Un café en Charly Bar. Un recital de Charly García en el Country Club. Dos postales locales de los ´80. Un recuerdo que le cuenta Don Acuña al Pibe y otra historia que (re)nace. Un nuevo relato de Pablo Pallás para DiarioConurbano.com.
Don Acuña lo invita al Pibe a sentarse en un banco de la plaza Grigera, desde allí miran la Avenida Yrigoyen. Reflexiona y dice:
-Mira Pibe, allá en frente sobre la avenida adonde está ese banco, ahí existía en los ochenta uno de los bares más emblemáticos. “Charly Bar”, gigante, muchísimas mesas y un escenario enorme. Parábamos ahí, en el escenario nunca vi hacer música a nadie pero delante tenía una pantalla en la que pasaban videos musicales todo el tiempo. Una delicia. Fumábamos, se podía fumar en esa época en los bares.
Te voy a contar, que en el año 1984 o 1985 no estoy seguro, paraban todos los políticos de la zona, los empresarios, la muchachada los sábados a la noche, los tipos con oficina ambulante, los que iban a leer o escribir poemas. Todos paraban ahí, siempre había lugar, era inmenso.
La barra del Lumbrí, del que ya te hablé, se juntaba allí también, el Lumbrí ya no era el Lumbrí lo llamaban por su nombre que por confidencialidad no te lo voy a revelar.
Él con dos de sus amigos fumaban sus primeros cigarrillos y probaban algunas bebidas fuertes o sólo estaban con un café hasta las cinco de la mañana.
El Lumbri y sus amigos, buenos pibes, miraban a las chicas de otras mesas e intercambiaban gestos, sólo eso, miradas y sonrisas. Tenían su grupo de amigos y amigas en el barrio Laprida, pero se sumaban amigos de los colegios adónde iban y algunos incipientes militantes políticos. Ellos deambulaban ideológicamente, no era que cualquier cosa les caía bien, creían en la democracia que renacía y hurgaban generalmente en el PI y en la Democracia Cristiana, tenían relación con los amigos de la Parroquia del barrio y eso contribuía ese acercamiento.
En fin todo eso contribuía a que entre chicos y chicas con sus hormonas despertando a todo galope se encontraran a veces en un beso o en una relación de corta duración y mucho amor y promesas para el porvenir, de allí surgieron milagrosamente algunas parejas que todavía resisten.
Una noche de Mayo del 84 u 85 en “Charly Bar” se enteraron que Charly García tocaba en el “Country Club” de Banfield el sábado siguiente. Enseguida armaron la movida y convocaron amigas y amigos para ir juntos, La posibilidad de verlo a Charly allí sumado a ir acompañados de algunos amigos y las mejores amigas que pudieron invitar los llenaba de emoción, entre ellos había un par de parejitas armadas, pero muchas chicas estaban sin pareja y el Lumbrí y sus dos amigos con los que siempre iban al Bar creían que era una oportunidad para encontrar el amor anhelado.
Eran como veinte, fueron. Frío, mucha emoción, Charly que pasa raudamente cerca de ellos antes del recital. Todo prometía una noche hermosa y seguro lo fue. El grupo entró, todos parados, se iban acercando lo que podían al escenario. El Lumbrí –que ya no era el Lumbrí- y uno de los que paraba con él en Charly Bar se separaron del grupo porque vieron a dos chicas que los miraban, quizá por curiosidad, quizá por lo impresentables que estaban, el tema que para ellos fue un desafío, se acercaron a ellas y lo mejor de todo es que no hablaron una palabra con ninguna de las dos en todo el recital, sólo se miraban y se sonreían con alguna broma o comentario de García.
El miedo a decir alguna pavada y que el momento se estropeara, los mantenía así, juntos, mirándose sin tocarse, sin hablarse, miradas entre ellos y aplausos al escenario, miedo a romper el instante, fragilidad del tiempo adolescente que se hacía eterno. No pasó nada, o pasó de todo por dentro, luego de esa noche no se vieron nunca más, nadie atinó a pedir un teléfono ni a sacar conversación, se limitaron a disfrutar de Charly García en Banfield con compañía nueva, los amigos y amigas adelante, gritando y saltando, ellos bastante más atrás con estas dos muchachas que veían el show con ellos y con un grupo de gente más tranquila.
En un momento de la noche, Charly, señalo al grupo donde estaban ellos y les gritó “para ese grupo de Banfield en donde hay paz y amor” y empezó a cantar “Cerca de la revolución”.
Luego terminado el evento todos se juntaron para volver juntos a sus casas, un silencio largo los envolvió a todos, alguien tarareo la canción. Algo había cambiado, a partir de esa noche esos muchachos no fueron los mismos, pero sobre todo, los dos que se habían separado del grupo, sintieron a partir del mismo tema, del mismo momento, algo que los unía pero que también los separaba del camino desde allí en adelante, no digo de la larga caminata bajo la fría noche de mayo, sino del camino de la vida que elegirían. Ese recuerdo los uniría, pero la vida los iba a separar irremediablemente y en ese momento lo descubrieron. Cerca de la revolución, los dos habían escuchado lo mismo, los dos sintieron parecido, los dos tomaron caminos diferentes, nada fue lo mismo.
Pablo Pallás