Una filtración de un informe interno reveló que, antes del partido entre Independiente y Universidad de Chile por los octavos de final de la Copa Sudamericana, Conmebol y autoridades habían alertado sobre riesgos en la tribuna alta del estadio Libertadores de América. A pesar de ello, se mantuvo la venta de ubicaciones y se permitió el ingreso del público en sectores considerados conflictivos.
En la reunión técnica previa al partido, el oficial de seguridad de Conmebol advirtió sobre la peligrosidad de la distribución inicial de la parcialidad visitante en la tribuna sur alta, adyacente a una zona ocupada por fanáticos locales. Se recomendó evitar el llenado de la zona inferior del mismo sector, pero ya se habían vendido localidades.
A modo de mitigación, se dispuso la presencia de policías y personal de seguridad privada en la tribuna visitante. No obstante, esos refuerzos resultaron insuficientes para prevenir los incidentes que finalmente se desataron
La jornada culminó con un episodio de violencia extrema: peleas en el estadio, agresiones físicas, heridos —al menos 18—, y más de 90 detenidos. El impacto incluyó destrozos materiales y escenas de brutalidad, intensificados por fallas del operativo de seguridad.