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Literatura: Juan, el Pappo de Villa Centenario

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AAPappo LiteraturaEl blues del Conurbano, las bandas de barrios, Pappo y un joven plomo del Carpo se entrecruzan en este relato. Otra vez, Don Acuña y el Pibe hilvanan una historia de atractivo sabor agridulce. Un cuento de Pablo Pallás.

 

Don Acuña está reflexivo sentado un bar de Lomas con el pibe. El pibe le clava la mirada y le dice – ¿En qué piensa Don Acuña?.

-En el Blues, en Pappo, -dice Don Acuña

El pibe retruca: -¿No me diga que lo vio en Lomas?

Don Acuña contesta con ganas de hablar: -Un montón de veces pibe, venía a Temperley a tocar y después nos tomábamos un vino y hablábamos de autos, de motos, de fierros, era su pasión.

Pero te voy a contar la historia de un amigo, más joven que yo, Juan Gómez, de Villa Centenario, una especie de ahijado mío, conocía bien a su familia. El pibe hizo el primario con esfuerzo y le insistimos para que siga estudiando, cuando estaba terminando el secundario, se le dio por la música, apasionado del blues y su ídolo era Pappo. Lo agarró en la etapa Riff.  Juan tocaba cada vez mejor la guitarra, tenía un profesor en el barrio que lo iba orientando, pero tenía que ayudar en la casa y hacia changas para ganar un mango; eso le sacaba tiempo para el estudio pero nunca para la música. Lo llevé a un par de recitales de Pappo y se lo presenté una vez. Estaba impresionado, tal es así, que una vuelta, después de uno de sus recitales en Temperley, sale el Carpo con su auto y pincha una rueda a unos metros de dónde estábamos, sobre Meeks. Juan sale corriendo y lo ayuda a cambiar la rueda, le pide un autógrafo y como tenía lapicera pero no un papel, le dice que le firme en el brazo, Juan al otro día se hace un tatuaje con el autógrafo que tenía sobre su piel.

Ya más grandecito, Juan necesitaba laburo y se volvió a encontrar a la salida de un recital con Pappo y le pidió ser plomo de él, el músico lo contrato y así anduvo unos cuántos recitales llevando los equipos de su ídolo por el país. Soñaba con tocar con él, en realidad como él, pero nunca se animaba a decirle que sabía todos sus temas muy bien con la guitarra, hasta que en una prueba de sonido agarró una viola y se puso a tocar temas de blues para probar la guitarra. Pappo pasó lo vio, lo escuchó y le dijo, -pibe prepárate esos dos últimos temas que la semana que viene los tocamos juntos.

Juan Gómez, estaba que volaba por el aire, no lo podía creer, la oportunidad había llegado al fin, tocaría con  Pappo y algo le decía que su suerte iba a cambiar. En esa semana Pappo muere en un accidente con su moto. No hubo próximo recital, Juan se quedo con las ganas y toda la tristeza.

Al tiempo Juan armó una banda de blues, claro y tocaba con otros amigos que había hecho en lo de su profesor en Villa Centenario, ayudaba en un bar de Temperley dónde sólo se escuchaba blues y rock y él ,cuando terminaba sus tareas, ya de madrugada tocaba con su banda, los temas de Pappo.

El bar se fundió, ya no más laburo, y se les hacía muy cuesta arriba conseguir lugares donde tocar y cobrar con la banda, y cada uno tomó su camino.

Fin de la historia.

El pibe retruca, -Pero Don Acuña y ¿qué es hoy de la vida de Juan?.

-Juan Gómez, excelente guitarrista, amante del blues, admirador de Pappo es el muchacho que ves por la mañana limpiar los vidrios de la mayoría de los restaurantes de Las Lomitas.-aclara Don Acuña. Y agrega: quédate tranquilo, algún día va a volver al blues

 

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