A 20 años de la desaparición de Lucía Briansky, su caso parece encuadrarse en la incómoda categoría de crímenes perfectos. Con la causa cerca de cerrarse y sin ningún detenido, la historia sigue, como al principio, llena de interrogantes que la investigación judicial y policial nunca pudo contestar acabadamente. La profesora de piano fue vista por última vez el 1ero de enero de 1997 en la estación de Temperley. Por el caso, llegó a estar detenido durante un tiempo su pareja aunque luego quedó en libertad porque la justicia consideró que las pruebas no eran suficientes para acreditar su responsabilidad en el caso.
El caso guarda grandes similitudes con el homicidio de Érica Soriano, ocurrido en agosto de 2010 en Lanús. Por este caso, fue detenido quien era su pareja aunque su cuerpo nunca apareció.
Fuentes judiciales recordaron a Diarioconurbano.com que, según consta en el expediente, El 1ero de enero de 1997 Patricia Robles se despidió a su amiga, Lucía Briansky, de 49 años en la estación de Temperley. Lucía se bajó del colectivo 266 (venían de Rafael Calzada) para tomar un remís hasta su casa. Quedaron en llamarse, pero nunca volvieron a verse. Su pareja, Alfredo Gasolo, y la madre de éste declararon que Lucía llegó esa noche a su casa y que al otro día por la mañana salió a cambiar una cartera y no regresó.
La investigación recayó en el entonces juez Criminal y Corrección 5 de Lomas de Zamora, Marcelo Soukop, y luego la tuvo en sus manos el Juzgado de Transición a cargo de la juez Analía Puidéngolas. Esto ocurrió por la reforma del Código Procesal Penal bonaerense.
La vista de los investigadores siempre estuvo puesta en Gasolo, ex agente de Inteligencia del Ejército. En 2000, la pareja de la víctima fue detenida pero en mayo de 2001 la Cámara de Apelaciones hizo lugar a un pedido de los abogados defensores, que cuestionaron las pruebas en contra de su defendido, y fue liberado.
La clave de la acusación estaba en restos óseos hallados en Ezeiza que similares a los de la profesora de piano y otros elementos periciales.
En 2003, Puidéngolas volvió a acusar a Gasolo de homicidio simple y a Roberto Rey, policía de la Federal y amigo del hombre, por encubrimiento. Aunque no dispuso su detención efectiva, la causa quedó muy cerca del juicio oral.
Por entonces, la acusación consideraba clave que diez días después de la desaparición de la profesora, el hombre se mudó a otra casa con su madre y una nueva mujer: una profesora de piano rusa que había llegado a la Argentina tres meses antes. Briansky, que era hija de inmigrantes rusos, la había alojado a ella y a su marido (también ruso) en su casa. Al poco tiempo de estar viviendo allí, el marido de la mujer se fue. Y solo quedaron en la casa Lucía, Gasolo, su madre y la pianista rusa.
A eso, recordaron las fuentes, se sumaba la filmación de una cámara de seguridad de un cajero automático de Adrogué en donde se veía a un hombre, muy parecido a Gasolo, sacando dinero de la caja de Briansky. Al lugar, llegaba en un automóvil similar al de su amigo Rey.
Cuando se peritó el auto de Rey, según indicaba hasta ese entonces la acusación, en el baúl encontraron restos de cabello humano. Las pruebas de ADN revelaron que ese cabello era de Lucía. El 7 de enero Gasolo compró un Ford Falcon. Y en ese auto también en ese auto se hallaron cabellos de Lucía.
En 2000, fueron hallados restos óseos de una mujer en un descampado de Ezeiza. Los huesos estaban calcinados. Había zapatos, una remera y una pela en el lugar. La juez tomó en cuenta que los peritos de la Policía dijeron que los restos de cabello encontrados en el lugar eran «morfológicamente son iguales a los de Briansky».
Esos elementos no alcanzaron para la justicia que desestimó la acusación y el caso no llegó a juicio oral. Si bien no fue sobreseído definitivamente, en la práctica Gasolo está en libertad y no hay margen para que a esta altura aparezcan elementos que lo puedan comprometer.
De hecho, la causa está en un juzgado civil de La Plata por un planteo que hizo el propio Gasolo. Según fuentes consultadas, el hombre habría iniciado una acción contra el Estado por la acusación que pesó contra él y por el tiempo que estuvo detenido. No obstante, el tiempo y los vaivenes procesales transcurridos hacen imposible acceder a certezas en los últimos pasos del expediente.
A 20 años, sólo quedan dudas de la desaparición y casi seguro homicidio de la profesora de piano que daba clases en el Conservatorio Julián Aguirre. En ese establecimiento aún la recuerdan y conservan memoria de las primeras marchas que se iniciaron allí para pedir justicia y saber la verdad.
El contexto no ayudó tampoco a la causa. Lucía desapareció en un momento histórico donde no existían ni redes sociales ni la figura del femicidio. Quizás esas fueron las primeras piedras del camino que termina en la impunidad.
Foto: Archivo Clarín
