Crimen de Mónica Cruz: “Pidió ayuda y no se la dieron”, la bronca y el dolor de los familiares

“Pidió ayuda y no se la dieron”, dicen Nancy y Rosa Cruz, las hermanas de Mónica, la mujer asesinada por su ex pareja en 2019 en Ezeiza, mientras esperaban para ingresar a la sala de juicios orales en los Tribunales de Lomas de Zamora. Minutos antes, Juan Ramón Silva, con las manos esposadas, la cabeza gacha y un gesto silencioso ingresaba a la Sala II donde se desarrolla el proceso acompañado por dos penitenciarios.

Con lágrimas en los ojos, Rosa relata que días antes estuvo imaginándose el momento que el supuesto asesino esté a centímetros de su familia. El recinto donde se lleva a cabo el juicio por el crimen contra Mónica Cruz consta tan solo de una fila de cinco asientos para la familia.

Mónica tenía 38 años y era madre de cuatro hijos que hoy tienen 10, 12, 18 y 24 años. Los menores son hijos de Silva. La mujer estaba cansada del maltrato que recibía por parte de su pareja y un día decidió ponerle fin a la relación de 11 años. Sus hermanas narran que no fue una decisión fácil, ya que, tenía que criar a sus hijos sola, pero que estaba convencida de que iba a salir adelante. Apenas se separó retomó sus estudios y se dedicó a la venta de productos de limpieza y también de ropa en ferias americanas. “Él no la quería ayudar. Si le daba dinero era a cambio de sexo. Nunca pensó en sus hijos”, dice Rosa, en diálogo con DiarioConurbano.com.

Al mismo tiempo, explica: “Tenía varias denuncias y había contratado una abogada para que se encargara de la cuota alimentaria de sus hijos, pero esta mujer nunca hizo nada. Mi hermana se podía haber salvado si la justicia y esta abogada hacían su trabajo como corresponde. Mónica hizo todo lo que tenía que hacer. Pidió ayuda, pero no la escucharon”.

Mónica tenía por lo menos tres denuncias registradas. La última tuvo lugar semanas antes de su desaparición cuando solicitó un botón antipánico. Sin embargo, nunca fue entregado, por eso la indignación de los familiares que consideran que “el crimen se podría haber evitado”.

Cuando la víctima se separó del ahora imputado retomó sus estudios. “Cuando estaban juntos, a él le molestaba que ella estudiara, le decía que no iba a poder”, recuerda Rosa y agrega: “Apenas se separó empezaron los hostigamientos. Mónica le tenía mucho miedo. Andaba con un cuchillo en la cartera. La familia de Silva también la había amenazado porque lo veían perdido a él (a Silva) porque ella no quería volver”.

La mujer era muy querida en el barrio San Andrés de Tristán Suárez, partido de Ezeiza, donde vivía con sus hijos. Por eso, apenas se supo de la desaparición todos sus conocidos se movilizaron y fue durante esas marchas que se enteraron del crimen ocurrido el 14 de abril de 2019.

Tras la aparición del cuerpo envuelto en una frazada en un descampado de Cañuelas, efectivos policiales procedieron con la detención de su pareja, quien admitió haber cometido el terrible delito  en Ezeiza. “La maté con una soga y tiré el cuerpo”, fueron sus palabras.

“Ella hablaba más con Silvia (otra de las hermanas). A ella le contaba más cosas. Nosotras nos fuimos enterando de muchas cosas luego de su muerte”, cuenta Nancy.

Para la familia de Mónica, el hombre “planeó” el homicidio y utilizó como cuartada que estaba en horario laboral el día que ocurrió el hecho. Era empleado ferroviario. “El día que se iba a encontrar con él, ella dejó el celular en su casa y gracias a eso pudieron ver los mensajes que él le había enviado horas antes. Creemos que ella dejó el celular porque él le revisaba todo, siempre fue así”, afirma Rosa.

Fuentes cercanas a la investigación señalan que se cree que el hombre tenía “todo planificado”. “Creemos que quería matarla y fugarse con sus hijos. Había sacado un crédito días antes del hecho y esos días le tocaba estar con los chicos. Creemos que se quiso fugar con los chicos, pero no hizo a tiempo”, asegura.