Puro amor solidario: Humanizar los tratamientos oncológicos, la propuesta del Hospital Gandulfo y la Fundación “Donde Quiero Estar”

La fundación “Donde Quiero Estar” cumplió cuatro años de tareas ininterrumpidas en el Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora con el objetivo de “humanizar los tratamientos oncológicos y mejorar la calidad de vida de las personas con cáncer y sus familias” por medio de diversas actividades artísticas, la reflexología y la contención emocional. En diálogo con DiarioConurbano.com, su creadora, Victoria Viel Temperley, aseguró que los participantes “corren el foco de atención de una manera tan fuerte que durante esa sesión no están pendientes del goteo, si les arde la vía, tienen nauseas o están contracturados”.

Para disociar al cáncer con la palabra muerte y como forma de hacer más llevadera la enfermedad, “Donde Quiero Estar” desarrolló una estructura de actividades en distintos hospitales del país, entre ellos el Hospital Interzonal Gral. de Agudos  “Luisa Cravenna de Gandulfo” de Lomas de Zamora, en donde funciona desde hace cuatro años.

La propuesta tiene como principal objetivo la “humanización de los tratamientos oncológicos y mejorar la calidad de vida de las personas con cáncer y sus familias” a través de “tres pilares: el arte, la reflexología y la contención emocional que se da a través de compartir todas las experiencias en forma grupal”, explicó a DiarioConurbano.com Victoria Viel Temperley.

“En vez de enfrentarse a la quimioterapia de forma aislada, los pacientes utilizan salas en donde todos pueden interactuar gracias a que están pintando, están recibiendo masajes, realidad virtual, maquillaje y un montón de otras estrategias dependiendo del hospital”, describió.

En el Hospital Gandulfo, bajo la coordinación de la trabajadora social Cristina Cánepa y la psicóloga Betina Gurtner, las actividades de la Fundación se realizan de lunes a viernes con el sector de enfermería de quimioterapia, el servicio de oncología local bajo la dirección de Paula Torrisi y las voluntarias.

El mismo incluye sesiones de canto, maquillaje, tejido y pintura, una actividad que incluso tiene exposiciones a fin de año donde se muestran los trabajos realizados a lo largo del año por los pacientes de las distintas instituciones con la guía de diversos artistas.

Si bien “cada lugar tiene su idiosincrasia –observó Viel–, en Lomas hay una voluntaria que hace cantar los jueves, otro día maquillaje, y en la sala de espera tejido, por ejemplo”, pero “todo depende de las propuestas del voluntariado”.

La también profesora de educación física detalló que el primer contacto entre el paciente y las actividades se dan desde los mismos profesionales, quienes les acercan la propuesta como paliativo de los efectos psicológicos que causa el enterarse de la necesidad de quimioterapia como parte del tratamiento.

“El oncólogo, de entrada, les comenta que en quimioterapia les van a hacer masajes, los lleva a conocer la sala y ahí ven que las personas están cantando, algo que se hace mucho en el Gandulfo los jueves; que en la sala de espera se teje. Y ya ahí, una vez que se pierde el miedo y se ve que están todos relajados y pintando, todos se enganchan en la actividad. Es muy raro que alguien pase un ciclo de quimio de seis u ocho sesiones y nunca se involucre con el programa porque al menos te reís de lo que dicen o hacen los demás”, afirmó.

“Por eso decimos que no son pacientes, porque no están quietos. Acá están en actividad, corren el foco de atención de una manera tan fuerte que durante esa sesión lo único que hicieron fue pintar un cuadro o pasar un lindo rato con música o realidad virtual sin estar pendientes del goteo, sin reparar en si les arde la vía, tienen nauseas o están contracturados”, aseguró.

La Fundación nació como un modo de resiliencia luego de la enfermedad de uno de los hijos de Victoria, Santiago, quien a sus 17 años sufrió un tumor cerebral fatal, y de su marido, que también murió de cáncer unos años más tarde. “Luego de su muerte desarrollé un programa para acompañar a embarazadas de alto riesgo que llevé al Hospital de Clínicas “José De San Martín”, pero me equivoqué de piso y en vez de dejarlo en maternidad lo llevé a salud mental”, relató sobre los orígenes.

“Gracias a esta equivocación, me invitaron a trabajar en psicoprofilaxis oncológica en el espacio de la sala de quimioterapia con pacientes con cáncer de mama y útero. La idea fue realmente innovadora y los resultados superaron nuestras expectativas”, completó.

En la actualidad, “Donde Quiero Estar” cuenta con casi 120 voluntarios (todos profesionales de la salud y áreas afines) y se replica en 18 hospitales públicos de todo el país con más de 800 pacientes al mes, desde el Hospital de Clínicas y el de niños Ricardo Gutiérrez, al Instituto de Oncología Ángel Roffo al Instituto Misionero del Cáncer.

Quienes deseen formar parte de la iniciativa pueden hacerlo a través de la web https://www.dondequieroestar.org en donde haciendo clic en la pestaña “Participar” se puede acceder a las distintas opciones para integrar la misma ya sea como paciente, familiar, voluntario, donante o replicador con tan solo completar un sencillo formulario.

Desde la organización también poseen el correo electrónico dondequieroestarfundacion@gmail.com como vía alternativa de contacto.