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Literatura: Un extraño Fin de Año en el Barrio Odisa

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AABarrio OdisaLas fiestas no siempre son lo que parecen. El camino de la alegría suele tener curvas y contracurvas y hecha por tierra cualquier previsión. Don Acuña trae bajo el brazo una historia rara pero real, mezcla de desencuentros, amor y Navidad. Otro texto de Pablo Pallás para DiarioConurbano.com.

Don Acuña lo mira al Pibe, como tanteándolo, quiere contar algo al parecer y no se anima, mira a la ventana del bar, al mozo, a la mesa en que están sentados, el Pibe no pregunta nada, sólo espera, sabe que se viene algo fuerte.

Don Acuña arranca:  -Te voy a contar pibe, la historia de un casamiento que no fue tal. Alberto, un amigo de la infancia, hace unos cuantos años empezó a pagar un departamento en el Barrio Odisa, terminada la construcción se empezó a armar el barrio y a Alberto, aunque le faltaban unas cuotas pudo ir a ocupar su nueva casa.

Alberto había conocido a su novia en “Fantasy”  boliche que estaba en la avenida H. Irigoyen. Tuvieron una breve militancia en el PI pero decepcionados de alianzas e internas, dejaron la militancia y ella se dedicó de lleno a la docencia. Él era chofer en un ministerio, lo había hecho entrar un amigo. Juntos hicieron muchos amigos, algunos de la vieja militancia, otros del barrio donde vivían, los dos eran de Lanús, cerca del centro y Alberto por algunos amigos de los monoblocks de la calle Rodríguez en Lomas, se enteró del Barrio Odisa.

Cuando les adjudicaron la casa le propuso a su novia ir a vivir juntos, ella se quería casar primero. A él no le importó y empezó a organizar una fiesta, salón, disc jockey, mucho cotillón, en realidad a él no le importaba nada de eso, pero suponía que si se esmeraba en la preparación de la fiesta su casamiento sería mejor, los resultados del mismo pensaba que serían mejor, el único detalle que le faltó, fue consultarle a Betty, su novia.

Alberto hablaba de su casamiento, obviando siempre mencionar a Betty, puso fecha, diciembre, fue al registro civil, arregló con un cura amigo en una capilla de Banfield, contrató catering y mozos, hizo las invitaciones, mandó las invitaciones, pero Betty, se iba enterando a medida que las cosas estaban hechas.

Una noche de noviembre, un mes antes de la fecha de casamiento, Betty le planteó su decepción al no hacerla participe de su propio casamiento, Alberto desconcertado, le dio miles de explicaciones, argumentó inverosímiles errores para justificarse y sobre todo le indicaba, que todo lo hacía para ella.

Pero ella no quería nada de eso, sólo quería participar de las decisiones que tomaran juntos. Ninguna decisión del casamiento fue conjunta, fueron todas decisiones de Alberto a partir de un pedido de Betty, casarse.

Betty siguió llevándole la corriente a Alberto hasta diez días antes del casamiento, justamente en diciembre de aquel año, Betty le dijo que no se quería casar con él, no dio muchas explicaciones y se fue a su casa en Lanús, Alberto movió cielo y tierra para reparar la relación con Betty, no sólo porque tenía todo el casamiento preparado sino porque la quería.

Un día antes de la fecha convenida, ya vencido Alberto fue a cancelar en el registro civil, habló con su cura amigo, canceló la fecha en la Iglesia, pero el cura le dio una idea.

Alberto organizó una fiesta impresionante, para aquellos que les gustan las fiestas impresionantes, con todo lo que había pagado, pero además con bandas de rock y tango, tocando en vivo, souvenirs  y mesa de dulces para el final. Invitó a todos los chicos del Barrio Odisa que recién se habían mudado y a los chicos con sus padres de la Capilla del cura amigo, además de los amigos y parientes que estaban invitados y también a Betty.

Fueron todos, casi doscientas personas, el salón reventaba, no alcanzaban las sillas, Alberto tomó el micrófono y dijo: -Este iba a ser mi casamiento, pero en realidad quiero festejar la navidad con todos ustedes. ¡Felicidades!.

Betty fue más tarde con las amigas que estaban invitadas para ver de qué se trataba y se encontró con ese festejo desparejo, despampanante, atrevido y conmovedor.

Un año después Betty y Alberto se casaron, sin fiesta, y ahora tienen tres hijitos. Alberto le consulta todo lo que van a hacer.

Pablo Pallás


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