La tía Inés se convierte, otra vez, en un tema de conversación para Don Acuña y el Pibe. La mujer cae bajo los encantos de un manisero en una Plaza de Monte Grande. Claro, quiso saber su futuro. Y eso, muchas veces, no tiene precio. Un relato de Pablo Pallás para DiarioConurbano.com.
Don Acuña y el pibe se refugian en un bar de Adrogué. Son las nueve de la noche de un viernes y Acuña le dice al Pibe:
-Pibe, contame alguna historia de tu tía, de las que escribió en el cuaderno estampado.
El pibe entusiasmado arranca: -Tía Inés va caminando y se encuentra con una de sus hermanas en Monte Grande. Tiene dos hermanas, ella es la del medio, se encuentra con la mayor. Son jóvenes, recién casadas y se encuentran para charlar de cómo les va la vida de matrimonio. Una charla íntima, de hermanas, más que hermanas, amigas.
Caminan por la calle Alem, es un día soleado, se huele a flores, Monte Grande es un gran jardín piensan, más allá está tan despoblado que parece el campo, parece el pueblo de dónde venimos, se comentan, caminan y sienten un aire de felicidad como hacía tiempo no sentían juntas.
Se sientan en el banco de una plaza y hablan de sus casas, de sus maridos, de su familia, se acerca un vendedor de maníes, el mismo que solía estar en el Parque Eva Perón en Lomas de Zamora, ese día estaba en Monte Grande.
El vendedor de maníes, les ofrece maní tostado o crudo con la cáscara para pelarlos, los tiene envueltos en cucuruchos de papel de diario. Tiene muchos, no fue una buena tarde de ventas. Tía Inés le compra uno de esos cucuruchos y se ponen a comer maní con la hermana. Mientras tanto el manisero con su carrito en forma de pequeña locomotora antigua se queda al lado de las dos y empieza a cantar bajito tararí tarará y arranca primero un fox trox, luego una balada en italiano, después un tango y cada vez más fuerte.
Tía Inés y su hermana dejan de hablar de ellas, miran y escuchan asombradas al manisero y su concierto para ellas y para algunas pocas personas que estaban en la plaza, porque los que pasaban se iban corriendo, no sólo porque no contaba muy bien, sino porque los asustaba la situación desconocida, Un manisero dando un recital en una plaza de Monte Grande.
De repente terminada la última canción, el manisero declama ceremoniosamente: Con Ustedes Manolo, Vendedor de maní de alta calidad, cantante profesional, y adivinador del futuro. Propone a los transeúntes a adivinarles el futuro pero las pocas personas que están en la plaza miran para otro lado rápidamente, sólo Tía Inés y la hermana lo están mirando en ese momento.
-Manolo les sugiere que por unos pocos pesos les adivina el futuro, se ponen a hablar con Manolo y regatean el precio de la adivinación, a esta altura a tía Inés y a la hermana les daba lo mismo seguir hablando entre ellas a ver que les deparaba el porvenir del manisero.
-Manolo después de guardarse unos pocos pesos en el bolsillo que le dio tía Inés, comienza la adivinación, primero con generalidades mundiales, luego comenta la geografía argentina como si fuera un manual de escuela hasta llegar a la zona sur y describir las calles empedradas, las veredas arboladas, las calles de tierra, los potreros donde se jugaba al fútbol y para sorpresa de tía y hermana describe por último el lugar donde vive cada una de ellas, allí les toma las manos con reverencia y mirando sus manos y luego sus caras, arrodillado en la plaza, se levanta y suelta, tendrán una buena vida, Buenas tardes y se va.
-Tía Inés y la hermana lo siguen unas cuadras y les dice que las estafó que quieren detalles de su adivinación y él les dice que por lo que pagaron tendrían que estar más que satisfechas de su trabajo. Insisten, pero Manolo es inclaudicable y lapidario: -Acá se terminó señoras, quédense con lo bueno que les va a venir porque de las dificultades, de las tremendas dificultades ya tendrán para entretenerse. Y saludó Manolo sacándose la gorra y haciendo ademán de despedida para siempre.
Por Pablo Pallás