Esta vez lo que une a Dos Acuña con el Pibe es un nombre clave, de mujer, quizás ficticio, quizás no. Melódico como ella, el nombre marcó una parte de sus vidas que parecen no olvidar y rememoran en nuevo encuentro. Un relato de Pablo Pallás para DiarioConurbano.com.
Don Acuña y el Pibe no es la primera vez que se quedan pensando mirándose con cierta desconfianza, pasó muchas veces que en ese instante están pensando en lo mismo. Culminados esos breves minutos uno de los dos arranca la conversación diciendo algo como lo que dice Don Acuña hoy:
-Estabas pensando en un nombre de mujer, el nombre es Edith.
-¿Cómo sabe Don Acuña? Pregunta el Pibe.
-Todos tenemos en el pasado una Edith, es un nombre del que siempre desconfié, dice Don Acuña, -aunque puede ser cualquier nombre, pero hoy sé, que pensamos en el mismo nombre pero en distintas mujeres, contame la historia de la tuya.
El Pibe comienza: -Empecé a desconfiar de Edith después de un tiempo largo de conocerla, muy bonita, esbelta, le pedí para grabar un cassette de Baglietto, el que tiene la canción “El Tempano” me dijo que me lo prestaba pero que no lo llevara a ninguna radio. En aquel tiempo hacía rato que había dejado de trabajar en radio. Grabé el cassette y a la semana cuando nos reencontramos se lo devolví, pero allí empecé a prestarle más atención, a observarla.
-Edith, profesora de una materia que ya no existe en las curriculas de la escuela media, Estenografía, aspiraba a entrar a trabajar en el Congreso como estenógrafa, lugar en el que se siguen haciendo esas anotaciones abreviadas como jeroglíficos para dar fe de lo que dicen los diputados. Lo logró mucho tiempo después con ayuda de un amigo. Pero en aquel momento, uno se acercaba a saludarla y daba besos como en el aire, apenas rozaba la cara de uno y se sentía el ruido del chasquido de los labios, eso que podía parecer sensual me empezó a parecer falso, como una pose. Además estábamos juntos en un grupo de militancia y ella que coincidía tanto conmigo , formaba parte de una línea opositora, hasta se alineó con una ex novia dolorida en ese momento, justo cuando yo estaba cerrando una Asamblea, para demostrar infantilmente de qué lado estaba.
-Por otra parte, tenía una especie de novio misterioso, alguien a quien cortejaba, llevándole postres y tortas a la mamá de este muchacho para conquistar el corazón de la madre y luego el de él. Años después por una de esas causas del azar, conocí y compartí algunas cenas con este muchacho, Ricky, con él y su pareja, Jorge. Ricky siempre fue homosexual y Edith tenía la fantasía de ¿transformarlo?, conquistando a su madre. Ricky era de Turdera pero se fue a Capital a vivir, Edith, era de Lomas y también se fue a vivir a Capital.
-Hacía lo mismo conmigo, se acercaba a la gente que yo quería, a mis amigos, a mi familia y desde ahí entraba en mi intimidad, hasta que una noche Bartes se fue con ella en el fitito, Yo salí sólo y cuando volví al barrio, pasé por la puerta de la casa familiar de Edith, y veo el fitito de Bartes, me acerqué para dejarle una nota en el vidrio del auto, cuando descubro que hay dos personas allí que se estaban besando.
-Bartes cayó en los besos sigilosos de Edith sólo aquella noche, no se vieron nunca más, y mientras me alejaba del fitito pensaba que ella me estaba seduciendo a mí, pero no, de mi se había aburrido y se acercó a mí, para acercarse a Bartes. Él mismo inmediatamente se dio cuenta de la situación y se alejo de ella.
-Siempre intuí que debía desconfiar de ella. ¿Y su Edith Don Acuña?
Don Acuña contesta: – Fue un poco más frívolo, también docente. Actualmente sigue siendo docente y somos casi vecinos, pero ya no hablamos. Mirá Pibe, ella es dulce en el trato, intensa, luchadora, salió adelante de muchos infortunios, por eso yo le tenía respeto y admiración, pero la vida la cruzo con una novia que tuve, y como la que era mi novia era sumamente seductora, sedujo a Edith, son amigas, pero tanta atracción generó en ella, que Edith cuando me cruza en el supermercado chino me esquiva el carrito y me hace un hola apurado como para que no la vea nadie.
-Vaya a saber que secretos inconfesables tiene como para negarme la conversación amena que me brindaba.
-Banfield no es muy grande, ya nos vamos a volver a cruzar.
-Pero es así Pibe, Edith para nosotros dos, es un nombre para desconfiar.
-Es una casualidad Don Acuña, replica El Pibe.
-¿A vos te parece Pibe? Pregunta maliciosamente Don Acuña y retoma: -Es el peso del nombre, Pibe, de la historia de ese nombre en nuestras historias y vos y yo que charlemos tanto y tantas veces ¿es casualidad?
El Pibe, lo mira y otra vez, se quedan en silencio, pensando.
Pablo Pallás