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Literatura: Milton, el que llevó la pizza de Lomas a San Clemente

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Pizza MiltonOtra historía mínima nace de otro diálogo en Don Acuña y el Pibe. Esta vez, la mirada se posa sobre Milton, el pizzero del barrio que hizo una apuesta fuerte luego de enamorarse de esos lugares de verano que no se olvidan. Un texto de Pablo Pallás para DiarioConurbano.com.

-Don Acuña, ¿le conté de mi amigo Milton del Barrio Laprida?- arranca el pibe

-¿Hizo algo interesante ese chango? Escupe Don Acuña.

-Tengo varias historias de él, pero hoy  quería contarle una de vacaciones, una que se mandó en la Costa bonaerense.- Dice el pibe.

-Dale pibe, larga, -dice Acuña

-Vio como son los días de vacaciones, uno se termina enamorando del lugar al que se fue a descansar, pensando que toda la vida podría ser así, cree que el lugar indicado es ese y no otro para vivir. A veces suele pasar que sí, pero otras nos engaña la felicidad y el placer del descanso, de tener mínimas obligaciones, en el caso de ir a la costa, de ir a la playa, volver limpiarse la arena, leer un libro, escuchar la radio, jugar a las cartas, conversar con los compañeros de ocasión tomarse unos mates o un vino y así los días.

Milton fue a San Clemente, usted, sabe, Don Acuña,  que San Clemente es famoso por ese acuario enorme que tiene y ahora por las aguas termales. Resulta que buscaban petróleo y les salió agua caliente, entonces armaron un lindo balneario de aguas termales.

-Y te digo más, -dice Don Acuña, -Perón quízo hacer allí una base para armar submarinos, proyecto que luego no prosperó.

-Bueno, sigo, -dice el Pibe, -San Clemente, nombre de Santo, partido de la Costa, cerca del Conurbano. Bosquecitos, dunas, playa y mar. Ciudad en crecimiento constante, evidentemente muchos veraniegos que se quedan  a vivir y gente de los pueblos aledaños, pasando duros inviernos y ayudados por buenas temporadas viven lo que se dice dignamente o lo mejor que pueden. Algunos como Milton creían ver una mina de oro.

Milton tenía un despacho de pan, luego una pizzería, en una esquina en el Barrio Laprida, en frente de una Parroquia. Nosotros le encargábamos dos de muzzarela para el cura y él no se las cobraba y nos la comíamos nosotros, creo que Milton sabía de esto, pero era un buen tipo, nos quería.

Un verano volvió de un fin de semana de San Clemente y sentenció: “El verano que viene me llevo la pizzería a San Clemente”, jodió todo el año con eso y nosotros no le creíamos, pero finalmente llegó el verano  y lo hizo. La  pizzería volvió a ser despacho de pan que atendía una prima de Milton y la pizzería se fue con él a San Clemente.

Algunos vecinos que estuvieron por allá nos contaron de Milton, que estaba bien, con un lindo local, muy colorido y que hacía día y noche pizzas para los turistas.

Pasó otro invierno, llegó el verano, la prima nos decía cosas muy generales sobre la vida de Milton, como que mucha idea no tenía, pero si, que seguía con la pizzería.

Fui  tres días a San Clemente atrás de una novia, y me crucé con Milton, charlamos largo, me invitó a comer pizza y a tomar cerveza. Tenía la pizzería, estaba pagando deudas, en el invierno intentó hacer pizzas para los residentes, pero poco y nada era lo que se vendía, así que empezó a cortar el pasto de las casas con grandes campos alejadas del centro balneario, por supuesto de las familias que le podían pagar y de las otras también, así conoció unos cuantos propietarios que le daban la casa en invierno para que las mantuviera pintadas y arregladas para poder alquilarlas en el verano y en el verano Milton remontaba el sueño de la pizzería propia.

Le pregunté por qué no tomaba cerveza, me contó que durante el invierno para apagar el frio y la angustia que tenía se tomó todas las bebidas con alcohol que se le cruzaron, hasta que unos vecinos del Barrio que lo fueron a ver lo rescataron, lo ayudaron, le prestaron guita. Milton va a misa los domingos, está sobrio y cada verano anda en Pizzería propia, el resto del año se las arregla y sobrevive para cumplir su sueño.

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