Ayudan a presos bonaerenses a repensar la masculinidad patriarcal

En 30 de las 60 cárceles de la provincia de Buenos Aires se implementa Deconstruyendo Masculinidades, un programa de abordaje psicológico, social y educativo por el que ya pasaron 300 varones privados de la libertad, uno de los cuales manifestó a Télam que la iniciativa contribuyó a que lograra “desahogarme, encontrar mis sentimientos y pensar mi relación con las mujeres”.

El plan, impulsado por el Ministerio de Justicia y Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), consiste en el desarrollo de talleres coordinados por psicólogos, trabajadores sociales, de la educación y otros profesionales que fueron especialmente capacitados en materia de género por expertos de la cartera de Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual.

Así, a través de ocho encuentros grupales presenciales, se trabaja a lo largo de dos horas en grupos reducidos y coordinado por talleristas acerca de las implicancias de la masculinidad hegemónica y el camino hacia nuevas posibilidades.

En declaraciones a Télam, el ministro bonaerense de Justicia, Julio Alak, explicó que se trata de “un paso más para construir una sociedad sin violencias” ya que el Estado provincial considera a la violencia de género “como una problemática social”.

En tanto, la directora de Lucha contra la Violencia de Género del Ministerio de Justicia y encargada de la propuesta, Malena Rico, explicó a esta agencia que en los talleres “se abordan distintas cuestiones relacionadas a poder pensar la masculinidad hegemónica”.

El plan está dirigido al universo de varones privados de la libertad en unidades del SPB o en alcaidías y no sólo a los condenados por femicidios o hechos de violencia de género.

Así, la funcionaria expresó que “la participación es voluntaria y confidencial, para que se puedan expresar con libertad”. Y añadió: “Todos los varones están atravesados por la masculinidad hegemónica y ese mandato patriarcal causa situaciones violentas”.

Rico agregó que “esa masculinidad es el punto de identificación desde el cual se actúa, dando lugar a múltiples tipos de discriminación a lo diferente, así como a roles de género muy rígidos, donde la violencia es la expresión que los confirma en su identidad de género”.

“Todo el tiempo, los relatos que se escuchan en los talleres reafirman la idea de que en los mandatos de la masculinidad hegemónica está el germen de las violencias. Lo positivo, en los talleres -que son más que todo una sensibilización, porque sabemos que un cambio profundo requiere más tiempo- es que se siembra la semilla del cambio”, reconoció la directora.

En ese marco, contó que en el espacio de diálogo “a las personas les caen fichas sobre cuestiones que les pasaron, prejuicios que tienen arraigados o historias que pueden empezar a desarmar en relación a vínculos familiares, compañeras, hijos o madres”.

“Repiensan su propia historia, el peso de la carga de los mandatos de masculinidad y cómo eso afectó su trayecto de vida. Se generan un montón de cosas y en la mayoría de los casos los resultados son positivos”, describió.

Luego, detalló que con el propósito de que todos los varones en contexto de encierro se enganchen en el programa, se busca generar “recursos lúdicos, participativos y accesibles para todos los niveles cognitivos”.

Así, los coordinadores trabajan desde la escucha y con posturas empáticas, sin emitir juicios de valor, sino interpelando a los participantes con propuestas que buscan desarmar patrones machistas arraigados desde la infancia y hablar explícitamente de vínculos violentos.

Al respecto, Andrea Ávila, una de las psicólogas de la Dirección de Jóvenes Adultos del SPB, explicó que “lo que más resaltan los jóvenes en los talleres es el espacio que se les brindó para hablar de temas que no son habituales entre ellos” y puso de relieve que “todos coinciden en que se les dio confianza y respeto”.

La profesional remarcó que los jóvenes privados de libertad que participaron del taller sobre masculinidades “arribaron a conclusiones como que ‘llorar no te hace menos hombre’, ‘tenemos que respetar a las mujeres y a sus decisiones’ o ‘tenemos iguales derechos hombres y mujeres’. Fue un espacio que los dejó pensando”.

En ese sentido, Sergio -un joven de 21 años que cumple una condena por robo calificado en la Unidad 45 Melchor Romero- contó a Télam que el taller de masculinidad lo ayudó a reflexionar “sobre cuestiones sobre las que jamás había pensado”.

“También me sirvió para desahogarme y encontrar mis sentimientos, pensar mi relación con las mujeres, en sentirme más identificado que somos todos seres humanos”, añadió.

Luego, Sergio analizó que repensar su rol de varón le dio la posibilidad “de imaginar cómo construir una sociedad de igualdad entre el varón y la mujer con pequeñas acciones como compartir el cuidado, denunciar el acoso o el sexismo, y exigir la cultura de igualdad en el trabajo”.

Otro participante del taller, Nahuel -un chico de 20 años que está procesado por tentativa de homicidio- dijo que el taller fue “amplio e interesante” y “nos llevó a conocer diversas ideas y el pensamiento de cada uno de nuestros compañeros”.

“Entramos en una seguridad y confianza que ellos lograron generar, que quizás en otro ambiente tendrían vergüenza o timidez y quitamos ese miedo de lado”, agregó Nahuel.

En tanto, Saúl -uno de los hombres detenidos en la cárcel platense que formó parte de los encuentros-, reflexionó que el espacio le sirvió para darse cuenta “de que todos somos distintos y de que los tiempos cambian”. Y graficó: “Ahora se puede usar el color rosa para los varones en la ropa o zapatillas; antes eso era de maricón”.

“Hoy en día un hombre puede cumplir el rol del cuidado de la casa y la mujer encargarse del trabajo, negocios, unisex. También podemos conseguir un ámbito saludable, saber captar y comprender la opinión o mentalidad de la otra persona sin llegar a la violencia”, reflexionó por su parte Pablo, otro joven privado de la libertad alojado en esa unidad.

Rico destacó que poder problematizar esa masculinidad hegemónica “poniendo el acento en la construcción social del género y en que ésta se aprende en el proceso de socialización, permite contribuir a revisar y reconstruirla de una forma consciente”.

Reconoció que si bien el objetivo de máxima del programa sería “poder bajar el nivel de conflictividad afuera y adentro de la cárcel”, poder sensibilizar sobre la temática y generar cambios en los mandatos de masculinidad hegemónica que se ven exacerbados en las cárceles ya es un gran paso”.

 

Juliana Ricaldoni (Telam)