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La pava, el mate y los cuentos de tía Inés en el barrio Sitra

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Tiaines manuscritoEl Pibe recuerda a su tía Inés. Casi sin quererlo, en busca de la complicidad de Don Acuña porque sabe hay muchas tía Inés, casi una por familia. La escritura y el relato cuando la vista no da más, la han marcado. Otro relato de Pablo Pallás para DiarioConurbano.com.

Don Acuña y el pibe caminan bajo el sol tibio de estos días por la calle Maipú en Banfield. El pibe le comenta que en Banfield vivió su tía Inés y Don Acuña se ríe.

-¿Qué dije de gracioso Don Acuña? Dice enojado el pibe.

-Nada Pibe, yo también tuve una tía Inés, contame de tu tía, dice comprensivo Don Acuña.

-Mi tía Inés –  arranca el pibe – para mi vivió siempre en Banfield, en el Barrio Sitra, está ahí desde que se creó el barrio, para mi está ahí desde siempre, pero hace poco descubrí que tía Inés era del Partido de Las Flores. Después las idas y vueltas de la vida,  se instaló con mi tío en el Barrio Sitra, para mí siempre fue de allí, arraigada a las costumbres el barrio, a los reclamos de servicios, a las mejoras, a los viajes al centro de Lomas, para mí era de allí, de siempre, pero un día charlando con ella descubro que no.

Tía Inés ve poco, tiene problemas en la vista, entonces ella imagina alguna cosa que no ve bien y la comenta como real, no es algo dramático, ella lo vive naturalmente y todos creemos lo que ella ve.

Hace tiempo se le había dado por escribir, vivencias pasadas, situaciones que vivía en la calle, charlas con vecinas. Tiene un cuaderno estampado lleno de estos textos que alguna vez me mostró y le aseguro que algunos tienen una riqueza enorme Don Acuña desde el punto de vista de la anécdota.

La incentivé a que siguiera escribiendo, y que empezara a leer algunas cosas para inspirarse, me dijo que sí, pero no me hizo caso, sólo siguió con la escritura, todos los días a las seis de la tarde se hacía una pava de mate y se ponía a escribir en el cuaderno estampado, esto hasta que la vista no la ayudó más para eso. Ahora cuenta las historias y se las escriben.

Pero en esta primera etapa de descubrimiento de las vivencias que escribía se conectó no sé de qué forma con el dueño de una editorial chiquita, de esas en las que uno se tiene que pagar la edición, le dije que tuviera cuidado, que no malgastara el poco dinero que tenía, pero estaba tan ilusionada con ver hecho libro todo su anecdotario que vendió las bicicletas que habían dejado mis primos, sus hijos, antes de irse a vivir solos y una cocina, la más nueva que tenía, la reemplazo por una cocina vieja que tenía oxidada en un galpón.

Por fin para una Navidad nos mostró el libro Las Aventuras de Inés. Obviamente nos repartió un montón de ejemplares no de regalo sino para que vendiéramos. Algunos vendimos. La editorial, ninguno.

Un desastre que la llevó a la depresión y a otras enfermedades que aparecieron.

De todas formas después de mucha ayuda, arrancó de vuelta con la escritura volviendo a descuidar hijos y nietos, incluso a mi tío que empezó a ocuparse de los quehaceres del hogar, cosa que nunca había hecho en su vida.

-Mi primo se enojó con ella, con su hermano, con su padre y conmigo, decía que yo la había incentivado a tamaña locura. Traté de explicarle que no era una locura, que tenían mucha riqueza las historias reales que contaba su mamá y que podía ser muy importante para ella estar ocupada haciendo algo y no sólo jubilada esperando a morir como había declarado tantas veces. Mi primo con este argumento se calmó un tiempo pero la tormenta tardó en despejar el cielo de la vida de tía Inés.

Comprendió que la publicación del libro, fracaso de ventas, fue un  éxito personal y muchos amigos y vecinos, incluso otros parientes le agradecieron haberlo publicado. En realidad fue otro tipo de éxito. Un logro en la vida de tía Inés.

-Por supuesto Don Acuña, voy a contarle en otros encuentros algunas de las historias de tía Inés, hoy sólo le voy a decir que dicta sus historias y mi primo las escribe, mi tío no las lee y se aburre cuando se las cuentan.

Pablo Pallás

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