Pasaron más de 10 meses del extraño homicidio del arquitecto porteño Horacio Muruaga, de 65 años, ocurrido en Villa Porá, Lanús Este. Si bien en un comienzo, todo apuntaba a los vínculos anteriores de su pareja, y se descartaba la hipótesis del intento de robo, la investigación no tiene avances de importancia y en el entorno de la víctima temen que “todo quede en la nada”.
Muruaga fue asesinado el viernes 26 de noviembre del año pasado en Maure y Posadas, en Villa Porá, en Lanús, cuando acaba de estacionar su auto y estaba junto a su nena de 4 años, fruto de su relación con Gisela Encio, una mujer 20 años menor, que vivía en ese barrio.
“No le robaron nada por lo que no fue un intento de robo. Fueron a matarlo”, aseguraron desde un comienzo los investigadores judiciales y policiales. El arquitecto que vivía en Recoleta pero se estaba por mudar a Lanús fue ultimado a balazos.
Gisela Encio tenía dos hijos con los que, según contó ella a distintos medios, el hombre se llevaba bien. Ambos tenían una nena de 4 años.
Los investigadores y la familia de Muruaga siempre pusieron la sospecha en el entorno de Encio y su ex pareja. Si bien la pesquisa comenzó por ellos, con el tiempo se fue desvaneciendo.
“El convencimiento de que el móvil no fue el robo está pero es muy difícil avanzar”, señaló a este portal una fuente allegada a la investigación.
Gisela Encio, al igual que la familia del arquitecto, desde un principio salió a reclamar justicia. En los medios, también expresó que “no le cerraba” la posibilidad de un intento de robo pero no pudo aportar mucho más.
A medida que pasan los días, las esperanzas de efectuar detenciones por el crimen de Muruaga se desvanecen. La causa – caratulada “homicidio” – se encuentra en la UFI 6 de Lomas de Zamora, a cargo del fiscal Ramiro Varangot.
