Por Por pablo Arburúa (*)

La pobreza alcanzó al 42% de la población, según informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Millones de familias que no llegan a la canasta básica. Mientras algunos de los 12 mil dueños de patrimonios mayores a 200 millones de pesos hacen artimañas para no pagar el aporte extraordinario de las Grandes Fortunas luego de oponerse casi unánimemente a su implementación. Otros como los trabajadores y las trabajadoras de la economía popular, recaudan fondos con su trabajo para ayudar a centros comunitarios de los barrios populares en estas pascuas, sin que ningún congreso haya sancionado una ley exigiendo.

La solidaridad en su versión más profunda se encuentra en la mayoría de los argentinos trabajadores y trabajadoras de todos los sectores, que vemos en ella una fortaleza cuando las cosas están difíciles y nadie se salva solo cómo nos quisieron hacer creer.

Desde las últimas décadas del siglo pasado hasta la actualidad los tipos más poderosos y ricos del mundo han instalado a través de sus representantes políticos (de toda índole) la idea de que no es posible que haya crecimiento económico y trabajo para todos con los niveles de impuestos que debían aportar a los estados nacionales, y así estos se fueron reduciendo desde entonces. Esto no siempre fue así, pero varias generaciones ya nacimos con el mundo funcionando en esa dirección con las mismas recetas mentirosas que se repiten una y otra vez (como si esta vez fuese a funcionar, con los resultados a la vista) mientras agrandan la brecha de la desigualdad en nuestro país y el mundo.

“El mundo necesita una nueva esperanza” dijo Evita, y esa esperanza va a crecer desde esta profunda solidaridad, porque ya no queremos ser los que emparchen las consecuencias sociales que generan décadas de modelos económicos basados en la especulación financiera, la meritocracia y la precariedad.

Discutir un nuevo esquema impositivo que grave las Grandes Fortunas de manera permanente, la política alimentaria desde la producción a la comercialización, las condiciones de trabajo de la economía popular, la soberanía sobre nuestros recursos naturales, una economía más distributiva y con trabajo donde todos y todas crezcan a la par, esta es la solidaridad que necesitamos discutir y construir para vivir dignamente en una patria más justa.

Referente de Somos Barrios de Pie (*)