En el marco de la compleja causa federal que investiga el brutal asesinato de Brenda del Castillo (20), Lara Gutiérrez (15) y Morena Verdi (20) en una vivienda de Florencio Varela, el principal sospechoso extraditado rompió el silencio. Tony Jenzel Valverde Victoriano, sindicado por los investigadores como “Pequeño J”, amplió su declaración indagatoria ante el titular del Juzgado Federal N° 2 de Morón, el Dr. Jorge Rodríguez, e intentó desplegar una estrategia para despegarse de la autoría material de la masacre.
El imputado, quien actualmente se encuentra bajo una estricta custodia en el Complejo Penitenciario de Marcos Paz tras haber sido capturado en el exterior, volvió a negar de forma rotunda ser uno de los responsables del triple homicidio ejecutado durante la sangrienta madrugada del 19 de septiembre de 2025.
«Me quedé dormido»: la llamativa coartada del imputado
Durante su extensa declaración por videoconferencia, el acusado de nacionalidad extranjera intentó posicionarse en un rol meramente secundario dentro de la organización criminal. Aseguró que arribó a la propiedad de Florencio Varela pocas horas antes de los crímenes por estricta indicación de Miguel Ángel Villanueva Silva, otro de los pesados apuntados en el expediente. En ese sentido, detalló que su única función era “hacer presencia” en el lugar y argumentó insólitamente que se quedó dormido toda la noche, por lo que no presenció las ejecuciones.
Según su crudo relato, fue despertado cerca de las 6 de la mañana por Matías Agustín Ozorio y otro hombre, a quienes vio ingresar al búnker “empapados y con los zapatos llenos de tierra”. En ese instante, siempre de acuerdo a la versión del detenido, los sujetos le entregaron una pistola, una caja de municiones y 50.000 pesos en efectivo para que los ocultara de inmediato, aclarándole que se trataba de una orden directa del jefe de la banda, Villanueva Silva.
“Pequeño J” —quien ante el magistrado aclaró que prefiere que lo llamen simplemente “Tony” o “J”— insistió en que desconocía por completo el plan criminal para acribillar a las tres jóvenes. Asimismo, introdujo en el expediente la participación de un misterioso sujeto apodado “Gordo”, a quien señaló como el hombre de máxima confianza de la cúpula narco encargada del sicariato.
Fuga en bote a Bolivia y captura en las playas de Perú
Al ser interrogado sobre sus movimientos posteriores al hallazgo de los cuerpos de Brenda, Lara y Morena, el joven admitió que increpó a sus cómplices por el desastre y que, ante el temor de ser atrapado por la policía bonaerense, decidió iniciar una cinematográfica huida.
Detalló que escapó junto a Ozorio hacia la frontera norte, logrando cruzar de forma ilegal hacia Bolivia a bordo de un precario bote. Tras ocultarse unas semanas en el país vecino, Valverde Victoriano continuó su ruta de escape hacia Perú, su país de origen. Su suerte terminó siete meses después del triple crimen, cuando agentes de la Policía Nacional del Perú lo interceptaron en la localidad costera de Pucusana, a unos 70 kilómetros de Lima, mientras viajaba oculto en el doble fondo del acoplado de un camión de cargas. Tras completarse las alertas rojas de Interpol, fue formalmente extraditado a la Argentina.
Reconocimiento de pruebas y un pedido de disculpas
En otro de los tramos de la audiencia virtual, el imputado reconoció de forma positiva diversas fotografías que constan en la causa, donde se lo ve en encuentros previos con las tres víctimas fatales. También identificó la pistola y las balas calibre 9 milímetros secuestradas en los allanamientos de Varela, aunque insistió en que su relación con las otras imputadas de la causa, Iara Daniela Ibarra y Celeste Magalí González Guerrero, se limitaba a «changas operativas» que le pagaba su jefe.
Sobre el cierre de su descargo, en una postura que los familiares de las víctimas consideraron «una provocación y una puesta en escena», Valverde Victoriano se tomó unos minutos para pedir perdón de cara al futuro juicio oral. “Pido disculpas por la tragedia que hicieron esos tipos”, lanzó, desmarcándose de los asesinos. Concluyó diciendo que comprende el dolor de los allegados porque él mismo perdió a su padre: «Sé lo que se siente perder un familiar, más cuando es un hijo. Si le pasara a mis hermanas o a mi madre, me dolería hasta el alma».
La fiscalía federal, en tanto, rechazó las justificaciones de la defensa y ratificó que las pruebas científicas y de geolocalización telefónica lo ubican en la escena como un eslabón clave del ataque.
