A dos años, un crimen mafioso ocurrido en Temperley y que conmocionó a la opinión pública, permanece impune. Se trata del homicidio un joven de 23, perteneciente a la comunidad gitana, que fue ultimado de ocho balazos cuando circulaba en su auto último modelo. Lo único claro luego del paso del tiempo es que se trató de un ajuste de cuenta.
“Hay pruebas que se están tramitando, hay personas nombradas en la causa que podrían estar vinculadas pero no hay nada firme”, explicaron fuentes judiciales, consultadas sobre la causa por Diarioconurbano.com.
En tanto, uno de los investigadores hizo hincapié en uno de los escollos de la pesquisa: “los testigos dejaron algunos nombres pero en general fueron muy reticentes para dar detalles”. Y señaló que la comunidad gitana a la que pertenecía la víctima “es muy cerrada”.
Los investigadores también descartaron, casi desde el inicio del caso, la hipótesis del robo. “Nunca quedó clara la historia que estaba atrás, pero fue un ajuste de cuentas”, coincidieron.
El crimen ocurrió a las 22.30 del 5 de febrero de 2015 en el cruce de las calles Indalecio Gómez y General Acha de Temperley, donde la víctima, identificada como Gabriel Alejandro Maceiras (23), fue ejecutada por un hombre que efectuó varios disparos con una pistola y no le robó nada.
Según un testigo, el asesino descendió de un auto Chevrolet Corsa a bordo del cual había una o dos personas más.
«El testigo dijo que a él le pareció que primero se hablaron de auto a auto, luego bajó uno de los ocupantes del Corsa, sacó una pistola y ejecutó al conductor del Mini Cooper de varios balazos», dijo un jefe policial que trabaja en la pesquisa.
Las fuentes indicaron que de acuerdo a las evidencias balísticas recolectadas en el lugar del hecho y a los impactos que había en el auto de la víctima, el asesino efectuó entre ocho y diez disparos con una pistola calibre 9 milímetros.
Los voceros explicaron que Maceiras y su familia vivían en la zona, por lo que una vez enterado de lo sucedido, el hermano mellizo de la víctima llegó corriendo, se subió al Mini Cooper y lo condujo hasta el Hospital Gandulfo, aunque allí los médicos no pudieron hacer nada porque se constató que el hombre baleado había llegado muerto.
Una de las hipótesis que nunca se comprobó pero que sobrevoló la causa ha sido si los disparos, en realidad, iban dirigidos al hermano mellizo de la víctima fatal. Un dato importante para robustecer la hipótesis de la equivocación: el Mini Cooper pertenecía al hermano de la víctima.
En cuanto a la familia Maceiras, se supo que uno de sus integrantes había tenido una condena por piratería del asfalto. “Se investigó también por ese lado pero no se pudo dar con nadie que pudiera estar involucrado directamente”, contó uno de los pesquisas.
El caso, caratulado como «homicidio», es investigado por la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 11 de Lomas de Zamora.
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