Tres amigos y una rutina: la vuelta en bici a la tardecita. Pasado y presente que se mezclan, música de Queen, cebolla en la piel y un hoy muy lejos de un ayer. Un relato de Pablo Pallás para DiarioConurbano.com.
Una sinceridad extrema notaba en los ojos de Charly cuando lo conocí. Aire superior y actitud tierna. Piti me había invitado a su casa a escuchar el último disco de Queen. The Game.
Andábamos en bicicleta en pleno invierno hasta el atardecer y esa pausa con una taza de leche era tentadora, más tentadora para nuestros doce años que ver a Claudia asomándose en la puerta de su casa. El disco era de Charly, que con prolija ansiedad no dejaba terminar un tema, que ya levantaba la púa y nos hacia escuchar el siguiente, el viejo lo reto. Dijo que así estropeaba todos los discos que tenía.
Piti me cuenta de su hermano mayor, que tenía muchos discos y que contrariamente a lo que dijo el padre, los cuidaba, que cambiaba de novia como de camiseta –novia, dijo, para nosotros eran novias- en realidad camisetas tenían pocas, para reemplazarlas Piti iba al colegio con varios pulloveres puestos a la vez, parecía una cebolla pero de pulloveres y buzos de plush.
Al poco tiempo nos dejamos de frecuentar con Piti. Charly, empleado en YPF según la tradición familiar, se casó con su última novia, la hija menor de un italiano prestamista que vivía frente a mi casa. Tuvo un hijo, construyó un chalecito, detrás del chalecito del Italiano, en un barrio lleno de chalecitos construidos por el Banco Hipotecario unas décadas atrás.
Con Piti andábamos en bicicleta por dos barrios de Lomas, de una plaza a otra, de una barra de pibes a otra, de la casa de una piba a otra, sólo para verlas mirarnos, a veces cruzábamos un saludo tímido. Terminábamos o empezábamos según se viera siempre en la Plaza Libertad.
Charly sincero, padre, familiero, vecino ya sin fama de mujeriego, con barba y secuelas setentistas en el vestir, con auto o camioneta de YPF. Charly diabético. Charly aplicándose insulina diariamente en las peores épocas. Ella es una engrupida, decían las viejas del barrio en el almacén, ¿Con quién se cree que se casó? Charly camina del brazo de su mujer delante mio y no me saluda. Charly toma el colectivo en la esquina torpemente ayudado por las manos de su mujer. Anteojos negros, andar lento. La diabetes se lleva los ojos, cuando no la vida.
Sacamos la bici de Piti a la calle, se aflojó la cadena. Charly viene con una pinza y la ajusta, andamos, el frío de este invierno es muy cruel, en la plaza Libertad ya no hay nadie, volvemos con miedo y oscuridad. –Piti, mañana a las seis, -mañana a las seis, contesta. –Ponéte un pullover menos, pareces una cebolla.
Pablo Pallás.