Mató a su hijo en Villa Galicia: “Yo me defendí pero no tendría que haber tenido el arma”

Comenzó el juicio por el crimen de José Vicente Palermo, cometido por su padre, Leonardo Palermo el 6 de abril del año pasado en Villa Galicia, Temperley.  En la modalidad de juicio por jurados, el imputado por “homicidio agravado por el vínculo”, admitió ser el autor del delito pero adjudicó que fue por legítima defensa. El abogado defensor indicó frente a los 12 ciudadanos que decidirán la culpabilidad o no, que el homicidio se dio en el marco de una “circunstancia excepcional de atenuación”. Por su parte, la fiscal a cargo de la causa, Marcela Dimundo, aseguró la culpabilidad del acusado y señaló: “Que su hijo tuviera una enfermedad no lo justifica para que lo mate”.

Se estima que José Vicente, de 35 años, había llegado a la casa de su padre en la mañana del 6 de abril drogado y mantuvo una discusión con Leonardo por su estado. Según la declaración del imputado él estaba durmiendo cuando escuchó “golpes en la puerta y gritos”. “Mi hijo gritaba: ´te voy a incendiar la casa´; yo tenía un arma en la mesita de luz y cuando salgo para ver qué pasaba me tira a la vereda. Nunca vino en ese estado de violencia”, manifestó el acusado.

El primer testigo presentado por la fiscalía fue Juan Riciuti, vecino que vive enfrente de la casa del acusado y que auxilió a la víctima hasta que llegó la ambulancia. Según Riciuti, escuchó cuatro disparos y cuando salió de su casa se encontró al joven “retorciéndose”. Sin saber que era el hijo de su vecino intentó socorrerlo. “Yo vi que tenía el arma pero me concentré en el chico para que no se muera porque tenía una herida en el pecho”, apuntó el testigo. También declaró que cuando llegó la ambulancia, el imputado dijo: “¿Sigue vivo este todavía?”.

El imputado, de 63 años, declaró que “no tendría que haber tenido el arma”, sin embargo la poseía por haber estado “influenciado por los medios”. “Yo me defendí, por ahí tendría que haber dejado que me mate a patadas”, argumentó.

 

“Yo sentí que me iba a matar a patadas como siempre me golpeaba. Él estaba irreconocible de lo drogado que estaba y cuando se me tira encima después de haberme empujado al piso, yo disparo”.

Además relató las discusiones y problemas que tenía por la adicción de su hijo con drogas y alcohol. “Él dejaba el tratamiento y cuando tocaba fondo, volvía. Le pegaba a la madre, le robaba las zapatillas o el celular a su hijo para venderlas por paco pero siempre le brinde todo lo que pude para que mejorara”, indicó el imputado. La víctima de 36 años había acudido en varias ocasiones a una granja de rehabilitación en Cañuelas debido a que su adicción había comenzado hacía 20 años.

El segundo testigo que se presentó fue Walter Terragona, médico psiquiatra y asesor pericial, que entrevistó en dos ocasiones a Palermo. Con respecto al perfil psicológico del imputado declaró que “no padece alteraciones psiquiátricas” y que tiene una personalidad “psicopática y narcisista con la utilización de mecanismo de defensa primitivo”.

Se refirió a que el imputado “puso en juego la justificación de todo lo que hizo” y “planteó su victimización”. Terragona aseguró que lo sorprendió mucho cuando Palermo en una de las entrevistas le dijo: “Todo el mundo se rasga sus vestiduras ahora pero todos lo querían muerto”.

A su vez, otro de los testigos fue Germán Gonzalo Graciano, perito balístico, que atestiguó que el revólver 38 largo que pertenecía a Palermo “no estaba registrada” en la Agencia Nacional de Materiales Controlados, anteriormente RENAR. “Para llevar un arma debe ser registrada y te hacen estudios psicológicos”, afirmó el perito. Según lo periciado por Graciano, las cinco vainas encontradas pertenecen al arma con la que disparó el imputado.

Foto: Ilustrativa