Los festejos por los cien años del Milrayitas llenaron de color al distrito en el primer día del 2017, en donde a pesar del calor y la fecha de festejos por el Año Nuevo, más de 30 mil personas participaron de los actos organizados por el Club Los Andes. Inicialmente partió una caravana desde la sede de la entidad, en pleno centro lomense, que arribó luego al estadio Eduardo Gallardón.
Todo comenzó antes de las 18:00 del domingo cuando miles de socios e hinchas sacudieron las calles del sur del Conurbano bonaerense, que estaban casi desoladas por el festejo ante la llegada del Año Nuevo. Nada importó: ni la reunión familiar, ni el domingo, ni el calor infernal de un 1° de enero. Ni los reproches de novias, ni las vacaciones atrasadas, ni las reuniones de amigos.
En todo caso, las familias, los amigos, los compañeros, el fútbol, el tenis, el básquet, el baby, el colegio, el hockey, y todas y cada una de las actividades de Los Andes se encontraron allí en esa interminable caravana que partió desde la avenida Hipólito Yrigoyen, continuó por la tradicional Laprida hasta llegar a la mítica avenida Santa Fe. El Eduardo Gallardón, ese templo del fútbol bonaerense, esperaba con puertas abiertas, y vibraba.


Todo fue fiesta y color. Los pasacalles, las banderas, los decorados callejeros, las pintadas, los saludos de los vecinos, todo se conjugó para una tarde-noche histórica. Porque quienes vivieron esa jornada son privilegiados que, acaso, ninguno volverá a vivir. O en una de esas, alguno de los tantos chiquitos y bebés que empujaron a sus padres a perder el miedo e ir al Monumental de Lomas, llegará a los próximos cien años.
Paz y amor. Cada cual a su merecido ritmo le fue entregando a la tarde del sur del Conurbano una magia única. No hicieron falta controles y se derribó el mito de la inseguridad en Los Andes. Todos convivieron en festejos interminables, con gritos de tribunas locas de fútbol y goles pero sin la necesidad de una pelota y 22 profesionales jugando.
A la entrada del Gallardón estaba don Sanza, quien a sus casi 90 años, y acompañado por su hija y su hijo -sus dos grandes admiradores y fervientes alumnos de la pasión Los Andes-, se animó a caminar en la caravana. “No me iba a perder esta fiesta, mirá toda la gente que hay”, le comentó a este periodista cuando le faltaban metros para entrar al estadio.
Hubo anécdotas sobre jugadores históricos, el ascenso a Primera División en la cancha de Quilmes, el gol de taco de Farías a Boca o de aquella tribuna completa en la victoria ante Racing en Avellaneda. Pero don Sanza dejó una sola recomendación: “Mirá qué linda le queda la camiseta a estos chicos. No se las cambies por nada”, reclamaba emocionado.
Enfrente estaba una familia orgullosamente lomense: habían dejado todo para ser parte de la fiesta. Los reencuentros con amigos de la cancha y esos abrazos que volvían a fundirse a pesar de los años. Algunos volvieron de lugares recónditos. Otros festejaban en distintas partes del mundo. Fueron 30 mil corazones presentes pero fueron inconmensurables las vidas de emociones que se hicieron presentes en el corazón del fútbol de Lomas de Zamora.
Las tribunas repletas se llenaron de cánticos. Adentro de la cancha paseaban glorias milrayitas, aclamadas por las tribunas. También presidentes de los clubes rivales pero hermanos, como lo son Temperley y Banfield, aunque en las tribunas se gritaba fuerte: “Soy de Lomas”. Tan fuerte fue la emoción que hizo olvidar las rencillas políticas y convivieron peronistas y radicales, oficialistas y opositores.
El cierre estuvo a cargo de la banda cumbiera Nene Malo, y los fuegos de artificio complementaron una fiesta de luces que partían desde las tribunas con el aporte de cada hincha.
Pero no hacía falta más que los 100 años del 1000 rayitas para festejar, y así fue. La vida en Lomas de Zamora sigue, pero desde el 1° de enero de 2017 será más feliz porque un todo pueblo festejó.
