“Mi hija ya estaba amenazada de muerte por su asesino”, aseguró la madre de Leila Sibara

Meses antes de su muerte, Leila Sibara (27), la joven asesinada de un disparo en la cabeza el 28 de noviembre de 2018, en Lomas Oeste, les contó a unos amigos que Luis Alberto Villalba (54) la había amenazado de muerte y tenía miedo.

Te voy a volar la cabeza”, le habría advertido el acusado en una conversación de Whatsapp. En diálogo con DiarioConurbano.com, Patricia, la mamá de la víctima, explicó: “Cuando Leila se quedó sin teléfono se comunicaba con Villalba desde el celular de un amigo que también le compraba drogas a este hombre. Este chico había declarado que tenía unos audios donde se escuchaba que la amenazaba y que no sabemos dónde fueron a parar”.

Durante el juicio por jurados que terminó con la condena a 20 años y 6 meses de prisión para el asesino de Leila, varios testigos mencionaron que la víctima estaba “deprimida” y “asustada”, porque estaba amenazada. Además, afirmaron que sufría violencia de género.

Por otro lado, la mujer cuestionó la investigación inicial y manifestó que “le cuesta creer” que en el lugar donde fue asesinada su hija -en el cruce de Vetere y Larrea-, en Lomas Oeste, “no había” cámaras.

“¿Ningún vecino tenía cámara?”, se preguntó Patricia, y lamentó que “no se encontrara el arma ni los audios” que mencionaron los testigos para que Villalba pudiera ser condenado por femicidio, como lo había solicitado la fiscal Marcela Dimundo.“Esperaba escuchar que lo encontraron culpable por femicidio, pero no se pudo”, aseveró.

Luis Alberto Villalba fue declarado culpable por el delito de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego”, y por un segundo hecho por “encubrimiento por receptación dolosa”.

La mamá de Leila relató que ella se enteró del vínculo que tenía con Villalba por el padre de su hija, quien le había comentado que estaba trabajando en un taller mecánico. Pero también unos amigos la habían alertado sobre la situación meses antes del homicidio, cuando la vieron con unos hombres en una camioneta y le advirtieron que “no eran buena gente”.

Luego, agregó que Leila no quería que ella se enterara en qué situación se encontraba, pero que se lo contaba a los amigos. “Yo creo que fue una muerte anunciada. Como mamá hice todo lo que pude, pero es muy duro cuando uno tiene un familiar con adicciones y no se deja ayudar”, señaló.

Luego, aseguró que el Estado tampoco la ayudó. “Quizás porque tenían los medios para hacerlo, no lo sé. Me tenían de un lado a otro con los papeles que tenía que presentar en los hospitales y no llegamos a nada”, sostuvo.

El problema de Leila con las drogas empeoró tras caer en una profunda depresión por la muerte del padre de uno de sus hijos en 2017. “Ese año fue crucial. Ella se iba y me dejaba sola con los nenes. Después conoció a otro chico y con él alquilaron una casa para vivir con sus hijos”, explicó Patricia.

Una vez más, volvió a empeorar y se fue a vivir con su madre. En ese contexto, había iniciado un tratamiento en un centro especializado en adicciones en Lomas de Zamora.

“La llevábamos por la mañana y por la tarde la íbamos a buscar. Logró estar mejor, pero no prosperó. Todos la pasamos muy mal porque más allá de sus adicciones, ella era una buena persona y amaba a sus hijos”, contó Patricia.