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El regreso de Star Wars: Y un día, la Fuerza despertó…

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AAStarWars RegresoBorrón y cuenta nueva. A priori, esta parece ser la nueva «regla de oro», el nuevo código con el que se manejan los poderosos de la industria cinematográfica, tan vapuleada como viva, allá por el distrito de las estrellas. Es que, seamos justos, «Star Wars: El Despertar de la Fuerza» (Star Wars: The Force Awakens, 2015) no es más que otra entrega perteneciente a la larga lista de secuelas, remakes y reinicios que buscan recapturar la atención (y la billetera) del público tras algún paso en falso por las salas de cine que, dirán sus creadores, merece ser desestimado o reescrito, reemplazado, renovado. Y lo cierto es que esta afirmación no podría ser más cierta para La Guerra de las Galaxias, saga que se mantuvo en la cumbre del éxito durante su trilogía original (la que arrancó en 1977 y todos queremos) y que se vio obligada a bajar del trono después de una no tan inspirada segunda trilogía (la de las precuelas, que vio la luz dieciséis años después que la original, aunque relata la primera parte de la historia), criticada por desentenderse del espíritu cautivador de las películas originales y por el tibio recibimiento de los más acérrimos seguidores de este fenómeno, que aún no perdonan, así como el de los especialistas.

Claro que en la industria nada es coincidencia, puesto que hay intereses y transacciones detrás de cada gran producción, y Star Wars no es la excepción. Continuar con la saga es un movimiento oportunista, sí, pero lejos estaría de serlo sin el apoyo del público: al fin y al cabo, nadie nos obliga a pagar la entrada y ver la película. Dicho esto, si nos disponemos a seguir las nuevas reglas del juego impuestas por Hollywood (¿qué otra nos queda?), no sería una locura decir que uno de los fenómenos más grandes de todos los tiempos merece una continuación apropiada, un digno legado que haga justicia no sólo a sus insaciables seguidores ni a su ya retirado creador (el igualmente amado y odiado George Lucas), sino al mundo del arte y del entretenimiento, que ya ha demostrado que sabe y puede hacerlo mejor. El resultado, entonces, no es una reescritura de las malogradas precuelas ni un nuevo acercamiento a ellas, sino todo lo contrario: El Despertar de la Fuerza busca la expansión del universo en el que vive y funciona como continuación directa de la trilogía original. Ahora, treinta años después de los sucesos de «El retorno del Jedi» (1983), la galaxia se ve aún envuelta en un ambiente de tiranía y opresión. La Alianza Rebelde como la conocemos se ha transformado en la Resistencia, brazo militar de la Nueva República que combate a la Primera Orden, un grupo nacido de los remanentes del Imperio Galáctico. Todo lo viejo es nuevo, todo lo nuevo es viejo.

Con su creador y alguna vez máximo responsable fuera de la competencia (Lucas decidió desentenderse de las labores creativas, aunque es constantemente consultado por productores y guionistas acerca del universo que creó), es otro experto en ciencia ficción, J. J. Abrams (Star Trek, Lost, Fringe), quien asume la responsabilidad de expandir el querido universo intergaláctico pero sin deformarlo, buscando mantener el equilibrio entre sangre nueva que llega y viejas leyendas que regresan. Harrison Ford, Carrie Fisher, Mark Hamill, todos están de vuelta en mayor o menor medida en la aventura, un reclamo necesario cuya omisión implicaría la pérdida de los más grandes giros y momentos de El Despertar de la Fuerza. Mucho ha cambiado en estos últimos cuarenta años, pero el paso del tiempo para algunos actores no parece comprometer demasiado lo visto en pantalla: a sus 73 años, Harrison Ford no sólo recapta a la perfección la esencia de su clásico personaje, sino que es quien acapara la mayor cantidad de tiempo en pantalla de los tres protagonistas originales y lo hace con una destreza y movimiento irregulares para un actor de su edad. De la misma manera, Carrie Fisher protagoniza más de una escena que inevitable y efectivamente evoca la nostalgia, para la alegría de varios seguidores de la saga. En cuanto a Hamill, hablar de la intervención de su personaje —el mítico Luke Skywalker— implicaría revelar detalles importantes de una historia que merece ser disfrutada con la menor cantidad posible de conocimiento previo sobre ella.

Pero la labor de Abrams también implica un meticuloso trabajo de casting, motivo por el cual mucho se hablará del nuevo trío protagonista. Encabezado por la aclamada e intensa Daisy Ridley en el papel de Rey, una joven que vive de la basura que recolecta en el planeta desértico de Jakku hasta el momento en que se encuentra con BB-8, un droide esférico con una misión importante (atención a las similitudes con «Una Nueva Esperanza», el cuarto episodio de la saga), que termina robándose algunas de las mejores escenas de la película. El nuevo trío se completa con un cómicamente exagerado John Boyega en la piel de Finn, un stromtrooper renegado cuyo destino acabará enlazado con el de la Resistencia, y un desaprovechado Oscar Isaac en la piel de Poe Dameron, comandante y piloto rebelde al que vimos siendo torturado en los avances por el malo de turno. Y hablando de los malos (que esta vez son más malos que nunca), sin revelar nada sobre ellos podemos decir que en El Despertar habrá un nuevo villano por cada uno de los tres protagonistas: el magnífico Kylo Ren de Adam Driver, que contrasta con un plano y poco inspirado Domhall Gleeson en la piel del General Hux, y el siempre inquietante Andy Serkis como el Líder Supremo Snoke. Nombres ridículos aparte, el mayor logro de la cinta es Kylo Ren, el villano de mayor interés que, si bien lejos está del legendario Darth Vader, intriga por su pasado oscuro y asombra por su conflictuada intensidad.

La combinación de todos estos personajes, nuevos y viejos, al final resulta efectiva y pronto se transforma en sinergia, pues genera nuevos vínculos y desvela otros viejos, giros sobre los cuales algunos ya habrán teorizado conociendo la tendencia de esta serie por los mismos, previsibles o no. Y quienes lo hayan hecho no saldrán decepcionados del cine: la cinta no tarda demasiado en revelar sus más importantes giros y contragiros, que los hay en una cantidad cuidada pero más que suficiente, dejando la vara alta para las próximas entregas pero al mismo tiempo preparando el terreno de manera inteligente para futuros giros en el argumento. Esto se logra tanto gracias a la coherente construcción del guión, que desemboca en un vertiginoso tercer acto, como al tercer acto en sí, que culmina con una de las tomas más impresionantes de Star Wars.

Claro que el guión —que en esta oportunidad firman el mismo Abrams, Lawrence Kasdan (también guionista del episodio previo a El Despertar) y el ganador del Oscar Michael Arndt— y el argumento (dos conceptos tan simila
res como diferentes) distan de ser perfectos, sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de similitudes entre la estructura de esta película y Una Nueva Esperanza, la primera en estrenarse, cuya trama es cuanto menos resonante: un trío de héroes que se encuentran casualmente y se unen en pós de un mismo propósito, un mapa perdido hacia algo o alguien importante, un droide con una misión peligrosa, un villano con casco misterioso y conflictos internos… Sí, Star Wars siempre fue sobre la pelea entre el bien y el mal, la brecha entre luz y oscuridad y sobretodo el camino del héroe, y El Despertar de la Fuerza respeta eso, pero en nombre de la nostalgia (¿o es falta de inspiración?) repite tramas y sucesos, algo que en su justa medida le podría jugar a favor, pero que es tan evidente que resulta simplemente difícil dejar de notarlo. Por otro lado, seguir el rastro de lo que está pasando sin haber visto nada de este universo anteriormente se logra casi sin dificultad, puesto que los guionistas se abocan en exceso a incluir diálogos y preguntas con el sólo propósito de responderlas explicándole al público algunos conceptos viejos, de vital importancia para entender al completo la historia.

Así y todo, y si bien hacia el final en la balanza pesa más lo viejo que lo nuevo, J. J. Abrams se las arregla para salir triunfante y convertirse en todo lo que Star Wars necesita. Es sencillamente tan perfecta la manera en la que historia es contada, tan increíble la forma en que cada plano está ejecutado, desde el clásico acompañamiento musical de John Williams hasta la cuidadísima y simétrica fotografía que le impregna Abrams a la película, pasando por los efectos visuales, el vestuario y el maquillaje, la elección por evitar la pantalla verde y apostar por lo tangible, y la meticulosidad con que es llevada a cabo cada escena desde todo ángulo técnico y creativo, sumado a la nostalgia de conocer tan bien a ciertos personajes y la preocupación por lo que pueda sucederle a los nuevos, hacen de El Despertar de la Fuerza algo más grande que tan sólo un éxito en taquilla: desde el momento en que las clásicas letras azules nos indican que lo que estamos por ver sucedió hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, sabemos que estamos ante puro y verdadero cine.

Por Joel Álvarez

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