Grindetti DiaLealtadPanorama. El peronismo y su rol de oposición suele ser una foto extraña, en especial en tierras del sur del Conurbano Bonaerense. Por caso, Lanús tendrá su primer desafío con un gobierno no peronista, en manos de Néstor Grindetti, y con todo el justicialismo en ebullición como contrapeso en el Concejo Deliberante. Ese hervidero también se verá más allá de los límites institucionales del Estado municipal porque las diezmadas figuras de los dos principales referentes del PJ local, Darío Díaz Pérez y Julián Álvarez, mantienen aún una estratégica distancia prudencial.

El derrotado candidato a intendente enfrenta por estas horas un rechazo judicial a su designación dentro de la Auditoría General de la Nación debido a que un juez Contencioso Administrativo suspendió la asunción en el cargo por el que fue nombrado con acuerdo del Congreso. Esa polémica situación lo tiene preocupado, mientras en Lanús el peronismo busca cobijarse en una figura que ordene la derrota. Su corta edad y los escasos votos que lo separaron de la Intendencia le prometen mantenerse en la taquilla política.

Sin embargo, se sabe que el peronismo no sólo se maneja por la buena cantidad de votos que haya obtenido un candidato derrotado en las urnas. Su nacimiento a través de la agrupación kirchnerista La Cámpora le genera resistencia entre los tradicionales dirigentes justicialistas. Para colmo de los males que aquejan a Álvarez, el PJ de Lanús lo conduce el intendente saliente y electo senador provincial Díaz Pérez. Su permanencia dentro del debate partidario dependerá nuevamente de un acuerdo de convivencia, ahora sin preferencias del poder central, que ya no recaerá en la Casa Rosada.

Díaz Pérez también es un kirchnerista de paladar negro. Aunque durante sus dos mandatos al frente del municipio, tejió acuerdos tanto con espacios plurales que integraron el FpV pero sin descuidar la estructura madre del PJ. Supo manejar el HCD local con una amplia gama de divergencias internas. Nadie surgió como alternativa de poder partidario.

Sin embargo, habrá sectores que tendrán roles preponderantes dentro del nuevo escenario distrital. El Movimiento Evita, que lidera en el plano local la concejala Mabel Gagino, supo mantener una distancia crítica de ambos referentes luego de denunciar un boicot interno por las aspiraciones personales de ambos candidatos. Aunque también están presentes las figuras que siempre supieron terciar en la vida interna del PJ, como Omar López, un sciolista que deberá reponerse de la derrota del gobernador bonaerense.

Aún no se conocieron las pretensiones de un eventual retorno de Noelia Quindimil, sobrina del histórico intendente y referente del peronismo lanusense Manuel Quindimil, quien se bajó del barco que conducía Sergio Massa antes de las elecciones primarias, y evitó respaldar al kirchnerismo pero también al opositor Cambiemos para no ser tratada como una "traidora" a los principios del peronismo.

En el medio de este movimiento sísmico, Néstor Grindetti deberá hacerse cargo de todos los problemas que denunció que tiene la comuna, y que le permitieron doblegar al kirchnerismo en las urnas. Tendrá respaldo de las tres administraciones que necesita Lanús para desarrollar un plan integral de crecimiento: la Nación, gran caja económica y dadora de recursos sensibles para los municipios (obras públicas, planes sociales, administración nacional descentralizada); la Provincia (auxilio económico directo a los municipios, además de otros servicios); y la Ciudad (con quien deberá coordinar una planificación integral, como prometió el PRO en campaña).

Si bien parece tener el camino allanado, enfrentará desafíos inéditos. Por un lado, su conformación interna, con antecedentes que generaron luces amarillas -no de globos de Cambiemos sino de alerta- como la ida de un concejal de su lista en plena campaña y posterior su retorno luego de la victoria. Si bien muchos quisieron “ajusticiarlo por la traición”, el flamante jefe comunal sabe que se trata de un torneo largo, en donde deberá contar con un plantel amplio, si sirve como metáfora trazar una línea de comparación con la jerga futbolística.

Hincha de Independiente, Grindetti sin embargo quiere estar lejos del infierno que podría convertirse su gestión con un peronismo en llamas, con fuerte poder de fuego, y gran presencia en el hervidero que pormete convertirse el Concejo Deliberante. Gobernabilidad será la palabra santa que utilizará para evitar que una oposición frenética se le plante enfrente.

Allí reside el núcleo de los nuevos tiempos. El reordenamiento de las piezas dentro del peronismo, que lo erija como contrapeso de poder dentro de los límites institucionales, será un eje del rodaje. El reparto del poder de Gobierno entre los aliados que necesitó Cambiemos para llegar al Gobierno será otra rueda de circulación. Las estrategias comenzaron aún sin haber llegado el día del recambio. Todo un futuro para Lanús.

   
   
   
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