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 Anahi Marcha Congreso Femicidio“Anahí es arte y el arte no muere”, decía una pancarta en la marcha que organizaron los amigos, amigas, compañeros y compañeras del ENAM, familiares y organizaciones sociales y políticas para exigir justicia por Anahí Benítez. Esa frase me quedó resonando desde el primer minuto que la leí e inmediatamente reafirmé que está muerto aquél que se olvida. Son frases que uno construye y reafirma para consolar y calmar la bronca e indignación de la realidad factible que se abre ante nosotros de que una vez más mataron a una piba.

Hoy la foto de Anahí, su sonrisa y su mirada, forman parte de una bandera que lleva la inscripción #Niunamenos, en la cual, también está el rostro de Micaela y de Araceli como así también de Nadia que aún la seguimos buscando. Y de cientos de pibas que no volvieron a sus hogares.

Fueron casi siete días de búsqueda. El sábado 29 de julio Anahí le dijo a su mamá que iba a dar una vuelta pero que volvía enseguida. Ella le pidió que no saliera porque era tarde y nunca regresó. El viernes 4 de agosto, al mediodía, se conocía la noticia de que se había encontrado un cuerpo de una mujer semienterrado en la reserva natural Santa Catalina cerca de la casa de Anahí. Los rumores de que ese cuerpo bajo tierra, otra vez de una mujer, era de Anahí comenzaron a resonar. A las 19 de ese día se confirmó lo peor y la bronca inundó las redes sociales y la marcha programada para el día siguiente en el Congreso tomaba más fuerza.

Una vez más, el patriarcado se cobró su nueva víctima. Una vez más el Estado cómplice y las fuerzas de seguridad ineficientes. ¿Por qué?

Porque Anahí desapareció un sábado a la tarde y al día siguiente sus amigos y familia se encargó de viralizar su foto por cada red social. Los medios locales nos hicimos eco de su desaparición. El lunes ya estaba convocada la primera marcha en la puerta de la Escuela Normal Antonio Mentruit y por la noche la mancha de antorchas junto a sus profesores, vecinos y familiares.

La noticia llegó a los medios nacionales y para el miércoles 2 de agosto el gobierno Provincial ofrecía una recompensa de 500 mil pesos para quien brinde información concreta y fehaciente y al mismo tiempo ya se convocaba una marcha pidiendo la aparición de Anahí a Congreso.

El tema estaba instalado mediáticamente. Las calles de Lomas y de municipios aledaños estaban empapeladas con la foto de Ana pero no se la encontró viva porque a partir del jueves a la noche y del viernes a la mañana la Policía de todos los colores la comenzó a buscar pero muerta.

Anahí desapareció cerca de las inmediaciones del Parque Eva Perón de Lomas de Zamora. La Policía dijo que buscó por los alrededores y que los perros sabuesos llegaban hasta una parada de colectivo y que suponían que un auto se la había llevado. ¿Nunca se les cayó la idea de inspeccionar en las inmediaciones de la reserva Santa Catalina? Parece que no. Muchos menos se les ocurrió vigilar el bosque ya que estaba a pocas cuadras de la casa de Anahí. Los cientos de efectivos que dispuso la Provincia junto con la Policía Local ¿Dónde buscaron? Porque Anahí, según la autopsia, había muerto 24 horas antes de ser encontrada, es decir, que estuvo cuatro días en cautiverio.

O será que el discurso de que “capaz se fue con un pibe” o “es una travesura de chicos, ya va volver” hizo que la investigación y la búsqueda no se tomara en serio hasta que se percataron que el caso estaba totalmente mediatizado y tenía en vilo al Conurbano (‘la zona caliente’ como le gusta definir al ministro de Seguridad, Cristian Ritondo).

¿Por qué los investigadores se centraron en el círculo íntimo de Anahí y en su historia familiar? ¿Por tener un padre que estuvo preso? ¿Por qué realizaron alrededor de 30 allanamientos una vez que se aseguraron que estaba muerta? ¿Por qué decidieron revisar la habitación de Anahí en busca de pistas el jueves cuando el domingo ya estaba erradicada la denuncia por desaparición? ¿Por qué no le prestaron atención a las declaraciones de sus compañeros de clase?

Cada pregunta da la certeza de que no se investigó con prioridad ni con premura. A las pocas horas de confirmada la noticia de que el cuerpo semienterrado en Santa Catalina era de Anahí, la Policía detuvo a su maestro de matemática Leonardo Agostino.

“Si nos hubieran escuchado, la habrían encontrado viva”, decía una compañera de Anahí en la marcha de Congreso pero la Policía no escuchó y los investigadores tampoco porque la buscaron muerta, buscaban un cuerpo y lo encontraron, semienterrado.

Pero las fuerzas policiales no son las únicas responsables. Existe un responsable mayor y cómplice de la muerte de cada piba y es el Estado (nacional, provincial y municipal). La consigna #Niunamenos queda vacía y solo se transforma en una frase hecha si no se acompaña con decisiones políticas y de Estado que lleven a cabo acciones que garantices la prevención para evitar femicidios.

De nada sirve enojarse si las mujeres no nos empoderamos y le exigimos a nuestros representantes político que tomen la bandera de la lucha contra el patriarcado y la conviertan en una realidad efectiva con medidas de gobierno que tengan perspectivas de género y dejen de destinar un presupuesto paupérrimo para atender los casos de violencia de género que no llegan ni a los 5 pesos por mujer.

A mitad de este año, el Gobierno nacional redujo por decretó casi 700 mil pesos originalmente destinados al programa de Formulación e Implementación de Políticas Públicas de la Mujer y fueron reasignados a diversos gastos de las fuerzas de seguridad. Las mismas que fueron incapaces de encontrar Anahí con vida.

De acuerdo al Presupuesto 2017, este programa que es el número 17 tiene como unidad ejecutora al Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales y funciona a través del Consejo Nacional de las Mujeres (CNM).

 Según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, durante el año 2016 murieron un 8 por ciento más de mujeres que en el 2015. Se registraron 254 víctimas, de las cuales 60 habían presentado denuncias previamente y al día de hoy sólo un 9 por ciento ha recibido una sentencia condenatoria. El mayor número de casos se registró en la provincia de Buenos Aires.

El año 2017 muestra un panorama que empeoró: según las estadísticas difundidas por la agrupación Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), una mujer fue víctima de femicidio cada 26 horas en lo que va del año, sumando la preocupante cifra de 167 asesinatos en la primera mitad del 2017. En la mayoría de los casos, los asesinos pertenecían al círculo íntimo de las víctimas (parejas, ex-parejas o conocidos), mientras que sólo un 5 por ciento eran desconocidos. Y no nos olvidemos de que en abril mataron a una mujer cada 18 horas.

A principio de año, ciento de mujeres de una veintena de movimientos populares, sociales y políticos, le reclamaron a la gobernadora María Eugenia Vidal que declare la Emergencia Social en materia de violencia hacia las mujeres.

También exigieron un presupuesto que sea acorde a la problemática que vive Buenos Aires respecto a la violencia machista y que permita la ejecución de políticas públicas integrales en materia de derechos humanos de acuerdo a lo previsto en la Ley 26.485 de prevención; pidieron la creación de un organismo de sistematización estadístico que releve los femicidios y las denuncias de violencia contra las mujeres y supervise la aplicación de políticas públicas y reclamaron la formación de 30.000 promotoras en prevención de violencia y promoción de derechos de las mujeres.

Pero la respuesta de la Gobernación a todos los reclamos de las mujeres fue el anuncio del Plan Integral de Género que cuenta con un bajo presupuesto y que no da respuesta a las principales exigencias. Todavía siguen esperando su aplicación total.

A pesar de que la pelea contra el patriarcado se visibilizó en cada marcha del 8 de marzo, en cada movilización que se realiza cuando encuentran el cuerpo de una piba enterrado en un descampado, en una bolsa de basura o a orillas de un arroyo, eso no se traduce en políticas de Estado porque los Gobiernos no se toman en serio la pelea. En muchos municipios existe la Dirección de Género pero no una Secretaria para que cuente con un presupuesto propio.

En Lomas de Zamora, se sancionó en junio la creación del Observatorio de Violencia de Género pero tardaron 18 meses en hacerlo. Las referentes barriales de San José, Llavallol, Budge denuncian que varias veces llamaron a la línea 144 y no tuvieron respuestas, cuestionan que en el distrito sólo exista un refugio para víctimas de violencia de género que es el Fátima Catán que se encuentra en Recondo y Camino Negro pero al cuál muchas mujeres no pueden llegar. También critican que la Coordinación de Género esté emplazada en el centro lomense y que no alcanza el personal del área para el millón de habitantes que llega a tener el distrito.

Seguimos denunciando, criticando, exigiendo, reclamando y del otro lado los tiempos de la política, de la gestión y de la Justicia provocan que cada 18 horas muera una mujer por ser mujer.

¿Qué más vamos a esperar?

 

* Redactora de DiarioConurbano.com y estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora

   
   
   
   
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