Con el Parque Finky de fondo, Don Acuña y el Pibe se vuelven a cruzar en otro diálogo de intercambio de experiencias. La llegada de la primavera y un viejo mito es la excusa para refrescar recuerdos.
Don Acuña y el Pibe comienzan a disfrutar del vientito y el sol de la primavera. Caminan por el parque Finky en una tarde soleada que se va apagando mientras charlan, hasta que el Pibe pregunta:
-¿Don Acuña, conoce el mito de la aspirina? En el día del estudiante, es decir en el día que comienza la primavera.
Don Acuña con picardía responde: -Claro Pibe, cómo no lo voy a conocer, pero de todas formas me gustaría saber cuál es tu versión del asunto.
El Pibe arranca: -Cuando éramos adolescentes, los días del estudiante o el día de la primavera, salíamos con los compañeros y amigos del secundario, hacíamos un día de picnic al aire libre. En aquella época solíamos ser muy organizaditos, con el tiempo no, pero le cuento cuando organizábamos la salida: La comida, la ropa, los accesorios, pelota de fútbol y guitarra, un micro que nos llevara y nos trajera al lugar elegido. El asunto del lugar lo resolvíamos yendo a una quinta de un compañero del curso que tenía su familia, cerca de Brandsen. Nos juntábamos en la puerta del colegio en Lomas de Zamora, a la mañana temprano y nos íbamos en el micro alquilado hasta la quinta.
La previa resultaba interesante en la preparación del festín, más allá de las cuestiones convencionales, organizábamos las cuestiones prohibidas, cigarrillos, bebidas espirituosas, o sea con alcohol, cualquier cosa, vino, vodka, una mezcla espeluznante y la famosa aspirina.
Todos los varones y algunas chicas afirmábamos que una aspirina puesta a tiempo en un vaso de coca cola generaba en las chicas un despertar sensual irrefrenable. Todos creíamos firmemente en eso. Todos y cuando digo todos, eran todos mis compañeros probamos el deseado y temido efecto. Poníamos la aspirina en el vaso de gaseosa y se lo ofrecíamos a alguna chica que –obviamente- estaba al tanto del asunto, pero nos hacíamos los tontos. La chica tomaba un par de sorbos del elixir y resto lo terminábamos nosotros. La ansiedad, más las hormonas juveniles a punto de estallar, nuestras ganas de algún beso y el efecto de dilatación en la sangre de la aspirina, hacían que nos tomáramos todo el vaso en cuanto la muchacha nos lo devolvía, diciendo que no quería más coca, sino sprite, allí no sabíamos si el efecto funcionaba. Pero nosotros quedábamos en un estado de expectativa tal, que queríamos besar hasta los caballos que paseaban en la quinta.
Nunca pasó nada gracias a la aspirina, cien por cien mito, leyenda urbana, mentira. Hubo besos, sí y muchos, pero nunca por efecto de la aspirina en la famosa gaseosa.
De todas formas todos los años preparábamos el brebaje que nos llevaría al éxito de nuestros sueños con la chica que más nos gustaba, las más bonita, la más atractiva, la más vistosa del grupo. Es cierto que lo único que motivaba ese acercamiento eran nuestras salvajes hormonas en ebullición y que nos animáramos a hacer cualquier cosa por un beso de la compañera codiciada.
La aspirina no funciona para eso. El despertar juvenil y el florecimiento de la primavera por si solos nos llevaban a un estado de amor con el universo, el frio se va, el sol calienta más nuestros cuerpos y la algarabía juvenil en medio del verde fresco del campo hacen lo suyo.
Cuando terminábamos el secundario, ya no organizábamos nada y el mito de la aspirina se fue diluyendo como la misma en un vaso de gaseosa. Pensábamos en pruebas un poco más arriesgadas, salir sin control, sin micro, sin destino fijo y así en distintos grupos, según las ganas de afrontar una aventura distinta.
El último año del secundario eran tantos los grupos como personas componían el curso de quinto año, estaba el efecto viaje de egresados, pero igual, casi todos teníamos amigos de otros lugares y los elegíamos para los días libres del colegio. Por otro lado ya no había chances con las compañeras que nos parecían bonitas, entonces, buscar por otros lugares se hacía indispensable.
Ahora, Don Acuña, la aspirina la tomamos para otra cosa, para que circule mejor nuestra sangre, algunos para prevenir y otros porque ya tuvieron problemas con su salud. Triste realidad la de la aspirina.
-Y Usted, Don Acuña ¿Qué cuenta del día de la primavera, del día del estudiante?
-Nosotros Pibe, inventamos lo de la aspirina, nosotros creamos los mitos, nuestra generación saltaba sin red todo el tiempo, después vinieron a organizarnos todo, el viaje de egresados, la salida del día del estudiante. Nosotros festejábamos cualquier feriado, era un día de amor y de lucha y así seguimos, resistiendo.
Por Pablo Pallás
