Con una imagen en franco descenso, Giustozzi depende de sí mismo

Como en un laberinto de espejos, el diputado nacional del Frente Renovador viene golpeándose la frente cada vez que toma una decisión. Con un bajo conocimiento de la población bonaerense, se esfuman sus intenciones de ser candidato a gobernador. En tanto, su retorno a la intendencia de Brown quedó en un amague. Algunos de sus dirigentes lo incitan a una jugada arriesgada: volver al pago y formar una fuerza vecinal aliada al massismo, y así “blindar” su distrito y recomponer su imagen.

Por Alejandro Córdoba

Acosado por el crecimiento de Martín Insaurralde en las encuestas para gobernador, sumado al inminente pase del novio de Jessica Cirio al massismo, el diputado nacional del Frente Renovador Darío Giustozzi hace varias semanas que transita un terreno fangoso sin ver claramente dónde está salida. A esto se le suma, conflictos en su pago chico – Almirante Brown – que ya no puede controlar “desde afuera”. El dirigente que secundó a Sergio Massa en la lista ganadora en la provincia de Buenos Aires el año pasado deberá tomar decisiones rápidamente antes de que su capital político se siga erosionando.

“No nada peor para Darío que Insaurralde no se decida”, confió uno de los colaboradores del intendente de Almirante Brown en uso de licencia. En las prematuras encuestas a gobernador que se conocieron recientemente, Giustozzi se ubica unos 25 puntos por debajo del dirigente lomense. Esto tiene un agravante, los números no se modifican si el habitué del programa de Marcelo Tinelli juega adentro o afuera del Frente para la Victoria.

Si a eso se le suma, las manifiestas intenciones de Felipe Solá por ser el candidato del massismo si Insaurralde decide quedarse en el kirchnerismo, las chances de Giustozzi de ir por la gobernación son aún menores. A esta altura, los respaldos públicos de Sergio Massa le resultan poco convincentes al hombre fuerte de Brown.

Justamente, en su distrito las cosas no están saliendo como Giustozzi las pensó. En un paralelismo con Lomas de Zamora, pensó que podría controlar la gestión municipal desde afuera. Pero no fue tan fácil. Las internas de sus funcionarios y la falta de pericia de Daniel Bolettieri le jugaron en contra y los cuestionamientos del Frente para la Victoria comenzaron a tener más asidero.

Así, se acumularon una denuncia por un gasto en publicidad, durante el último Mundial de Fútbol, pagado por el Municipio en donde aparecía el diputado Giustozzi; y otra por desvío de fondos educativos enviados por la Nación a Almirante Brown. El kirchnerismo supo amplificar esos cuestionamientos, a los que se sumó la falta de obras no ya en la periferia del distrito sino también en los centros de Adrogué y Bruzaco, lugares que el giustozzismo siempre mostró como ejemplo de su gestión.

En este panorama, luego de amagar y hacer una jugada para ratificar su licencia a la intendencia en el Concejo Deliberante, el diputado nacional anunció días atrás su retorno efectivo a la conducción del Municipio. Parecía una decisión lógica: arreglar los problemas internos, bajar el tono de las denuncias, y poder reactivar la gestión.

Sin embargo, el propio Giustozzi abortó la jugada poco antes de concretarse. La decisión dejó mal parados a sus propios concejales que se sintieron “usados” por el diputado massista. El dirigente decidió esperar un poco más. En verdad, algunos sospechan  que tienen una carta guardada para sorprender a propios y ajenos.

Si  Insaurralde concreta el pase al massismo, Darío Giustozzi dejaría su banca y volvería a ser intendente de Almirante Brown pero con un agregado: formaría una fuerza vecinal. Sus dirigentes entienden que sería una jugada arriesgada pero la única para blindar el distrito, aglutinar a su tropa y evitar el avance del Frente para la Victoria. En realidad, Sergio Massa no sería ajeno a la estrategia y la promovería. Al ex intendente de Tigre le sumaría una fuerza vecinal aliada y le ahorraría un frente de conflicto interno, mientras que a Giustozzi le permitiría tener un anclaje a nivel nacional a dónde recurrir, habitual déficit de los vecinalismo.

Mientras el diputado nacional del Frente Renovador se decide, en el kirchnerismo parece definitivamente instalada la figura de Mariano Cascallares como precandidato fuerte. De línea directa con Daniel Scioli, el jefe del pequeño bloque opositor en el Concejo Deliberante de Brown todas las semanas realiza un acto de gestión – es titular del Instituto de Previsión Social (IPS) bonaerense – en el distrito o acompaña a funcionarios provinciales en alguna recorrida.

En las PASO de 2013, el Frente para la Victoria le mostró los dientes al FR en Brown. Sin embargo, no pudo sostener esos votos a los dos meses, en las elecciones de octubre. Así y todo, el massismo comprobó que el kirchnerismo local es capaz de complicarle su hegemonía.

Sin grandes fisuras internas – como ocurre en otros distritos cercanos -, el FPV de Brown intenta sacarle provecho a la gestión timorata de Bolettieri y a los desconcertantes vaivenes de Giustozzi. Sin embargo, tiene un límite: está en una condición muy minoritaria en el Concejo Deliberante, donde sus planteos ni siquiera son debatidos. “Nos llega el orden del día dos horas antes de la sesión. Apenas nos enteramos los temas que se van a tratar y así tenemos muy poco margen”, se quejó un concejal opositor. Con  quórum propio, el oficialismo de Brown maneja el Legislativo sin sobresaltos.

Con este panorama, Darío Giustozzi ha visto acelerado los tiempos de decisiones. Quizás se haya dado cuenta que la estrategia de esperar que mueva primero Insaurralde lo ha desgastado sin darle resultado positivo alguno. Su futuro lo va a tener que decidir él porque se dio cuenta que ser el “dirigente de mayor confianza de Sergio Massa “fue una circunstancia que se dio en 2013. ¿Qué margen de juego propio tendrá el conductor del massismo de Brown para generar un cambio que evite una profundización de su caída?