En los Tribunales de Lomas de Zamora continúan las audiencias por el femicidio de Érica Acuña, ocurrido en San José en 2015. Por el hecho está imputado quien fuera su pareja y padre de tres de sus hijos, Sergio Alanis, por homicidio agravado por el vínculo. En la segunda audiencia testimonial, personal policial reveló datos que podrían complicar al acusado.
La fiscal de la causa, Fabiola Juanatey, interrogó a una mujer policía que se encargó de realizar la inspección en el lugar de los hechos. Natalia Rojas de la Comisaría 6ta de Lomas aseguró que dentro de la casa donde Acuña recibió el disparo, se encontraron distintos elementos que llamaron la atención. Entre ellos, “una remera cortada de mujer” en el tacho de basura de la cocina, “en un condimentero una caja de cartuchos” y “arriba del extractor de la cocina, adentro de un mate, cartuchos de arma de fuego calibre 22”.
Además, la oficial sino que en la habitación matrimonial “en la cama había una frazada que tenía un circulo y estaba quemada”, y en una de las cajoneras halló “un cargador vacío calibre 22”. Por otro lado, en el lavadero, personal policial encontró “prendas de cama, de mujer y un peluche” con rastros de sangre.
En esta línea, Rojas agregó que en la pared había manchas de sangre, y que la vaina servida del disparo que recibió Acuña se encontraba “en el marco de la puerta que separa el living del lavadero”.
La gran cantidad de sangre que se halló en el lugar parece debilitar la versión de la pareja de la víctima acerca de que todo fue obra de motochorros que la atacaron en la puerta de la vivienda de San José.
Frente a estos hallazgos, según el testimonio de Rojas, su superior pidió que se realice el dermotest a Alanis.
Lilian Beatriz Derimanes, de la Policia científica, relató ante el Tribunal Oral en lo Criminal 9 que el resultado de dicha prueba fue negativo pero “no tiene que ver (el resultado) con que haya disparado o no”. “No se encontraron residuos” en la muestra de Alanis, aseguró la especialista, pero manifestó que ese resultado puede llegar a tener que ver “con el momento en que se toma la muestra”. “Si las manos fueron preservadas, es factible que se encuentren residuos” de pólvora, indicó, pero afirmó que “si no se preservaron, las partículas se van desprendiendo”.
El hecho ocurrió el primero de junio de 2015 a la mañana, cuando Acuña ingresó herida de bala en el abdomen al Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora, donde fue trasladada por el acusado de haberla matado. “La mujer murió apenas llegó al Gandulfo porque estaba muy mal por la herida. En medio de una crisis de nervios, Alanis, su pareja, contó que habían sido asaltados por dos motochorros enfrente de la casa, en Yatay al 100, en el barrio San José”, detallaron en su momento los investigadores del caso.
a versión del hombre fue desmentida a los pocos minutos por un grupo de familiares de Érica Acuña. “Estos familiares dijeron que el hombre golpeaba a su pareja y pedían que, por favor, se lo investigara porque no le creían”, relataron las mismas fuentes a este portal.
En ese marco, pocas hora después del hecho desde la UFI 9 del Departamento Judicial Lomas Zamora dispusieron un allanamiento a la vivienda de Acuña y Alanis en San José. Los investigadores hallaron sábanas de la cama matrimonial manchadas con sangre y una vaina servida en ese dormitorio. En esa situación, Alanis comenzó a contradecirse sobre su versión y la fiscal dispuso su detención.
