los adultos que piensan que la “juventud está perdida”, Stevens señala que “la juventud no está perdida, está desorientada porque los adultos no les dan posibilidades”.  

“Si pensamos que los jóvenes no tienen capacidad de pensar, entonces cuando dicen algo le decimos que no. El mundo va cambiando, va cambiando y algunas cosas que antes no eran ahora son, y posiblemente no para mejor, sino para peor. Pero cada una de esas cosas hay que hablarla, ponerlas en el plano que corresponde”, opinó.

Su pasión por el deporte y su hiperactividad lo llevó a conjugar su laboratorio químico y la docencia, con el hockey sobre césped. Lomas Athletic lo tuvo en su plantel durante muchos años. Luego jugó en Quilmes y hasta enseñó este deporte – hoy ya mucho más popular que por entonces – a muchos de sus alumnos.

Inquieto, entrañable, simpático y generoso, Henry Steven es un ejemplo de vida. Pertenece – coinciden los que los conocen bien  –  a esa clase de hombres que no pasa sin dejar huellas, esas que marcan un camino al que viene detrás.

A casi una década de haber dejado la docencia, el “Profe” es un invitado de honor – “el de la punta de la mesa” – en las reuniones de los alumnos que lo disfrutaron.


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