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La feroz interna desatada entre el kirchnerismo y los movimientos sociales por el manejo de los planes de ayuda social amenaza con generarles problemas a los intendentes del Conurbano. “No estamos para estas peleas. Necesitamos a Cristina pero también a las organizaciones con territorio. Todos en un mismo espacio para 2023”, sintetizó un dirigente que responde a un poderoso jefe comunal del Frente de Todos.
En los gabinetes y en los concejos deliberantes del Conurbano, los intendentes peronistas tienen representantes de La Cámpora y de los movimientos sociales interactuando, en una relación tensa por momentos, pero que no llega a cortarse hasta ahora.
Si bien el intendente de Pehuajó, el kirchnerista Pablo Zurro, se puso rápidamente a disposición de Cristina para municipalizar los planes sociales, los intendentes creen que esa iniciativa les sumaría más conflictos que soluciones. “En el interior no es problema, la cuestión es acá, en el Conurbano, donde los planes son miles, ya está todo armado y desarticularlo a pocos meses de las elecciones no va a traer ni beneficios operativos ni mucho menos electorales”, opinó otro dirigente peronista.
En el kirchnerismo duro recibieron muy bien el respaldo del intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, a la vicepresidenta. “Los programas sociales deben tener una contraprestación controlada por el Estado y el primer mostrador del Estado son los Municipios”, sostuvo el jefe comunal.
Insaurralde representa la mirada de muchos intendentes del GBA: entienden que la idea de pasar los planes a los municipios es necesaria y conveniente, pero no están dispuestos a confrontar, en este contexto, con los movimientos sociales. Estos últimos fueron sus aliados en cada una de sus reelecciones.
Mientras los dirigentes de las organizaciones sociales se preparan para una batalla con el sector más duro del kirchnerismo, que podría terminar en una PASO en 2023, los intendentes peronistas tratan de mirar la película desde afuera. Necesitan de los dos espacios para seguir gestionando, no perder el control del territorio y reelegir el año próximo.
Lo que sí parece inevitable es que esa batalla, si continúa, no afecte las alianzas internas de los intendentes con cada espacio en sus municipios. No sería extraño que empiecen a formarse bloques internos en el Frente de Todos dentro de los concejos deliberantes o roces y hasta renuncias de funcionarios.
Mientras los jefes comunales tratan de mantenerse prescindentes del conflictos, sus pares de Juntos parecen dispuestos a capitalizar esa grieta. El intendente de Lanús y aspirante a gobernador, Néstor Grindetti, salió a respaldar la idea de municipalizar los plenes.
Otros intendentes de la oposición intentaron no pegarse tanto a las declaraciones de Cristina, pero fueron contundentes en sus cuestionamientos al manejo de los planes sociales por partes de los movimientos sociales.
Ninguno de los consultados se atreve a decir cómo terminará esta pelea. Lo cierto es que el debilitamiento del frente oficialista se debilita cada vez más. En tanto, la oposición logra postergar sus internas y sube en las intenciones de voto cada vez con menos esfuerzo.
