Opinión: Eduardo Duhalde y sus declaraciones golpistas

Por Claudio Morell (*) Eduardo Duhalde volvió a la carga con lo que mejor sabe hacer: llamar a la desestabilización de los gobiernos democráticos. Sin embargo, quedó en evidencia que políticamente está obsoleto, al recibir el rechazo de figuras del oficialismo, de algunos dirigentes de la oposición, de organizaciones de derechos humanos y hasta de las fuerzas militares, luego de las últimas declaraciones públicas golpistas y de otras similares que hizo el año pasado sobre las que debió retractarse y pedir disculpas argumentando, en pocas palabras, que no está del todo en sus cabales.

 

En agosto de 2020, el exgobernador bonaerense sostuvo que “es ridículo” pensar que este año habrá elecciones y sugirió que, por el contrario, la presidencia de Alberto Fernández es “la más compleja de las presidencias”, que “se va a generar un clima peor al ‘que se vayan todos’” de 2001 y que “puede terminar en una especie de guerra civil”. Y días atrás, afirmó que el Primer Mandatario y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner son de izquierda y que, por esa razón, él va “a tratar por todos los medios que este gobierno no pueda seguir gobernando porque no tiene capacidad para hacerlo”.

 

En sintonía, la exministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, presagió en septiembre de 2020 que el gobierno de Alberto dejaría el poder en 2021 y que los referentes del PRO serían elegidos para gobernar, mientras que Macri, en plena pandemia, convocaba a la gente a las calles en nombre de la República y las libertades. Todos cortados por la misma tijera.

 

En tanto que con las últimas declaraciones públicas, más el archivo político que lo identifica, ya no hay aclaraciones ni retractaciones que valgan para Duhalde. La historia lo condena: fue gobernador durante el menemato, el creador de la “maldita policía” y sus represiones feroces a la juventud, el autor intelectual de los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, y como era de esperar, le dio su apoyo a Mauricio Macri en la candidatura que luego lo convirtió en uno de los peores presidentes de la Argentina, dejando como saldo el endeudamiento de nuestro país a cien años y un pueblo empobrecido y reprimido.

 

En los noventa, creó la Secretaría de Seguridad, y con agentes que cumplieron órdenes durante la dictadura militar y nuevos reclutas, se fortalecieron “la maldita policía” y la mano dura: ejemplos de ese control que ejercía sobre la Policía derivó en las zonas liberadas, la tortura y desaparición del periodista Miguel Bru en 1993, el secuestro y asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas en 1997, donde participaron un comisario y efectivos por orden del empresario Alfredo Yabrán, entre otros hechos de corrupción, tortura, desaparición y muerte. Y como presidente interino, fue responsable directo de la masacre en Puente Pueyrredón en 2002.

 

Como militantes y referentes del Frente de Todos, no podemos permitir que quienes aborrecen a los gobiernos elegidos democráticamente y se tientan con la posibilidad de un proceso destituyente deambulen con total impunidad por los medios de comunicación destilando odio y provocando miedo al evocar las épocas más oscuras de la Argentina, cuando dominaba el terror.

 

Las advertencias de Duhalde, Bullrich y Macri son peligrosas y repudiables, pero ya los argentinos y las argentinas hemos aprendido mucho sobre las consecuencias de nuestra historia reciente y reivindicamos la memoria.

 

Por lo pronto, sería bueno que Duhalde comprenda que su tiempo en la política ya caducó, que será recordado como una de las figuras más nefastas de la Argentina. Sería bueno también que, en lugar de adjudicar sus dichos a pequeños problemas psicóticos como efecto de la pandemia -tal como lo hizo hace un año-, deje de hacer el ridículo, no olvide tomar la pastilla y se resigne a la decadencia.

 

(*)Subsecretario de Educación Popular del Municipio de Lomas de Zamora y responsable de Unidos y Organizados Provincia de Buenos Aires