#8M: Una marea de pañuelos verdes coparon el tren Roca

La estación de Lomas de Zamora se convirtió en el epicentro del Conurbano sur de cientos de mujeres que a las 14 hs esperaban el tren que las llevara hacia Plaza de Mayo para ser parte de una de las movilizaciones más importantes del movimiento feminista argentino.

 

En la previa de la organización, mucho se discutió cómo ir. Cuál era el medio más rápido o seguro para que miles de compañeras llegaran al lugar pactado sin tanto problema. Entre numerosas asambleas, discusiones sin fin, se decidió llevar adelante algo que no se había hecho antes: el trenazo.

Los pasos a seguir eran sencillos. Las 14.30 era la cita para que las mujeres que hayan decidido ir solas o en grupo o con un amiga se encontraban en la estación del Roca en Lomas de Zamora para tomar todas juntas el tren que nos llevara a Constitución. Desde Laprida se podían ver los pañuelos verdes atados en el pelo, en la cintura, en la muñeca , tapando la boca, colgados en las mochilas, o en el cuello.

Los bombos se escuchaban en toda la estación. En un costado, un grupo de chicas pintaban a otra el símbolo característico de lucha feminista, en otro costado otro grupo le tiraba spray en el pelo mientras que otras chicas maquillaban a una que se había olvidado su labial rojo.

Mucho violeta, mucho verde, muchas risas, taparon el andén 2 de la Estación de Lomas. “En este no nos subimos”, indicaba una de las que comandaba el grupo. Después de dejar pasar tres trenes, una marea de pañuelos colapsó los vagones. Los bombos acompañaban las canciones que eran claras y directas: no queremos bombones ni flores, queremos aborto legal, libre y seguro para no morir.

La mirada atónica y prejuzgadora de los pasajeros que compartían el espacio no opacó la intensidad y la energía que más de cincuenta chicas hacían vibrar. Niños con sus madres, amigas, madres, abuelas, chicas que se habían conocido por asistir el trenazo, en el aire se respiraba sororidad y nadie podía opacarlo.

Llegamos a Constitución. El agite contra la Iglesia, contra el patriarcado y el Estado femicida sonaban con más fuerza. Los celulares no dejaban de filmar el momento que se vivía arriba del tren. Se sentía la lucha, se sentía la felicidad de saber que no estamos solas, siempre va haber una hermana acompañandote.

Pero no para todos fue igual. Siempre habrá voces disidentes, mujeres que no entiendan que también luchamos por ellas. “Escuchá lo que cantan. Es cualquiera. Son muy grasas”, esbozó una chica en su grupo de Whatsapp. Una mirada cómplice cruzamos con mi amiga y supimos que la lucha recién empieza y quizás nunca se termine.