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Caso Anagiota: Afirman que la mujer tenía “mucho apuro” por cremar a su pareja

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En la segunda jornada del juicio oral del juicio oral y público a Anagiota “Mariana” Alexopoulos, de 61 años y de nacionalidad griega, acusada de matar e intentar cremar a su pareja, los familiares de la víctima insistieron en que la imputada tenía “mucho apuro” por hacer la cremación de los restos de Julio  Caprarulo. El hecho ocurrió en 2011, en una vivienda de Avellaneda.


 

El debate oral es llevado adelante por el Tribunal Oral en lo Criminal 2 de Lomas de Zamora. Además, han llegado imputados de falsificación de documento públicos dos médicos, mientras que una amiga de Alexopoulos está acusada de encubrimiento.

La defensa plantea que Caprarulo falleció como consecuencia de un ACV y golpeó su cabeza. La acusación, en tanto, apunta a acreditar que la mujer mató de un golpe en ese sector del cuerpo a su pareja y se apresuró a cremar el cuerpo para borrar evidencias.

“En un principio creí lo que me dijo Anagiota y pensé que Julio había muerto de un infarto”, afirmó María Esther Caprarulo ante los jueces en su declaración de este martes. Hizo referencia al pedido de dinero de la imputada a la familia de la víctima para el sepelio. “Pidió más del presupuesto de la cochería”, contó la testigo.

También dijo que en el camino al cementerio privado de Parque Iraola perdieron de vista al cortejo fúnebre. “Estaban apurados, iban rápido. Cuando tomaron la autopista, los perdimos”, recordó.

La mujer sostuvo que Anagiota estaba “rara, como muy natural, tranquila y atenta a todo durante ese velatorio”, que se realizó en la casa que compartían la víctima y la imputada en Avellaneda.

La hermana de Julio Caprarulo insistió en que la griega estaba preocupada por la pensión que debía cobrar por el fallecimiento de su pareja, a la vez que consideró una “teatralización” las últimas palabras de Alexopoulos en el cementerio dirigidas hacia el hombre fallecido.

La mujer confirmó los dichos que pocos minutos antes había realizado Norma, la prima de Julio Caprarulo. Desde la defensa, las preguntas apuntaron a las contradicciones con la declaración que las testigos efectuaron en la instrucción, a la vez que dejaron entrever que habían sido “preparadas” para declarar por la fiscal original de la causa.

Luego declaró la peluquera que – según la versión de la imputada – había atendido a la víctima poco antes de que volviera a su casa. La testigo dijo conocer a Julio Caprarulo como un cliente más.

En su testimonio lo que llamó la atención fue la referencia de la peluquera a un hombre que “poco antes del juicio” se acercó a su comercio. “Me mostró un documento para que identificara a ese cliente (por Julio)”, contó.

Se estima que el juicio se extenderá durante esta semana y la próxima. En estos días se realizará, también, una junta médica para aportar datos en torno a la forma de muerte de la víctima. En este punto, será importante de los médicos que hicieron la autopsia al cuerpo de Caprarulo, informe que la defensa cuestiona porque indica que falleció como consecuencia de un golpe con un elemento contundente.

De acuerdo a la acusación fiscal, el 26 de noviembre de 2011 Anagiota "Mariana" Alexopoulos, de 61 años, mató a golpes a su pareja, Julio César Caprarulo, de 58, con quien vivía en una casa situada en Dardo Rocha 522, en Avellaneda.

Según la acasuación, "Mariana" asesinó al hombre cuando dormía y luego intentó hacer pasar el crimen como una muerte natural, para lo cual realizó el velatorio en la vivienda, a la que asistieron varios amigos, y contrató un servicio de cremación.

Una amiga, ahora imputada de encubrimiento, se encargó de lavar la sangre que había en la habitación.

Alexopoulos intentó contratar un servicio fúnebre pero los encargados de la empresa se negaron a realizarlo. Notaban algo raro. Pero la Cochería “Piñeyro” de Avellaneda realizó el servicio.

Esto incluyó los certificados de defunción de los médicos Rossi y García. Ambos llegan a juicio oral acusados de falsificar esos papeles.

Cuando estaban por cremar el cuerpo, los empleados del cementerio Parque Iraola de Berazategui, al ver que el cadáver presentaba lesiones que no se condecían con el certificado de defunción, llamaron a la policía y al realizarse la autopsia se determinó que había sido asesinado.

No obstante, según testigos que asistieron al velatorio, el cuerpo de Caprarulo sólo presentaba una pequeña lesión tapada con una curita sobre una de las cejas y unas heridas en una oreja, que la griega atribuyó a mordeduras y rasguños del perro de la pareja, en un intento por despertarlo cuando se hallaba inconsciente o fallecido debido a un derrame cerebral.

Para la defensa de "Mariana", la muerte del hombre tiene otra explicación: Caprarulo regresó ese día a su casa mareado, se recostó y sufrió una hemorragia cerebral.

Su mujer, al hallarlo inconsciente en la cama, llamó a una ambulancia y el médico de emergencias constató la muerte, sin advertir ninguna lesión.

La abogada cree que tal vez Caprarulo no estaba todavía muerto -un camillero declaró que el médico sólo le tomó el pulso para decretar la muerte- y que su pequeño perro, en un intento por despertarlo, le produjo las lesiones visibles que presentaba sobre la ceja y las mordeduras en la oreja.

Siempre según la defensa, al llevar el cuerpo al cementerio de Berazategui para cremarlo, los empleados le vendieron a "Mariana" primero un féretro y luego constataron que al no ser ella la esposa legítima, debía contar con una autorización de algún familiar para poder llevar adelante la cremación.

La abogada relató en su escrito de nulidad que se generó una discusión entre su asistida y personal del cementerio, aseguró que intentaron venderle una parcela y, cuando ella se negó, le dijeron que llamarían a la policía porque el cuerpo tenía lesiones.

Al llegar la policía y el forense, detalló la letrada, el cuerpo de Caprarulo estaba boca abajo en una mesa metálica del cementerio, con un profundo corte sobre una ceja -ya no ocultable con una venda- y sangre en la nuca.

El forense estableció que el cadáver había recibido golpes en la nuca aplicados con un objeto contundente a traición, lo que agravó con la alevosía la figura de homicidio atribuida a la griega.

Para el perito, la causal de la muerte fueron los golpes recibidos en la nuca, mientras que para la defensa en realidad los hematomas detectados en esa zona pudieron haber sido livideces cadavéricas, lo
que no se certificó porque el forense omitió tomar muestras para estudios histopatológicos, único modo de determinarlo.

 

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