El Tribunal Oral de lo Criminal 2 de Lomas de Zamora comenzó el juicio a Eduardo Nicolás Vera, de 28 años, acusado de conformar una banda delictiva de Mar del Plata que, a través de datos cruzados con contactos lomenses, asaltaba a ancianos locales y se llevaban lo robado a la ciudad balnearia. Además, El hombre está imputado por “robo con homicidio resultante”, luego de que Jorgelina Carnevalle, de 78 años, falleciera como consecuencia del robo que sufrió en su hogar de Lomas de Zamora el año pasado, de un paro cardíaco.
Entre los testigos que se acercaron a declarar el día este jueves, dos trabajadores de un taller mecánico de la zona de Tribunales aseguraron que una clienta regular suya, apodada “La Rubia” y prófuga en la causa, solía llevarles “autos de alta gama de amigos de Mar del Plata” y que después de la muerte de Jorgelina “no apareció más”. “Había dejado en el taller un auto que nunca vino a buscar y que retiró la policía” unos días más tarde, aseguraron.
“La Rubia” trabajaba para una remisería en Lomas de Zamora, la cual se presume que en los viajes que realizaban, “sacaban” información a los clientes para luego transmitírselos a los delincuentes, que realizaban una tarea de inteligencia previa para luego concretar los robos.
Por otro lado, un tercer testigo que se presentó en la primera fecha del juicio aseguró que “en la cancha de Los Andes había intercambio de información, ‘de clientes’, con la barrabrava de Aldosivi de Mar del Plata”, es decir, intercambiaban datos de posibles víctimas, que generalmente eran ancianos, con gente de Mar del Plata. De hecho, el imputado que está siendo juzgado residía en la denominada Ciudad Feliz.
Jorgelina Carnevalle, de 78 años, fue encontrada muerta por su hijo en la habitación de su casa en Tomás Iturrioz y Juan Larrea, Lomas de Zamora, luego de haber sufrido un robo en la misma el 12 de julio del año pasado. Según el hijo de la víctima y testigo en la causa, Vicente Papaleo, pasó por la casa de su madre el 13 de julio luego de no haberse podido comunicar con ella en todo el día y encontró a Jorgelina “tirada en el piso, boca arriba, con un raspón importante en la cara, sangre en la boca y toda la casa revuelta”.
Los peritos que llegaron horas más tarde al lugar “encontraron huellas en la casa, en la habitación de Gina – como le decían sus conocidos – en un mueble del comedor y en una botella” que más tarde se daría cuenta que pertenecían al imputado, dado que tenía antecedentes y el sistema policial ya contaba con sus huellas.
SI bien en un principio se había negado la idea de un robo previo a la muerte, se logró constatar que en la casa de la víctima faltaba “un reloj antiguo y joyas de oro” sumado a que la policía encontró huellas en toda la casa y una campera verde que no pertenecía a nadie de la familia.
En la instrucción, las pericias indicaron que la mujer no murió directamente por los golpes recibidos sino que esa agresión sumada la tensión violenta del robo la llevó a tener un paro cardiorespiratorio que le ocasionó la muerte. Se estima que la defensa intentará plantear que no existió de parte del imputado intención de asesinar a Jorgelina Carnevalle.
