Temperley, el que resurgió de las cenizas

El ‘Celeste’ volvió a Primera División tras 27 años en los que debió levantarse de las malas de la mano de su gente más de una vez para disfrutar con mayor intensidad un momento histórico.

Temperley es una fiesta. El retorno a la máxima categoría del fútbol argentino dejó de ser un sueño para convertirse en una realidad inobjetable, que es acompañada por un pasaje más que positivo desde lo institucional y social.

Sin embargo, en el medio de aquel desempate con Platense, que decretó la despedida de Primera en 1987,  y el juego con All boys hubo casi tres décadas donde ni los golpes más duros pudieron tirar al club de la zona Sur del Conurbano Bonaerense.

Los años en el fútbol grande dejaron momentos añorados, como la mejor campaña de la historia en Torneo Nacional 1983, pero también muchos platos rotos que pagar con una institución en aprietos.

En esas condiciones, un nuevo golpe no tardó en llegar con el descenso a la tercera categoría en 1989 y el uno-dos del decreto de la quiebra por parte de juez en lo Civil y Comercial de Lomas de Zamora José María Durañona en agosto de ese mismo año, que llevó al cierre de las instalaciones en 1991.

El plantel completo liberado, los juveniles (entre los que se encontraban Julio Cruz, Mauro Navas y Mariano Campodónico) en la misma condición, las actividades sociales suspendidas, una faja de clausura sobre 9 de Julio 360 y un club deteriorándose día a día en medio de amenazas de remate.

El panorama era desolador, pero si bien la pasión no podía liberarse en una cancha, sí lo hizo en el cariño por los colores y la resistencia a dejar morir al ‘Celeste´. Marchas, eventos para recaudar fondos, gestiones, presentaciones judiciales para evitar la venta de las propiedades a menos de 24 horas de efectuarse la transacción y la perseverancia lograron la apertura de las puertas dos años más tarde, augurando que Temperley podría estar de rodillas, pero nunca vencido.

Con la Comisión de Apoyo a la cabeza, la recuperación se dio paulatinamente y con mucho esfuerzo: La biblioteca, el restaurante para realizar espectáculos, los torneos de fútbol organizados para juntar dinero y así cada paso, pero todavía quedaba volver a ver al ‘Gasolero’ en el Alfredo Beranger.

En 1993 el panorama no parecía favorable al equipo de la zona Sur del GBA, ya que si bien la AFA había accedido a incluir al ‘Cele’ en la Primera C –categoría a la que se lo hizo descender injustamente por decreto-, en el ámbito judicial le prohibían la participación. No obstante, la feria judicial cambió la historia y, con un campeonato ya iniciado, el club fue habilitado bajo la solicitud de una cuantiosa garantía.

Allí aparecieron cinco familias de locos (Ahuali, Colás, Romano, Pecorelli y Allende) pero locos de amor por Temperley, que colocaron como aval sus casas para que la pelota ruede otra vez.

Aquel 24 de julio la pasión fue liberada con un mar de hinchas (El 'Gasolero' fue record en recaudación y público en la División) que volvió a ver los colores de su corazón y desató su euforia con el gol de Walter Céspedes que marcó el 1 a 0 final sobre Tristán Suarez.

En 1995 la C quedó atrás con el ascenso a la Primera B Metropolitana y la reestructuración de la B Nacional le permitió tener una fugaz aventura en la temporada 1996/1997, con magros resultados. En el plano institucional, la presidencia de Edith Pecorelli (primera mujer al mando de un club de AFA) fue el motor para reactivar definitivamente la institución.

Ya en 1999  y pese a problemas económicos, el ‘Gasolero’ regresó otra vez a la segunda División con una gran campaña del equipo conducido por Héctor Ostúa, donde destacaron Daniel Bazán Vera, Diego Katip, Fabián Orellan y Guillermo De Lucca, entre otros.

La experiencia duró sólo una campaña y el camino de 14 años en la B Metro se inició: Malos desempeños como denominador general más allá de algún buen año donde el título quedó cerca, sumado a una descomposición dirigencial  en los años previos desembocaron en un 2012 –año del centenario-al  límite del abismo con la cuarta categoría y una nueva quiebra incipiente.

Sin embargo, nuevamente aparecieron los hinchas para levantar del nuevo a Temperley. A fuerza de manifestaciones y reclamos, el entonces presidente Mauro Morrone renunció a su cargo en medio de un escándalo que tomó repercusión nacional con una cámara oculta a su padre, Antonio, donde eran revelados hechos de corrupción y un modus operandi violento con tintes mafiosos para amedrentar opositores.

De esa manera, el frente Unidos por Temperley tomó las riendas del club encabezado por el presidente Hernán Lewin, pero con un inmenso grupo de colaboradores y dirigentes que consiguieron levantar una vez más al ‘Gasolero’ y depositarlo en un presente donde crecen los socios, las actividades, la infraestructura y el saneamiento económico asoma en el horizonte es una realidad.

La vuelta a Primera es el premio perfecto para una institución que entendió que no sólo  la pasión no quiebra, sino que es el motor para crecer.