Marina Mosesso, directora y vice en dos jardines de infantes de Almirante Brown, es paciente oncológica y denunció que en la Obra Social de los empleados del Estado de la provincia de Buenos Aires dilatan la entrega de medicamentos para afrontar sesiones de quimioterapia ya sea por supuestos faltante de los mismos o por cuestiones burocráticas. “Nos están abandonando”, lamentó en diálogo con DiarioConurbano.com.
El próximo 26 de febrero se cumplirá un año de la muerte de Gabriela Ciuffarella, la docente lomense a la que IOMA en una primera instancia le negó el medicamento oncológico que ella no podía adquirir por su alto costo pero luego le habilitó pocos días antes de su fallecimiento tras el deterioro de su salud y un sinnúmero de reclamo por parte de familiares y el gremio al que pertenecía.
A su sombra se encuentra Marina Mosesso, directora y vice respectivamente de los jardines N° 960 de San José y N° 927 de Don Orione, que desde hace un mes pelea en las oficinas de la Obra Social de los empleados del Estado provincial para que le provean Aprepitant (cápsulas) u ondansetron (ampolla), medicamentos que se usan para prevenir las náuseas y los vómitos que causan la quimio y radioterapia.
La docente browniana de 47 años debía comenzar con su tratamiento oncológico tras las pasadas fiestas, pero la burocracia del ente y la demora en la entrega de los medicamentos obligó a que el mismo se viera retrasado hasta hace pocos días, cuando ella pudo adquirir de forma particular esas drogas.
Ante las complicaciones en su camino, Marina acudió al municipio para pedir ayuda. Pese a la buena predisposición del Ejecutivo municipal con el intendente Mariano Cascallares a la cabeza y las gestiones del Dr. Walter Gómez, el Jefe de Gabinete de la secretaría de Salud local; IOMA continuó con las trabas a la hora de entregar las sustancias aduciendo un faltante de las sustancias, la cual no se notaron en las farmacias cuando la docente la adquirió o en los laboratorios ante la consulta de los funcionarios.
En diálogo con DiarioConurbano.com Marina Mosesso aseguró que “comprándola en forma particular la droga apareció, pero por medio de IOMA no está” y por eso “algo raro hay en el medio”, sospechó al tiempo que lamentó: “Nos están abandonando”.
En medio de los tironeos, Marina indicó que está a contrarreloj porque pese a que su médico rehízo las órdenes y ya las presentó porque la entrega de las sustancias tras realizar las autorizaciones tardan días y no llegaría a la segunda sesión de quimioterapia.
“Me tienen que hacer la autorización y tengo que pedir las ampollas en la farmacia pero no me la van a dar de un día para el otro. En definitiva, otra vez voy a tener que comprármela porque no dan los tiempos”, manifestó sobre las peripecias que debe hacer para conseguir la droga que en farmacias ronda los 5 mil pesos y que necesita cada vez que se trata una vez por semana.
Ajena a la lógica del resto de empresas en servicios de salud, IOMA no trabaja con sistema de reintegros, según informó la docente, excepto en casos poco habituales, por lo que las únicas opciones para los afiliados son esperar o desembolsar el costo del medicamento contrario a lo que indica la Ley.
“No estoy pendiente de que me reintegren, solo quiero la droga para curarme. Más adelante haré el reclamo” afirmó Mosesso sobre el asesoramiento que recibió desde el municipio y SUTEBA a la hora de los reclamos.
Para la segunda sesión de quimioterapia que debe realizarse a finales de mes, Marina acudió a las oficinas de la Obra Social en Adrogué con las correspondientes recetas autorizadas y recibió la negativa de retirar Aprepitant ante un supuesto faltante de la misma. En ese momento, le informaron que si tenían en stock ondansetronpero debía volver a realizar las órdenes.
Al poco tiempo llevó la documentación necesaria para que habiliten el pedido de su médico por las ampollas, pero le realizaron la autorización de cápsulas nuevamente al contrario de lo especificado en la orden y con una fecha de vencimiento anterior a la fecha de emisión.
Frente al error y la ilógica de la autorización de una receta cuya caducidad era cuatro días antes de su emisión, la respuesta de los funcionarios del lugar tras dos horas de espera fue que debía volver al otro día para efectivizar la corrección de una documentación expedida erróneamente desde esa misma oficina minutos antes.
“Me fui tan mal de IOMA que quedé sin ganas de seguir rogándoles cosas que me pertenecen” confesó la docente luego del destrato recibido por el personal de la Obra Social, donde reveló que se encontró con afiliados que poseen el mismo problema ya sean también pacientes oncológicos o diabéticos.
La mala atención en la oficina browniana es moneda corriente según los empleados Estatales que acuden a la misma. Varios de ellos debieron llevar sus trámites hacia la central de Lomas de Zamora como lo hizo Mosesso ante lo que calificó como “desidia” del personal del lugar.
“Estoy luchando por mí, pero esto tiene que cambiar para todos los afiliados porque IOMA nos cuesta mucha plata y hay mucha gente igual que yo”, confesó.


