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Por Claudia E. González Manríquez (*). Nosotras, mujeres protagonistas de nuestras luchas y movilizaciones para instalar y efectivizar las demandas y derechos que nos pertenecen y de los cuales hemos sido excluidas o silenciadas durante siglos. Y aunque con avances y retrocesos podemos decir con orgullo que «somos las nietas, bisnietas y tatara nietas, de todas las brujas que nunca pudieron quemar». Hemos logrado articular organización social y política tanto para construir agenda pública como para ocupar lugares de decisión política e institucional.
En Argentina, con dolores y ausencias, pero con la fuerza historica del movimiento de mujeres, hemos logrado desde el voto femenino, hasta la ley de divorcio, de educación sexual, la aprobación del matrimonio igualitario, la ley de paridad de género en las listas de candidatxs a legisladorxs, la reforma del código civil con perspectiva de derechos, la aprobación del Programa Integral de Reconocimiento de Períodos de Servicio por Tareas de Cuidado, la legalización del aborto, el cupo laboral travesti trans, la ley de capacitación obligatoria a agentes de los 3 poderes del estado «Micaela» y otras.
No ha sido fácil, pero la importancia de la organización social y/o política en las fábricas, en las universidades, en los barrios, en los sindicatos, en los movimientos de «desocupadxs», en los partidos políticos ha sido fundamental. Y han sido fundamentales los momentos de encuentro y articulación de la lucha feminista. Argentina ha logrado realizar 34 Encuentros Nacionales de Mujeres presenciales desde el año 1986 hasta el año 2019, donde progresivamente nos hemos sumado y participado mujeres de diversas extracciones políticas y sociales atravesadas todas/es, por la problemática de la desigualdad de género.
Hemos logrado tener en el año 2007 la primer presidenta mujer, una mujer del campo nacional, popular, democrático y feminista y re elegida. Que marcó a una generación de niñas/es y adolescentes que tienen la capacidad y posibilidad de entender y reconocer que los derechos colectivos y la equidad de género le son propios. Y por lo menos, a otra buena parte de la sociedad ya no le sea normal la violencia de género.

Y en nuestra historia reciente, en el año 2015 somos parte integrante del movimiento Ni Una Menos, con una clara consigna en contra de la violencia de género, en contra los femicidios, y que nos permitió progresivamente profundizar la reflexion sobre otros tipos y modalidades de violencia de genero, que están por cierto bien tipificadas en la ley de Protección Integral para prevenir, erradicar y sancionar la violencia contra las mujeres aprobada en el año 2009. Para nosotrxs, antecedente del «8M: Temblará el mundo. Paro Mundial de Mujeres» que se llevamos adelante junto a mujeres de más de 50 países en el año 2017.
En el año 2019 con el triunfo del Frente de Todxs, hemos logrado como otro paso importante se incorporaren en lugares de decisión a mayor cantidad de mujeres de tradición feminista, tanto en el poder ejecutivo como en el Legislativo, tanto a nivel nacional, como provincial y/o municipal. Sin embargo la tarea aquí no termina ya que hay que poder traducir, intercambiar, interactuar, y construir poder popular con ese movimiento de masas al cual pertenecemos, para poder abordar las transformaciones estructurales que faltan, entre ellas el poder judicial y un modelo que permita la real distribución de la riqueza.
#VivasLibresyDesendeudadasnosQueremos
(*) Coordinadora de Redes de Integración del MDS de la Nación