Un fallo de la Cámara de Apelaciones busca equiparar a las aplicaciones con el servicio de taxis. Los conductores deberán tramitar el registro profesional y contratar pólizas especiales, lo que supone un duro golpe al bolsillo para quienes trabajan de forma eventual.
La realidad para miles de choferes que operan con plataformas digitales en la Ciudad de Buenos Aires está a punto de cambiar drásticamente. Un reciente fallo de la Justicia porteña determinó que quienes manejen para Uber, Cabify o DiDi ya no podrán hacerlo con una licencia particular, sino que deberán cumplir con las mismas exigencias que rigen para los taxistas y remiseros.
La resolución, dictada por la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo y Tributario, surge tras un histórico reclamo del Sindicato de Peones de Taxis. Los jueces consideraron que, al prestar un servicio de transporte de pasajeros, las aplicaciones no pueden funcionar en un «vacío legal» que las exima de los controles de seguridad y las cargas impositivas del sector tradicional.
¿Qué cambia a partir de ahora?
Mientras no se dicte una ley específica para las apps, los conductores deberán adecuarse a la normativa de transporte vigente, lo que incluye:
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Licencia de conducir profesional: Ya no bastará con el registro común (B1).
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Seguros de transporte: Contratación de pólizas específicas para pasajeros, conductor y responsabilidad civil hacia terceros.
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Habilitaciones: Cumplimiento de controles técnicos y administrativos similares a los de taxis y remises.
El impacto en el Conurbano
Esta medida representa una complicación económica directa para la gran cantidad de vecinos del Conurbano que utilizan las aplicaciones como un complemento salarial o «changa» para llegar a fin de mes. El costo de los seguros profesionales y el trámite de la licencia D1 elevan los costos operativos, reduciendo el margen de ganancia para quienes solo dedican unas pocas horas semanarias al volante.