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Literatura: Aquella pelota en el oscuro Arroyo del Rey

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AAPelota BarroUn nuevo relato de Don Acuña nos permite viajar en el tiempo a un Parque Municipal de Lomas distinto, con menos construcciones, más árboles y, en especial, más fútbol. Pero, como ocurre muchas veces, es un trago dulce que permite soportar los golpes duros de la vida.

 

Don Acuña y el pibe sentados en la mesa de un bar en Lomas de Zamora.

Se repite la escena, se repite el encuentro, la charla.

-Cuánta literatura hay relacionada con el fútbol, Don Acuña,- dice el pibe.

Don Acuña siente que sus recuerdos se remueven y al instante se sienta más derecho lo apunta con la mirada al pibe y arranca:

-Mirá pibe, yo seguía a un grupo de muchachos que eran amigos, a jugar al futbol hace una punta de años, eran adolescentes, había terminado la guerra de Malvinas y se prometía una apertura democrática en el país, estos pibes, inmersos como podían en esa realidad trataban de vivir su adolescencia a los tumbos.

Se juntaban una vez por semana a jugar al fútbol en el Parque Municipal que ahora se llama Eva Perón, el que está en Molina Arrotea y lo bordea el Arroyo del Rey.

El Parque es el Central Park de Lomas, si Paul Auster hubiera pasado por allí seguro ambientaba una de sus novelas. El Parque no era lo que es ahora, un gran gimnasio, piletas de agua climatizada, la pista de atletismo, arboles y caminos de tierra marcados, la pista de ciclismo.

En aquella época entre los árboles estaban los caminos de tierra también, la pista de ciclismo se estaba construyendo y el gimnasio nunca sabíamos quién lo usaba.

Estos muchachos incipientes grandes promesas del fútbol caminaban bordeando el arroyo del rey hasta llegar al Parque, buscaban un terrenito propicio o se metían en la cancha del Colegio San Bonifacio que está al lado hasta que alguien los echaba. Pero cuando jugaban en el parque, se cruzaban con ciclistas, con alguna pareja que estaba recostada en un árbol haciéndose unos mimos y estos le hacían recomendaciones a los gritos al novio en cuestión, creo que todos ellos querían estar con una chica en esa situación, a falta de ello, recurrían a jugar al fútbol.

Grandes promesas futbolísticas, el rubio, el toro, el narigón, el funebrero, el primo, el ropero y el famoso Lumbrí. El Lumbrí jugaba bien y creía que con el tiempo iba a jugar mejor, pero no fue así al poco tiempo empeoró su juego de tal forma que terminó despreciando el fútbol y le pedía a sus amigos que lo invitaran a jugar al vóley, deporte que le llevó un pedazo de diente y en el que era tan malo como en el fútbol, otro día te cuento la historia del Lumbrí.

Bien, estos muchachos y algunos otros que no recuerdo sus apodos ni sus nombres, hacían buen fútbol y se divertían fueron todo ese año una vez por semana al Parque a jugar. El fútbol es pasión, es encuentro, destreza, colaboración, actitudes que sirven para la vida como cualquier otro juego y ellos en pleno crecimiento descubrían en las charlas previas y posteriores situaciones de la vida misma, de lo que les pasaba a ellos y escapaban un poco de esa realidad que los circundaba.

Las grandes promesas futbolísticas terminaron en otra cosa, no sólo el Lumbrí, sé que alguno de ellos se reúne a correr un rato con la pelota con amigos de vez en cuando.

Pero, lo más increíble fue lo que vi una tarde cuando se les cayó la pelota al arroyo del rey y ya se estaban yendo, el arroyo no estaba como ahora y menos como en mi época –dice Don Acuña-  que yo me bañaba allí- estaba totalmente contaminado, pero no con la obra de canalización que tiene ahora, así que estaba ahí, toda la podredumbre cerquita. La pelota se les cae y tenían que cruzarlo además para ir del otro lado del parque para volver a sus casas. En esa parte el arroyo estaba bajito, pero muy enlodado, sobresalían unas piedras, se manda uno de ellos pisando y saltando por las piedras y rescata la pelota y lo cruza. Va el que sigue y mete una pata en el agua y todos creíamos que se le iba a podrir, pero no le paso nada, como no quedaba otra, o separarnos o caminar juntos, fueron cruzando uno a uno despacito pisando las piedras hasta llegar al otro lado, incluso el Lumbri, lo cruzó. Todos del otro lado se fueron comentando la hazaña.

-No entendí bien Don Acuña- dice el pibe.

-Pibe,-agrega Don Acuña, -Era la vida que estaban viviendo, lo que cruzaron, año 1982. Una  metáfora sin querer dibujaron esa tarde.

Por Pablo Pallás.

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