El relato en primera persona de un combatiente sobre la guerra, el hambre y el frío. La historia detrás de la aparición de una carta escrita desde las islas tras más de cuarenta años de la Guerra de Malvinas.
En enero del 2025, Silvia Moroño se encontraba descartando viejos álbumes de fotos, almanaques y revistas deterioradas a causa de una filtración de agua en su casa en Lanús. De pronto, al final de la habitación vislumbra una vieja caja que había logrado sobrevivir al agua. Al abrirla, Maroño se encuentra con un sobre que en su interior conservaba intactas las cartas que tanto ella como su madre habían escrito a soldados durante la guerra.
Ambas habían oficiado como “madrinas de guerra”, una figura poco conocida que refiere a aquellas mujeres que, durante el conflicto armado intercambiaban cartas, paquetes y encomiendas a fin de brindar apoyo emocional a los soldados en los frentes de combate.
Uno de los soldados con quien habían logrado mantener un intercambio había sido Ricardo Ramírez, soldado conscripto oriundo del pueblo de Quitilipi en la provincia de Chaco, pero que vivía con su familia en Lanús desde hacía ya muchos años. La primera carta de Maroño está fechada el 4 de mayo de 1982. Azar o destino, Ramírez recibe la carta el 25 de mayo de 1982, el día de su cumpleaños.
Alberto Ramírez, hermano mayor del soldado, relata que en su nacimiento, sus padres habían decidido nombrarlo Ricardo Argentino, haciendo este segundo nombre alusión a la fecha. “Su nombre es en honor a la patria”, relata su hermano Alberto Ramírez
Durante la guerra, Ramírez formó parte del Batallón de Infantería Nº5 y combatió en Monte Tumbledown. El último día de la guerra, el 14 de junio de 1982, él y sus compañeros son forzados a replegarse ante el avance inglés y durante ese movimiento Ramírez es alcanzado por un mortero. Gravemente herido, fallece poco tiempo después, apenas horas antes de que el ejército argentino firmara la rendición y por consiguiente el fin de la Guerra de Malvinas.
Según relataron sus compañeros, en medio de los intentos por asistirlo, Ramírez les ordenó:“déjenme acá, mi mamá me está llamando y me quiero ir con ella”. Su madre había fallecido tan solo seis meses antes de que estallara la guerra.
A lo largo de las cuatro hojas que conforman su respuesta a la carta de Maroño, Ramírez relata con crudeza sus vivencias en las islas, las dificultades que afronta y la incertidumbre respecto al futuro.
“Hace dos meses no sé lo que es comer un pedazo de pan. Comemos a la mañana un jarro de mate cocido o caldo y, al mediodía, a veces un plato de polenta o lentejas que ni mi perro comería, pero para el hambre no hay comida fea”.
Tras el hallazgo, Silvia Maroño contacta a su ex compañero del colegio Tomás Espora de Temperley, Roberto Piccardi, cuyo rol resulta clave en el entramado de esta historia. Él combatió en Malvinas durante la guerra en el Regimiento Nº7 de Infantería de La Plata, presidió la Comisión de Enlace de Veteranos de Guerra de Lomas de Zamora durante años y continúa vinculado a la causa Malvinas.
Para ese entonces, enero del 2025, se encontraba recopilando cartas propias enviadas desde las islas con la intención de publicarlas. Anoticiada de esto, Silvia Maroño acudió a él con la finalidad de acercarle su hallazgo, con la ilusión de poder exhibirlas en el Museo Malvinas de la Comisión. Para Piccardi, la carta de Ramírez no pasó desapercibida, tanto en lo crudo de su relato como en su estado de conservación. “Estaba impecable, inmediatamente supe que esta carta era especial”, recordó el soldado lomense.
A partir de allí, inició una investigación para localizar a la familia del soldado y hacerles llegar la inédita misiva. Se contactó con el Centro de Veteranos de Guerra de Lanús y con sus compañeros del BIM 5, quiénes le aportaron datos clave para reconstruir la historia.
EL ENCUENTRO
Finalmente, organizó un acto en la sede de la UTI de PAMI en San Telmo para concretar la entrega. Allí se produjo el encuentro entre Alberto Ramírez y Silvia Maroño. Durante la ceremonia se entregaron copias certificadas de la carta, se reconoció a Maroño por su rol como madrina de guerra y se rindió homenaje al soldado caído.
“Para mí, todo lo relacionado a mi hermano ya se había leído, pero que aparezca esta carta fue una sorpresa enorme. Mi hermano me llena de orgullo. En la carta dice que la está pasando mal, que tiene hambre y frío, pero que a pesar de todo va a seguir luchando. Dio su vida por la Patria.”, expresó Alberto.
Tras la guerra, Ricardo Argentino Ramírez había sido uno de los tantos soldados argentinos no identificados y enterrados en el Cementerio de Darwin bajo la consigna “Soldado argentino sólo conocido por Dios”. Recién en 2017, en el marco del proceso de identificación de soldados, se pudieron reconocer sus restos y se recuperaron también algunos objetos personales suyos, incluida la medalla con su nombre.
La aparición de esta carta, más de 40 años después de finalizada la guerra, constituye un hecho inédito. No solo por su estado de conservación, sino también por el valor testimonial que aporta. Permite reconstruir, desde la voz de un protagonista, las vivencias y los pensamientos que atravesaron los soldados en aquellos fatídicos días en las islas. Permite también, recuperar una dimensión poco explorada del conflicto, el caso de las “madrinas de guerra”, un aspecto desconocido y menos abordado.
“Que aparezca una carta de un héroe de guerra 43 años después, la torna en un hecho casi sin precedentes. Termina Silvia siendo de las primeras madrinas de guerra que se conocen. Es una carta privilegiada y por eso quiero que se conozca la historia de este héroe de la Patria”, destacó Piccardi, un ex combatiente de Lomas de Zamora, que viene dando testimonio de su experiencia en Malvinas desde hace muchos años.
JUAN JUÁREZ
N. de la R.: El autor de la nota reflejó esta historia también de forma audiovisual aquí.

