Simpatizante de Temperley y con una hija que es defensora oficial, Silvia González se jubiló dejando en su haber importantes investigaciones a las que le puso el cuerpo y que le merecieron muchos reconocimientos pero también unos enojos de uno cuantos funcionarios públicos. Las Masacres de Andreani y Wilde, la banda de los Sacapresos y las fotocopias sobrefacturadas en el Concejo Deliberante de Lomas fueron algunas de las causas que pasaron por sus manos.
En diálogo con Diarioconurbano.com, la titular del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 2 de Lomas de Zamora, recoordó cuñales fueron sus investigaciones más complejasa. «Fueron dos: una fue por el momento en que me tocó, recién había jurada como jueza en lo Criminal y Correccional en diciembre, y en enero tuve (la Masacre de) Wilde, y me costó mucho organizarme para ese trabajo, fue un desafío muy importante.
La Masacre de Wilde tuvo lugar en esa localidad de Avellaneda el 10 de enero de 1994 por la tarde cuando un grupo de efectivos de la ex Brigada de Investigaciones de Lanús persiguió y disparó contra dos autos en los que se movilizaban 5 personas. Cuatro de ellas terminaron muertas bajo las balas policiales. La jueza Silvia González encarceló a once policías por el hecho, pero poco después, siempre en 1994, fueron excarcelados y sobreseídos. En 2014, el juez de Garantías 8 de Lomas, Gabriel Vitale, reactivó la causa a partir de una resolución de la Suprema Corte provincial y elevó la causa a juicio oral y público.
«La causa de Wilde está elevada a juicio, pero es una causa que tuvo decisiones judiciales adversas a la decisión del Juzgado en su momento, que terminaron con un sobreseimiento, y que a partir de la actuación de los particulares damnificados, se revirtió. Yo acá pude, a mi juicio, acreditar qué había sucedido y cómo había sucedido», sostuvo González.
La otra inviestigación compleja, para la jueza, fue la banda de los sacapresos que terminó con la destitución del ex camarista Eugenio Alsina, de Lomas de Zamora. «Fue una investigación que me costó mucho”, reconoció.
La voz de la jueza simpatizante del Club Temperley toma un tono más grave cuando recuerda la denominada Masacre de Andreani. «En Andreani es distinto, es un fracaso como investigación para mí porque no pude determinar qué había pasado y por qué. Y si tenés acceso a la decisión final, lo que digo es eso. Agoté todo lo que se me ocurría como posible, y no pude saber qué había pasado.Wilde, con todas las dificultades que presentó, se pudo determinar qué había sucedido», explicó
En noviembre de 1996, en un feroz intento de robo ocurrido en Avellaneda, donde murieron nueve personas. El hecho fue conocido como la Masacre de Andreani. En ese hecho, los asaltantes fueron sorprendidos por un importante grupo de policías generándose un feroz enfrentamiento. Los 6 delincuentes y el rehén fueron abatidos por las balas policiales. En tanto, también fallecieron dos efectivos de la Bonaerense.
La Masacre de Andreani siempre estuvo rodeada de una fuerte sospecha sobre la presunta entrega del robo por parte de la Policía a los delincuentes quienes habrían sido traicionados en ese acuerdo. Por el caso, nunca hubo detenidos.
– ¿Qué pasa cuando siente que una causa fue un fracaso?
– Es espantoso. No de cualquier causa, pero pesaba mucho cuando uno tenía una causa con un daño producido muy importante. Y que fracase esa investigación es una frustración terrible. No poder llegar a acreditar y saber lo que sucedió, es una frustración inmensa.
En sus 40 años de carrera y con causas pesadas que le tocó llevar adelante, la pregunta sobre presiones políticas y judiciales era inevitable. «Siempre cuento que la única vez que un político me llamó por una causa, tuvo que aguantar mi ‘perolata’ veinte minutos antes de dejarlo hablar, y era el hermano de (el ex diputado nacional) Pierri. Y el pobre señor me llamaba por un comedor comunitario. Pero fue la única llamada que yo recibí. Nunca se me presionó para, pero sí tengo muchas causas en las que tengo certeza que se frustraron algunas cosas por presiones que no vinieron dirigidas a mí, de esto no tengo dudas. Con esto, se hizo el escándalo y la denuncia que correspondía. En la causa del doctor Alsina, el 90 por ciento de mis colegas se solidarizó con la situación, recibí apoyo. Lo que sí veo como presión, es la tapa del diario de mañana. Cualquiera que quiera hacer una carrera judicial, tiene que poder ser capaz de abstraerse de eso.
Silvia González es autocrítica y lo reveló al momento de cuestiones pendientes en su carrera. «Tengo mil quinientas», reconoció. E insistió: «la que más me pesa es Andreani. Pero estas frustraciones tengo unas cuantas. No haber podido lograr que funcione un poco mejor el tratamiento de los detenidos, después de 40 años de trabajo. Me pesa no haber podido lograr que la gente que viene a declarar en un juicio no tenga que esperar toda la mañana para ser atendido. Me pesa que la gente espere en los pasillos, muerta de calor, cuando acá hay aire acondicionado. Son deudas que no hemos podido resolver institucionalmente».
Finalmente, la jueza recordó su etapa de instructora. «Ahora estoy lejos de la investigación, pero en el Juzgado de Instrucción la investigación es apasionante. Cada vez que había un hecho resonante, era decir ‘dejame que voy’. Pero tiene que ver con la formación. Siguiendo las noticias se te ocurren mil cosas para hacer, que capaz ya se hicieron», expresó.
Silvia González se jubiló pero, además de quienes aprendieron trabajando a su lado, le deja otro legado a la justicia Lomas de Zamora. Su hija, Yanina Invernizzio, es defensora oficial. Quienes la conocen aseguran que «tiene la misma impronta que su madre».
