El viernes por la noche, Agustín Rivero regresaba de la facultad y acompañó a un amigo en su casa en Temperley. Caminaba por la calle, como tantas otras veces, cuando un auto se le acercó y frenó de golpe. Un delincuente bajó armado, lo amenazó y le exigió sus cosas.
Tras darse a conocer la noticia, la Universidad Nacional de Lomas de Zamora lamentó profundamente la muerte del joven, que estudiaba Administración de Empresas y también se preparaba para ser despachante de aduana.
“Su muerte, como víctima de un hecho delictivo, nos lastima y nos conmueve como comunidad, recordándonos el impacto que esa problemática tiene sobre nuestra sociedad”, expresaron desde la institución.
“Acompañamos en este difícil momento a sus familiares, amigos y compañeros, reclamando el pronto esclarecimiento de este crimen y el pedido de justicia”, añadieron.
El dolor se multiplicó entre familiares, amigos y vecinos, que se reunieron para despedirlo y exigir justicia. “Fue criado con amor, con buenos valores, un pibe sano, que iba a la facultad, trabajaba y con solo 21 añitos fue asesinado por un celular”, lamentó una conocida en redes.
Agustín vivía con sus padres, Silvina y Fernando, y su hermana de diez años. Trabajaba, estudiaba y se esforzaba por salir adelante. El día que lo mataron, volvía de clases particulares porque rendía un examen la semana siguiente.
También tenía un grupo de amigos con los que compartía sueños y proyectos. Uno de ellos lo despidió con un mensaje cargado de dolor: “No hay palabras, amigo de mi corazón. Te arrebataron la vida como si nada”.
Por el hecho hay dos detenidos y la Policía Bonaerense busca a otros dos cómplices.