Ante la decisión del Gobierno nacional de extender la cuarentena hasta el 26 de abril, inclusive, las organizaciones sociales insisten en que en los barrios la situación es compleja y más que el coronavirus, la principal preocupación es el hambre. En los comedores comunitarios, la demanda se llegó hasta triplicar y advierten sobre la dificultad para comprar carne y verduras. Además, las malas condiciones edilicias dificultad que las familias puedan permanecer en sus casas.
“Estamos teniendo inconvenientes porque no están bajando la mercadería para los comedores y no damos abasto, estamos desbordados. No es solo en este contexto de cuarentena, sino que cuando levanten el aislamiento, va a ser muy difícil todo porque la economía está muy mal. Mucha gente quedó fuera de las medidas que tomó el Gobierno, que no acceden a un programa o no tienen DNI”, advirtió Natalia Zaracho, militante del MTE que trabaja en un comedor comunitario en Fiorito, a DiarioConurbano.com.
Antes del aislamiento, al comedor donde trabaja Zaracho “venían 150 personas a buscar las viandas, ahora son 600 personas” y apuntó que “hay un comedor que prepara 2000 viandas por día”.
Además de hacer malabares para llegar a preparar las viandas necesarias, desde la organización se esfuerzan en cumplir con las normas de higiene que se establecieron para prevenir el contagio de coronavirus. “Hacemos todo lo posible, pedimos que haya un metro y medio de distancia entre persona, cada persona que trabaja en el merendero o comedor tiene sus guantes, barbijos, alcohol en gel”, detalló la referente barrial y contó que para los adultos de la tercera edad “se le lleva a la casa la vianda porque son población de riesgo”.
No obstante, acaró que “los fines de semana no hay nada”. “Somos las organizaciones sociales las que bancamos en los barrios”, aseveró.
En el barrio 1° de Octubre en Fiorito, el centro comunitario que coordina Alberto Larez pasa por la misma situación. “Tuvimos que volver a cocinar, antes realizábamos actividades y éramos un centro que se dedicaba a que los vecinos terminen el secundario y el primario, paro se suspendió por ahora. Empezamos a cocinar la semana pasada, empezaron a venir 25 personas y ahora son alrededor de 100”, relató el referente barrial a este medio.
Contó que, para respetar las medidas de seguridad e higiene, “la gente viene con su tupper a retirar su porción, comen en su domicilio, se les avisa a través de un grupo de WhatsApp para que vengan a retirar la comida” y detalló que cada persona que trabaja en el comedor “tiene barbijos caseros que los realiza una vecina, chalecos para cocinar y guantes”.
“El problema principal es la comida”, remarcó Larez y explicó que “una parte de la mercadería la provee la UTEP, pero solo son alimentos secos, tomate, arroz, el tema es la mercadería fresca que se trata de juntar como se puede”.
Pero el problema en el barrio no es solo la falta de comida, que ya es grave, sino que el aislamiento se vuelve una tarea difícil de cumplir cuando la zona tiene problemas ambientales, como ocurre en la mayoría de los asentamientos. “Somos una zona de alta contaminación de distintos niveles, tenemos una curtiembre que siempre trabajó con plomo, cromo, con sustancias contaminantes, la contaminación acá es estructural”, advirtió.
“Teníamos un terreno que iba a ser destinado para construir viviendas, pero hay una denuncia penal porque se encontraron tanques de hidrocarburo. Es un terreno que se limpió parciamente. Ya antes de la pandemia teníamos problemas estructurales en cuanto a la contaminación, por eso, creemos que tiene que haber una mirada especial sobre ciertos lugares”, replicó el referente del barrio.
En el barrio de Zaracho, también afecta la contaminación y otras enfermedades como es el dengue y la tuberculosis. “Tenemos casos a los que la salita no tiene respuesta”, alerto la referente del MTE y expuso que “durante las primeras dos semanas se cumplió la cuarentena, pero ya no tanto porque los compañeros y compañeras tienen la necesidad de llevar algo a la olla, sus casas son muy chicas, en muchas no hay agua potable, no tenes cloacas, se corta la luz” describió.
En tanto, en el barrio 1° de Octubre viven alrededor de 9 mil personas y solo cuentan con una unidad sanitaria. También, se enfrentan al problema de la propagación del dengue y piden que se fumigue con periodicidad ya que “es una zona de población cartonera, la actividad está parada y siempre quedan residuos en el barrio y eso complica la situación”.
Para los que quieran colaborar con los comedores, pueden ingresar a https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSd0IKfVK0RE9oyWD1lA6TDK3ivAjv2ZoXpvRcFhgR83HYwL0A/viewform


