Por Nerina Favale  (*) y Triana Obregón (**)

Mirando alrededor, desde y hacia el sur, el perfil del conurbano nos da la oportunidad de pensar sentidos nuevos, redes de ideas que los resignifiquen. Ahí donde algunos pueden ver precariedad, queremos ver oportunidades. Este perfil deja ver cables entrecruzados sin orden y techos coronados por tanques de agua y vigas de construcción, y allí queremos leer más: en las vigas que apuntan al cielo vemos la voluntad y el anhelo de seguir construyendo sobre lo ya construido. Estamos practicando una nueva forma de mirar.

Más allá del perfil conurbano, están sus límites, los márgenes que en cierto ideario se muestran rígidos e infranqueables.

Este límite no sólo se imagina geográfico, sino también ideológico: más allá de este, las prácticas políticas son distintas, en ciertos discursos son lisa y llanamente marginales.

Los recorridos militantes nos demostraron que los márgenes del conurbano son porosos y móviles, que dependen de nuestro punto de vista. ¿Dónde está el límite? ¿En una calle que separa distritos, es el límite de una ciudad, o está ahí donde hay más pasto que casas? ¿Está en el límite de lo que yo conozco? Mirando más al sur las posibilidades son múltiples, las definiciones únicas se escapan y se abre la posibilidad de correr un poco más esos márgenes que pensamos más estrechos a nosotras.

Desde esta mirada queremos pensar nuestra identidad como mujeres feministas y la identidad de nuestras compañeras, de las conurbanas. ¿Quiénes son las conurbanas? Son las manzaneras, las compañeras de las fábricas y frigoríficos que cruzaron el Riachuelo para protagonizar la historia como trabajadoras. Son las compañeras que empezaron a alimentar a les pibes de su barrio, socializando una vez más la maternidad. Son la nueva generación que tomó los patios de los colegios para demostrar que nuestro cuerpo es nuestra decisión. Son les compañeres que se paran en la ruta, noche tras noche, en los márgenes por necesidad y que hoy esa necesidad también es construir su autonomía. Son las mujeres que en las quintas producen el alimento que nadie veía y que exigen la soberanía alimentaria como bandera de sus derechos pero también de todes. Son las estudiantes de las universidades conurbanas que quieren incorporar saberes que sirvan a su comunidad. Son las travas postergadas de todo pero que se abren paso en los espacios negados a fuerza de colores y gritos. Son las militantes, las peronistas, hoy también feministas que no se contentan con la hegemonía de lo masculino para hacer política y buscan el poder para transformarlo todo. Son las miles y miles de mujeres que recorren los distritos judiciales para poner un freno a la violencia machista y se agrupan en redes flexibles y resistentes. Son todas trabajadoras, todas esenciales.

En este espacio queremos contar sus historias. Experiencias feministas conurbanas de ayer y hoy: quiénes fueron las pioneras en zona sur, cómo están construyendo poder las mujeres en la actualidad, quiénes vienen cosechando la soberanía alimentaria, cómo se construyen redes comunitarias para la justicia feminista. Les damos la bienvenida y esperamos que junto a nosotras, construyamos una mirada que nos permita ampliar los márgenes hasta que todes seamos visibles.

 

(*) Dir. de Abordaje Territorial Políticas de Género y Diversidad Sexual del Min. de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual PBA . Referenta Provincial de Mujeres Evita.

 

(**)Equipo de comunicación de Mujeres Evita, militante por el aborto seguro en La Hoguera.