Efecto Cuarentena: 8 de cada 10 argentinos aumentó de peso en los últimos meses

Según una encuesta de la Sociedad Argentina de Nutrición, 8 de cada 10 argentinos subió de peso durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO). El encierro, la falta de movimiento y la incertidumbre sobre cuestiones personales, puede afectar la alimentación, al igual que otras rutinas que se vieron modificadas. 

En diálogo con DiarioConurbano.com, María Elena Colombo, nutricionista, diplomada en vegetarianismo, docente e investigadora en UBA y UNLA, aseguró: “Se generó a nivel psicoafectivo un estrago porque quedó modificado el afuera y a nivel alimentario muchos aumentaron de peso por estar más sedentarios y combinarlo con una mala alimentación”. 

La encuesta revela que sobre los 5458 adultos -de 18 a 70 años- interrogados de todo el país, el 50.70% de las personas reconocen que hay una ingesta por ansiedad. 

En este sentido, Colombo explicó que tanto el factor psicoafectivo, como el económico “tienen que ver con lo que se elige para comer”. “Hay factores emocionales que llevan a que la comida se consuma en el marco de la recompensa y factores económicos que alinean la compra con lo que alcanza o lo que llena más”, afirmó la especialista. 

Si bien el sedentarismo afectó las rutinas alimentarias, los profesionales coinciden en que la problemática alimenticia, antecede al ASPO y que hay una falta de regulación sobre el acceso a los alimentos. “Está muy facilitada la compra de ultraprocesados y hay acciones que fomentan a que la gente elija mal sus alimentos. Muchas veces se eligen productos de mala calidad a bajo costo”.

Además de alterarse el movimiento y la actividad de los argentinos, un factor a tener en cuenta es la inestabilidad del sueño. Los cambios de rutina o la ausencia de la misma impactó a la hora de dormir y como consecuencia también en la alimentación.

Al respecto, Colombo consideró que “todo se orbitó y se conjugó para que haya un aumento de peso”. “Dormirte a las 3 de la mañana te altera la ingesta durante todo el día. Entonces se combinó una vulnerabilidad anterior sobre el consumo de ultraprocesados, la falta de movimiento, un factor emotivo y lo económico”, subrayó la nutricionista. 

Con respecto a la falta de educación alimenticia, la profesional aseguró que una manera de revertirlo es que haya mayor accesibilidad. “Es necesario que haya mayor ingesta de frutas y verduras pero que sea un recurso más disponible. Desde pequeños hay que incorporarlo. Hay que combatir la ingesta de kiosko constante y dejar las bebidas azucaradas también”, sostuvo.