El médico Américo Lagomarsino falleció este sábado y la tristeza invadió al Barrio Laprida. Reconocido por todos los vecinos de la zona, incansable luchador en reclamos vecinales y dueño de enorme generosidad y sensibilidad social al momento de ejercer su profesión, el “Doctor Américo” como siempre lo conocieron todos se fue dejando un enorme reconocimiento de mucha gente. Sus restos serán velados desde el mediodía de este domingo, en la Sociedad Fomento Barrio Laprida, en Boedo y Manuel de Falla, en Lomas. El docente y escritor Pablo Pallás lo conoció de cerca y escribió, con el dolor a flor de piel, esta semblanza del reconocido médico para Diarioconurbano.com.
“Mezcla de tierra y de cielo,
proyecto de humano y divino…
que en cada hombre se hace rostro
y su historia se hace pueblo”.
“El Hombre proyecto de Pueblo” de Mons. Angelelli
Un barrio entero y varias generaciones de sus vecinos pasaron por su consultorio, o él los visitó en sus casas. Nadie escapa a este final doloroso de la vida que es la muerte. Creíamos que él podía. Américo Lagomarsino, el Doctor Américo que nos curó y nos cuidó durante más de cincuenta años en el barrio. En la calle Portela, a dos cuadras de la Plaza, a dos cuadras de la Parroquia. Su labor cotidiana le daba sentido a la vida, a todas las vidas. Muchas veces tentado por los políticos de turno a integrar alguna lista para algún tipo de cargo, rechazaba con una mezcla de alegría y resentimiento. Él decía que era médico y su rol en la sociedad pasaba por allí, y si lo buscaban a él, intuía que no había muchos hombres dedicados al bien común desde la función pública.
Participó de muchas causas y luchas barriales, la falta de agua, el exceso de agua cuando desbordaba el arroyo del Rey, allí codo a codo con otra persona enorme, Juan Walter, encabezaron marchas, firmaron petitorios y algunas cosas fueron mejorando en la vida de todos los vecinos.
La vida de un hombre ¿puede medirse por sus acciones? El obispo Angelelli –asesinado por la última dictadura en La Rioja – escribía en uno de sus poemas, “De tan hombre que era, era puro mensaje” Américo era un mensaje solidario en sus acciones. La bondad de un hombre paciente. El ejemplo de un hombre paciente, que sabía del Obispo Angelelli y que sabía muy bien cuál era su tarea socialmente. Hombre de una sólida cultura, particularmente compartía sus conocimientos –y sus libros- sobre la teología de la liberación.
Un hombre de fe. Cuando cumplió ochenta años, en frente de la Parroquia Ntra. Sra. de Fátima, en la Plaza Laprida, el barrio entero le festejó su cumpleaños, hace unos años, allí celebró cincuenta años al servicio de toda la gente que le cantaba. Una mujer, su mujer, que lo acompañó toda la vida, hasta el año pasado, ese día estaba a su lado. Desde que ella se fue, Américo entristeció, no públicamente, pero todos lo sabían. Sus hijas, sus yernos y sus nietos acompañaron a ese hombre que era un poco de todos los vecinos.
Dedicó tiempo y esfuerzo a cuidarnos, curarnos, a andar de casa en casa para vernos, a atender hasta altas horas de la noche, porque cada persona tenía su tiempo y no importaba cuánto dinero o qué obra social, a todos daba el tiempo que merecían. A veces sólo recibía las gracias por la atención, otras, pollos y huevos, otras alguna botella de vino, alguna vez un libro. Nunca se quejó por ello, al contrario. Si, se indignaba con las injusticias y le dolían, eso lo hermanaba con todos, especialmente con los vecinos del barrio.
Parafraseando otra vez a Angelelli, Se ha ido todo un hombre… quedará siempre en el barrio su impronta, su solidaridad, su compromiso con el prójimo. Hombres como Américo son aquellos indispensables para hacer que nuestras vidas sean un poquito mejor.
Américo se ha ido, querido y admirado. Llorado por todos. Estamos un poco más solos. ¿Quién nos cuidará ahora?


